Amén
junto al Niño que descansa en tus brazos,
consuélanos en la aflicción,
fortalécenos en la tentación.
Haznos crecer en la fe, en la esperanza,
y en el amor a Dios y a los hermanos.
Conserva en nuestro interior
la alegría de ser hijos de la Iglesia.
Impúlsanos para que seamos
entusiastas evangelizadores del Reino.
Y que tu bendición nos acompañe, Madre
hasta ver la hermosura de Dios en el Cielo.
Amén
para con ellos mirar,
porque si con ellos miro
nunca volveré a pecar.
Préstame, Madre, tus labios
para con ellos rezar
porque si con ellos rezo
Jesús me podrá escuchar.
Préstame, Madre, tu lengua
para poder comulgar,
pues tu lengua es patena
de amor y santidad.
Préstame, Madre, tus brazos
para poder trabajar
y, así, rendirá el trabajo
una y mil veces más.
Préstame, Madre, tu manto
para cubrir mi maldad,
pues cubierto con tu manto
al cielo he de llegar.
Préstame, Madre, a tu Hijo
para poderlo yo amar;
si Tú me das a Jesús,
¿qué más puedo desear?
Y esa será mi dicha
por toda la eternidad. Amén.
"El Señor te bendiga y te guarde;
Señora de la Pascua.
Señora del Viernes y del Domingo,
Señora de la noche y la mañana,
Señora del silencio y de la cruz,
Señora, queremos decirte muchas gracias,
Muchas gracias Señora por tu Fíat,
por tu completa disponibilidad de Esclava,
por tu pobreza y tu silencio,
por el gozo de tus siete espadas,
por el dolor de todas tus partidas,
que fueron dando la paz a tantas almas.
Señora, muchas gracias, por haberte quedado con nosotros.
Amén
Oh María, bendecida en todo
tiempo y obra de arte que rinde
alabanza a su experto artífice.
Oh amable doncella que has
recibido el egregio mensaje angélico,
tú posees unos dones de belleza
que sobrepasan los de cualquier
otra persona. Eres la más hermosa
de las rosas y tu candor es muy
superior al de los lirios.
que el cielo cultiva desde lo alto.
Cristal, ámbar, oro, púrpura, esmeralda,
cándida perla, allí adonde llega el
resplandor de tu hermosura quedan
envilecidos los más preciosos metales.
La nieve es vencida por tu blancura
inmaculada, el sol sobrepujado por
la hermosura de tu cabellera; sus rayos,
Oh Virgen, palidecen frente a tu belleza;
el brillo del rubí se apaga y el resplandor
del lucero del alba queda oscurecido ante
ti que en todo momento aventajas a los
astros del firmamento.
Amén
temblor de vientecillo en la enramada,
como el brotar de un agua sosegada
o al fundirse de la nieve,
debió ser, tan dulce, tu sonrisa,
OH, Virgen Santa, Pura, Inmaculada,
al sentir en tu entraña la llegada
del Niño Dios como una tibia brisa.
Debió ser tu sonrisa tan gozosa,
tan tierna y tan feliz como es el ala
en el aire del alba perezosa,
igual que el río que hacia el mar resbala,
como el breve misterio de la rosa
que, como aroma, toda el alma exhala.
Amén.
Tú has permanecido con firmeza de pie
junto a la Cruz para participar, con
todo tu maternal cariño, en los tormentos
y suplicios de tu Hijo.
Madre de Dios,
Reina del Cielo,
Señora del mundo,
Júbilo de los santos,
Consuelo de los pecadores!
Atiende los gemidos de los arrepentidos;
calma los deseo de los devotos;
Mírame a los ojos cuando reces, seré tu guía.
Reza con el corazón y derrocharás amor.
Reza pensando en Mí y transmitirás
sentimientos de paz y de alegría.
tú vives perdida y encontrada
en el mar sin fondo del Misterio del Señor.
Eres disponibilidad y receptividad.
Eres fecundidad y plenitud"
Haznos comprender que el Silencio
no es desinterés por los hermanos
sino fuente de energía e irradiación;
no es repliegue sino despliegue;
y que, para derramar riquezas,
es necesario acumularlas.
El mundo se ahoga en el mar de la dispersión,
y no es posible amar a los hermanos
con un corazón disperso.
Haznos comprender que el apostolado,
sin silencio es alienación;
y que el silencio sin apostolado es comodidad. (Amén)".
Cf. Pbro. Ignacio Larrañaga, El Silencio de María, 19782 (P.250).
Todo en ti es 'si': Tu eres la Inmaculada,
eres transparencia y plenitud de la gracia.
Aquí estamos, pues, tus hijos, para buscar
amparo bajo tu materna protección e implorar
confiados tu intercesión ante los desafíos ocultos del futuro"
comenzando por los más débiles: a los niños que aún no han visto la luz y a los que han nacido en medio de la pobreza y el sufrimiento;
a los adolescentes rebeldes;
a los jóvenes en busca de sentido,
a las personas adultas que no tienen empleo
y a las que padecen hambre, olvido, violencia y enfermedad.
Te encomendamos a las familias rotas,
a los ancianos, venerables y patriarcas que carecen de asistencia
y a cuantos están solos y sin esperanza.
Abre nuestros corazones a la justicia y al amor,
y guíanos hacia una comprensión
recíproca y hacia un firme deseo de paz. Amén. "
( Cf. Oración de Juan Pablo II - Adaptación para nuestro Continente de la Esperanza )
como a la fuente viva que refrigera, como a la
llama que calienta, como a la aurora que
disipa las tinieblas, como a la Madre siempre
atenta a las necesidades de sus hijos.
Hay horas en que el camino de nuestra vida
es duro. No es fácil andar siempre con paso
igual en el sendero del deber. Hay días en los
que todo es carga y achaques de salud."
haces todo fácil.
Y sin embargo, no quitas el sacrificio de
nuestros caminos,´como Dios tampoco lo
quitó del tuyo, pero facilitas el esfuerzo
haciendo que crezca el amor. El amor, siempre
vencedor en ti, te hizo decir en el umbral de tu
destino: 'Hagase en mí según tu palabra'. Esta
palabra de adhesión al amor que te guiaba,
jamás la retiraste. ¡Oh María!, que tu templo
sea nuestra fuerza. Amén".
ayuda a tus hijos en las pruebas cotidianas
que la vida reserva a cada uno y haz que,
por el esfuerzo de todos, las tinieblas no
prevalezcan sobre la luz."
nuestro camino en el nuevo Milenio,
para que, bajo tu guía, todos los hombres
descubran a Cristo, luz del Mundo y único
Salvador, que reina con el Padre y
Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén".
( Cf. Oración de Juan Pablo II, El Grande )
Que como Mamá de Dios fuiste escogida
Llévame por tu amino de amor y alegría.
Ayúdame a cargar con mi cruz
Para ser agradable a mi Jesús.
Ayúdame a ser santa y a encontrar la luz.
Ayúdame a llegar al cielo, y así con mi voz
Glorificar a Dios.
Como un sol llegaste a mi vida
Para iluminar la oscuridad de mi alma
Y cambiar la preocupación por calma.
Tu corazón, tu corazón, tu corazón.
Dame tu corazón para amar al Señor
Pues en él, Dios se regocijará con amor.
Por la humanidad, te pido perdón
Por mis ofensas, te pido perdón
Por la incredulidad de la gente, te pido perdón
Pues sufres junto a Dios.
¡Eres la luz que ilumina mi camino,
Eres la única salida de este mundo perdido!.
Que del Sol estáis vestida,
Da la luna al pie servida,
Y de estrellas coronada!
Pues sois Hija regalada
Del Padre que así os levanta,
Ángeles y hombres unidos
Canten: Santa, Santa, Santa"
Vista la mas bella y pura
De lo posible en el caos:
Vuestra protección veloz, ya que á todos se adelanta,
Ángeles y hombres unidos
Canten: Santa, Santa, Santa.
Fuiste electa de Dios Padre
Como Hija la muy amada,
Y en todo privilegiada,
Para su Hijo digna Madre:
Con voz sonora que cuadre,
Á tanto honor, dicha tanta,
Ángeles y hombres unidos
Canten: Santa, Santa, Santa.
Fué tu noble redención
¡Oh María! muy especial,
Pues de culpa original
Lograste preservación;
Por tan insigne exención,
Que hechiza á todos y encanta,
Ángeles y hombres unidos
Canten: Santa, Santa, Santa.
El ser tú de Dios fecunda
Y Madre cierta del Hijo,
Grandeza es, que á punto fijo
Todas sus grandezas funda:
Mas pues de ellas te redunda
Gloria que admira y encanta
Ángeles y hombres unidos
Canten: Santa, Santa, Santa.
Tu insigne virginidad
Aun después del parto entera
La primera alzó bandera
Consagrada á la Deidad:
A tal magnanimidad
Y á gracia y pureza tanta
Ángeles y hombres unidos
Canten; Santa, Santa, Santa.
Por su Templo y por Esposa
Del Santo Espíritu electa,
Te formó la más perfecta,
Y sobre todas hermosa:
Si en tu corazón reposa,
Y encuentra delicia tanta,
Ángeles y hombres unidos
Canten: Santa, Santa, Santa.
Colmo eres de tal virtud,
Dotada de todo bien,
Que á hombres y ángeles también
Excede tu plenitud:
Laureando á esta magnitud, Y á esta dicha sacrosanta
Ángeles y hombres unidos
Canten: Santa, Santa, Santa.
Fuiste libre y siempre exenta
De toda culpa, aun venial,
Y hasta de la raíz fatal
Que su origen la fomenta:
Pues al demonio atormenta
Esta gracia, y lo quebranta.
Ángeles y hombres unidos
Canten: Santa,Santa, Santa.
Refugio eres y abogada,
¡Oh Madre! de pecadores,
Por éso nuestros clamores
Consuelas tú, Madre amada:
Nuestra súplica angustiada
Llegue siempre hasta tu planta,
Ángeles y hombres unidos
Canten: Santa, Santa, Santa.
A María que adelanta,
En gracia á los escogidos,
Ángeles y hombres unidos
Canten: Santa, Santa, Santa".
Cfr., Rvdo. Pbro. Antonio Donadoní, S.J.
Rosa de Jericó, Blanca Paloma,
Lirio entre zarzas, cáliz de ambrosía,
Nítida estrella que ante el Sol asoma.
Vaso de devoción, huerto de flores,
Templo inmortal do el Verbo halló morada
Esposa del amor de los amores,
Virgen eternamente Inmaculada."
Porque de Luz y gracia eres tesoro,
Ruégote, ¡Oh Pura! Madre de Dios-Hombre,
Que como el fuego purifica el Oro.
Tú de Jerusalén orgullo y gloria,
Tú, gozo y dicha de Israel amante,
tú, honor de nuestro pueblo en tu victoria,
Tras Eva pecadora, Eva triunfante.
Un rayo de tu Amor que claro brilla
Y a Dios, su santidad, bendito debe,
Me deje el alma libre de mancilla,
Más pura, más que el lampo de la nieve".
Cf. Cayo Aél.
alzas el rostro a la cerúlea esfera,
el júbilo a ostentar de tu victoria,
si el virgíneo pudor lo consintiera;
triunfa, ¡Oh invicta! y muestre tu gobierno
en el Cielo, en la Tierra, en el infierno,
la omnipotencia que rogando impera".
Cf. Belisario Peña, Poeta Místico y Teólogo Católico.
y de todo desgraciado,
tú a quien Dios en ti humanado,
ama con filial cariño.
Tú que ablandas con un guiño
de la justicia el rigor,
pues que toda eres amor,
a ti, oh Madre, pido y clamo
que implores para los que amo
la protección del Señor".
Cf. Rafael Pombo, Cartilla Ilustrada, Décima a la Virgen María.
Con el alba se alegra el marinero,
Cuando ve que cesa el viento fiero
De la mar encrespada y procelosa."
Se goza, ya que Dios, antes severo,
Quiera nacer de Vos, claro lucero,
Como nace la luz del Alba hermosa.
Pues alba sois que a todos dais contento,
De todos recibid la bienvenida precursora del Sol del firmamento.
Estrella sois del Mar, recién nacida:
Haced pues, amansar el crudo viento,
Y que nos lleve al Puerto de la Vida".
Cf. Fray Arcángel de Alarcón.
a imagen de la vida que había muerto,
vióse en el polvo del sepulcro hundida;
mas, presto de él salió. Como en el huerto
yase el lirio, del Sol a la Caída,
y a la aurora está erguido y entreabierto,
tal de la Virgen la mortal historia:
durmió en Sión y despertó en la gloria".
Cf. Mons. Rafael Celedón, Obispo de Santa Marta, Poeta místico, Filólogo y Matemático.
por un frágil juguete, por la miel de un cariño,
le promete a la Madre que se torna mejor.
Así yo me enmendara, lo mismo que un chicuelo,
si tú me regalaras un pedazo de Cielo,
una gota de gracia y un mendrugo de Amor".
Cf., Aurelio Martínez Mutis, Poeta Mariano.
Que el resplandor nos vela que tu semblante da,
Y tiéndenos María, tu maternal mirada,
Donde la paz, la vida y el paraíso está."
Tú flor del Paraíso y de los astros de luz,
Escudo sé y amparo de la mortal flaqueza
Por la Divina sangre del que murió en la Cruz.
Tú eres Oh Madre un faro de esperanza
Que brilla de la vida junto al revuelto Mar,
Y hacia tu luz bendita desfallecido avanza
El náufrago que anhela en el edén tocar".
Cf. José Zorrilla.
las tempestades calma;
que recoge en sus brazos y consuela
al náufrago del mar y de la vida;
bálsamo a toda herida
puerto a toda aflicción. Maris Stella".
Cf. Don Gaspar Núñez de Arce.
hoy, a la aurora, del seno:
¡qué glorioso que está el heno
pues ha caído sobre él!".
Cf. Don Luis de Góngora.
Un no sé qué, que definir no puedo:
Es Amor? es Anhelo? es Poesía?
Es nostalgia del Cielo Madre mía, María Santísima...
Yo te quiero mirar, en Tí está el Cielo,
Ocupas tú mi mente; Yo no sueño más,
Que en mirar tu faz Inmaculada,
Y Extasiarme ante tí, cual un amante,
A quien la vida se le torna instante,
Por vivir a tus pies enamorado.
en lo más íntimo del alama, como granos de incienso,
mis anhelos, mis penas, mis amores, mis consuelos...
Para vivir en dulce calma...
Te encuentro en todo ser:
En la mañana, derramando la luz cual tus pupilas.
En la noche estrellada, en la inocencia en la flor,
en la nube, en la presencia de las aguas magníficas tranquilas...
Todo lo que de gracia y hermosura, puso Dios en los seres, Madre mía,
Fue un ensayo no más de tu grandeza
Dáme Reina divina la ventura, de vivir contemplando tu belleza.
Déjame aquí. Como la cera quiero derretirme al fulgor de tus destellos
No me importa la vida y sus enojos;
Quiero tener la lumbre de tus ojos;
Luego morir para perderme en ellos". (ANÓNIMO).
-como la Iglesia-
es el canal de Cielo
que riega lo eterno…
Nos viste de infinito,
nos alimenta del Verbo…
Nos recrea en la rivera
donde florecen besos…
y el estiércol de nuestros dolores
lo convierte en abono fecundo
para que crezcan rosas de amores,
¡lindas rosas de mil colores!
Ruega por nosotros pecadores ¡ahora!
Santísima Virgen María,
¡que seamos humildes como Tú!...
… Porque sólo las flores sencillas
pueden vivir las maravillas
de sentirse ¡Hijos de Dios!
Moradas del Padre Eterno,
sagrarios de Jesucristo,
templos del Espíritu…
Ejemplo de cristianos, madre del Salvador,
Callada y operante sin miedo ni temor,
Consuelo de afligidos, dulce balsa serena,
No quiero ni un aplauso del mundo sin moral,
Ni quiero que me halaguen pues soy también mortal,
Y solo en Cristo encuentro la paz que tanto ansiaba.
Ya gozo con fruición la paz que en ti rebosa,
Cuando en la confianza de tu divino amor,
Ya vivo descansado sin pena ni dolor
Sabiendo que me cuidas y en ti mi amor reposa.
Ya no me encuentro solo, ni mis manos vacías,
Que en ti con Cristo amado ya tengo salvación;
Ya nadie artero puede quitarme la ilusión
Teniendo tus consuelos y augustas alegrías.
Separarte de cada uno de ellos
Encontrar la manera de hacerlos realidad
Quisiera tenerlos en una bolsa pequeña
Para cuando llegue el tiempo de tus lágrimas hacerlos germinar
Sembrarlos en los tiempos malos
Para que al final del día den fruto de felicidad
Las que has tenido desde niña
Cuando eras princesa y corrías en el campo
Cuando no había tristezas
Cuando todos tenían tu atención
Hoy quiero ser ese príncipe que estaba allí
Rescatándote de los dragones y malos hechiceros
O tal vez ser ese artista del que siempre has sido fan
Por el que llenabas tus libretas de cromos
O que sentías necesario para vivir
Hoy quiero ser ese momento de paz que buscas
O un instante junto al mar antes de un atardecer
Tal vez un libro que me quede en tus manos
Y entre en tu mente como poesía
Hoy quiero tantas cosas ser para ti
Que solo puedo decir
Que hoy quiero estar contigo.
Son aquellas que nunca salen del tintero,
Las que cuentan la historia escondida de los cuentos de hadas,
De los amaneceres vacíos
Y de el instinto de soledad
Aquellas que hablan de los amantes silenciosos
Y de sus pericias para esconder su pasión
De las palabras retenidas por teléfono
Que se pierden entre el golpeteo de la lluvia de España
Son aquellas del sexo reprimido entre las almas
Cuando no se les permite amar
De las mieles que intercambian los amantes
De las que muestran la luz cuando tus letras desnudan mis sueños
Son los espacios en blanco de mis sentimientos hacia ti
Mis lagrimas de alegría cada que te escribo
Las musas escondidas que asemejan tus manos entrelazadas
Que solo existen en mis sueños
Que están tan lejanas como la luna
Hay letras sin sonido
Que callan justo al momento del amanecer
Que se ocultan en los versos de Sabines
En las notas de Joaquín
Y en mis frases hacia ti
Hay tantos tipos de letras cuando te siento aquí
A mi lado
Solo en mi imaginación
Cuando te siento respirar junto a mí
Cuando peleas a mi lado por un nuevo futuro
Por un nuevo sol libre de los malos recuerdos
Y así destruir los muros invisibles de la soledad
Hay letras que brillan
Que su luz transforma la mañana
Que buscan en tu voz mi sonrisa
Que buscan en mis manos el hacerte un mundo mejor
Son las letras de las hijas de Eva
De las musas de Aute
Son las letras en las que refugio mi querer
En las que se esconden las sombras del amor
Listas y acechantes para atacarnos en el peor
O tal vez en el mejor momento de nuestras vidas
Son las que se ocultan en tus letras
Son las que espero para ti
Son las que quiero para mí.
que ha bajado del Cielo enamorada!
A una doncella toma,
la hace desposada
y Su Gracia, en su gracia es derramada.
Eres de Gracia llena plenamente,
pues Dios en tu alegría,
te invade dulcemente
y Su amada serás eternamente.
¡Estrella vespertina
nimbada de hermosura y esplendores!
¡Sonrisa tan divina
que dice los candores
de Aquel que ya es Amor de los Amores!
Me duele al verte lirio desgajado
que en dolorido gesto se ha inclinado
arrullando a una blanca rosa fría.
tarde en la que una nube ha derramado
su dolor, en un llanto tan callado
que endulza las angustias de este día.
Me duele tu pesar y tu ternura
acunando los miembros desgarrados
de Aquel que fué un dechado de templanzas.
Me duele tu piedad, que en hermosura
es el alba en sus gozos azulados.
¡Cómo sabe de dulces esperanzas!
del mustio atardecer sombrío y triste.
¡Tu soledad..., silencio!
que brotan de tu adentro,
y esa actitud serena
que aguarda la venida del encuentro
con esperanza plena.
Tu soledad..., belleza
en el rostro de mística hermosura.
¡Tu soledad..., belleza!
Belleza que recuerda manantiales
de plata en luna llena,
y el oro en los trigales
mecido por el céfiro que suena
a dulces madrigales.
Tu soledad..., es canto
del agua pura en fuente cristalina.
¡Tu soledad..., es canto!
Es canto como arrullo de paloma.
Como el decir del río.
Como la flor que toma
su beso del rocío
e invade tu ternura con su aroma.
Tu soledad..., mi pena
que anega plenamente mis sentidos.
¡Tu soledad..., mi pena!
madre de amores,
hoy a tus plantas
traemos flores.
Y te pedimos,
Virgen hermosa,
que nos atiendas
en una cosa.
Dice mi madre
que aquí en la Tierra
sufre el peligro
de nueva guerra.
que niños buenos
la paz pidamos
y a ti roguemos.
¡Oh, Virgen pura!
que a la inocencia
tu amor escucha
con preferencia.
Atiende, madre,
lo que hoy pedimos;
pues confiamos
en tu cariño.
Haz que reine Cristo
en los corazones,
y su paz y su amor vengan
pronto a las naciones.
Que le conozcan
todas las almas,
y no habrá guerra,
ni lucha de armas.
Guarda esta Patria
que es la tuya.
¡Oh, Virgen bella!
que en el Pilar tomaste
posesión de ella.
Recordad que ella
siempre con sus misiones,
es la que a Cristo conquista
más corazones.
No miréis los defectos
que hoy nos la empañan,
por la flor que traemos:
¡salvad al mundo!
¿Quién te lo puso?, di.
Acaso vino del cielo
o te lo trajo un serafín.
Al pronunciarle, ¡oh, María!,
parece que sale el sol
inundando de alegría
todos los campos en flor.
que son cinco rosas de olor
que perfuman con su aroma
a este mundo pecador.
Al empezar a llamarte
con este nombre sin par.
me quedo maravillada
porque se pronuncia el mar.
Y es, como el mar, inmenso,
de gracia lleno tu ser
e inmensas son tus virtudes,
e inmenso es también tu poder.
Y en tu nombre se reúne
la más mágica belleza,
por eso mayo a porfía
le canta la naturaleza
María, susurra el aire
de la brisa matinal.
María suena en las aguas
de la fuente el matinal.
Y cuando a la puerta del cielo
me llegue cual hoy a tus pies,
María, llamaré en ella
y al abrirla a ti te veré.
Y mientras llegue ese día
de entrar contigo al edén,
María, cante yo siempre
y flores traiga a tus pies.
dicen que eres tan bella
como de la mañana,
la Titilante estrella.
Como la Flor, que se abre
al beso del rocío,
y se refleja púdica
en claro y manso río.
que arrulla enamorada,
como visión purísima
de Rosas coronada.
Como encendida Rosa,
como florida palma,
cual plácida marina,
dormida en suave calma.
Como radiante Luna,
que asoma entre nublado
y alegra la morada
del triste desterrada.
Amables son sin duda
estas comparaciones,
pero las considero
quiméricas visiones.
Señora te asemejas
rodeada de esplendor
Solo a la mas amable
Sonrisa del Creador.
cual es mi vivo anhelo
volar volar al cielo
tu dulce rostro a ver
Volar quisiera al cielo
tu rostro ser
Tesoro y luz del Cielo
quisiera Oh Madre Santa
poder besar tu planta
tu sacro rostro al ver
quién como tú María
cuánto el alma ansía
tu faz radiante ver
Si aquí, tu nombre sólo
endulza el alma tanto
mayor será el encanto
tu faz amable al ver
El hombre y el destierro
ni paz ni gozo siente
su Madre el hijo ausente
anhela sólo ver".
Cf. 'María en la Historia de la Salvación', Sor Francisca Teresa,
por qué te amo .
Por qué tu dulce nombre
me hace saltar de gozo
el corazón,
y por qué el pensamiento de tu suma grandeza
a mi alma no puede inspirarle temor.
Si yo te contemplase en tu sublime gloria,
muy más brillante sola
que la gloria de todos los elegidos juntos,.
no podría creer que soy tu hija,
María, en tu presencia bajaría los ojos...
es necesario que ésta sepa llorar con ella,
que con ella comparta sus penas y dolores.
¡Oh dulce Reina mía,
cuántas y amargas lágrimas lloraste en el destierro
para ganar mi corazón, ¡oh Reina!
Meditando tu vida
tal como la describe el Evangelio,
yo me atrevo a mirarte y hasta a acercarme a ti.
No me cuesta creer que soy tu hija,
cuando veo que mueres,
cuando veo que sufres
como yo
Cuando un ángel del cielo te ofrece ser la Madre
de un Dios que ha de reinar eternamente,
veo que tú prefieres, ¡oh asombroso misterio!,
el tesoro inefable de la virginidad.
Comprendo que tu alma, inmaculada Virgen,
le sea a Dios más grata
que su propia morada de los cielos.
Comprendo que tu alma, humilde y dulce valle,
contenga a mi Jesús, océano de amor
.
Te amo cuando proclamas
que eres la siervecilla del Señor,
del Señor a quien tú con tu humildad cautivas.
Esta es la gran virtud que te hace omnipotente
y a tu corazón lleva la Santa Trinidad.
Entonces el Espíritu, Espíritu de amor,
te cubre con su sombra,
y el Hijo, igual al Padre,
se encarna en ti...
¡Muchos habrán de ser
sus hermanos
pecadores
para que se le llame: Jesús, tu primogénito!
María, tú lo sabes: como tú
no obstante ser pequeña, poseo y tengo en mí
al todopoderoso.
Mas no me asuste mi gran debilidad,
pues todo los tesoros de la madre
son también de la hija,
y yo soy hija tuya, Madre mía querida..¡Acaso no son mías tus virtudes
y tu amor también mío?
Así, cuando la pura y blanca Hostia
baja a mi corazón,
tu Cordero, Jesús, sueña estar reposando
en ti misma, María.
Tú me haces comprender, ¡oh Reina de los santos!,
que no me es imposible caminar tras tus huellas.
Nos hiciste visible
el estrecho camino que va al cielo
con la constante práctica de virtudes humildes.
Imitándote a ti,
permanecer pequeña es mi deseo,
veo cuán vanas son las riquezas terrenas.
Al verte ir presurosa a tu prima Isabel,
de ti aprendo, María,
a practicar la caridad ardiente.
el cántico sagrado, ¡oh Reina de los ángeles!,
que de tu corazón brota exaltado
Me enseñas a cantar los loores divinos,
a gloriarme en Jesús, mi Salvador.
Tus palabras de amor son las místicas rosas
que envolverán en su perfume vivo
a los siglos futuros.
En ti el Omnipotente obró sus maravillas,
yo quiero meditarlas y bendecir a Dios.
A san José, que ignora
el milagro asombroso
que en tu humildad
quisieras ocultar,
tú le dejas llorar cerca del tabernáculo
donde se oculta y vela
la divina beldad del Salvador.
¡Oh, cuánto amo, María, tu elocuente silencio!
Es para mí un concierto muy dulce y melodioso,
que canta a mis oídos la grandeza,
y hasta la omnipotencia,
de un alma que su auxilio sólo del cielo espera...
Luego, en Belén, os veo, ¡oh María y José!,
rechazados por todos.
Nadie quiere acoger en su posada
a dos pobres y humildes forasteros.
¡Sólo para los grandes tienen sitio...!
Y en un establo mísero, rudo y destartalado,.tiene que dar a luz la Reina de los cielos
a su Hijo Dios.
¡Madre del Salvador,
qué amable me pareces, qué grande me pareces
en tan pobre lugar!
Cuando veo al Eterno en vuelto en los pañales
y oigo el tierno vagido del Verbo entre las pajas,
¿podría yo, María, en ese instante,
envidiar a los ángeles?
¡Su Señor adorable es mi hermano querido!
¡Cómo te amo, María, cuando en nuestra ribera
abres para nosotros esa divina Flor!
¡Cómo te amo, Virgen, cuando escuchas
a los simples pastores, y a los magos,
y guardas y meditas todo eso
dentro del corazón!
Te amo cuando te mezclas con las demás mujeres
que dirigen sus pasos al templo del Señor.
Te amo cuando presentas al Niño que nos salva
al venerable anciano que le toma en sus brazos.
Al principio yo escucho sonriendo
su cántico, mas pronto sus acentos
hacen correr mis lágrimas.
Hundiendo en el futuro su mirada profética,
Simeón te presenta la espada del dolor.
¡Oh Reina de los mártires, la espada dolorosa
traspasará tu pecho
hasta la tarde misma de tu vida!
Ya te ves obligada
a abandonar el suelo de tu patria
por escapar, huyendo,
del furor sanguinario de un envidioso rey.
Jesús duerme tranquilo
bajo los suaves pliegues de tu velo
cuando José te advierte que hay que partir aprisa.
Y es pronto tu obediencia:
tú partes sin demora y sin razonamientos.
que, a pesar de vivir en la suma pobreza,
lleno de gozo y paz vive tu corazón.
¿Qué te importa el destierro? ¿No es, acaso, Jesús
la patria de las patrias, la más bella?
Poseyéndole a él, tú posees el cielo.
Mas en Jerusalén, una amarga tristeza te envuelve
y, como un mar, tu corazón inunda.
Por tres días Jesús se esconde a
tu ternura,
y entonces si, sobre tu vida cae
un oscuro, implacable, riguroso destierro.
Por fin logras hallarle, y al tenerle,
rompe tu corazón en transporte amoroso.
Y le dices al Niño, encanto de doctores:
"Hijo mío, ¿por qué has obrado así?
Tu padre y yo, con lágrimas, te estábamos buscando".
Y el Niño Dios responde, ¡oh profundo misterio!,
a la Madre querida que hacia él tiende los brazos:
"¿A qué buscarme, Madre? ¿No sabías, acaso,
que en las cosas que son del Padre mío
he de ocuparme ya?"
Me enseña el Evangelio que sumiso
a María y José permanece Jesús,
mientras crece en sabiduría.
¡Y el corazón me dice
con qué inmensa ternura a sus padre queridos
él obedece siempre!
Ahora es cuando comprendo el misterio del templo,
las palabras ocultas del amable Rey mío:
Tu dulce Niño, Madre,
quieres que seas tú el ejemplo vivo
del alma que le busca
a oscuras, en la noche de la fe.
Puesto que el Rey del cielo quiso ver a su Madre
sometida a la noche,
sometida a la angustia
del corazón
¿será, acaso, merced sufrir aquí en la tierra?
¡Oh, sí...! ¡Sufrir amando es la dicha más pura!
Puede tomar de nuevo Jesús lo que me ha dado,
dile que por mí nunca se moleste.
Puede, si a bien lo tiene, esconderse de mí,
me resigno a esperarle
hasta que llegue el día sin ocaso
en el que para siempre se apagará mi fe
Yo sé que en Nazaret, Virgen llena de gracia,
viviste pobremente sin ambición de más.
Ni éxtasis ni raptos ni milagros
tu vida hermosearon, ¡Reina de los electos!
Muchos son en la tierra los pequeños,.y ellos pueden alzar, sin miedo, a ti los ojos.
Por el común camino, oh Madre incomparable,
caminas tú, guiándonos al cielo!
Vivir contigo quiero, Madre amada,
a la espera del cielo,
seguirte en el destierro día a día.
En tu contemplación yo me hundo absorta,
y de tu inmenso corazón descubro
los abismos de amor.
Tu maternal mirada desvanece mis miedos,
y m enseña a llorar, y me enseña a reír.
Lejos de despreciar las fiestas de la tierra,
las fiestas que son santas,
tú, Madre, las comparte y bendices.
Al ver que los esposos de Caná
no pueden ocultar al gran apuro
en que se encuentran por faltarles vino,
con maternal solicitud acudes
al Salvador, tu Hijo,
de su poder divino esperando la ayuda.
Jesús parece rechazar tu súplica
en un primer momento:
"Mujer, ¿qué no importa esto a ti y a mí?"
Mas de su corazón allá en el fondo
madre suya te llama,
y para ti y por ti Jesús realiza
su milagro primero.
Te veo un día, Madre, en la colina,
entre los pecadores
que escuchan la palabra
de aquel que más nadie
desea recibirles a todos en el cielo.
Alguien dice a Jesús que quieres verle.
Entonces él, Hijo divino tuyo, ante la gente
muestra lo inmensamente que nos ama:
"¿Quién es mi hermano -dice-, quién mi hermana,
y mi madre quién es, sino el que cumple
mi voluntad en todo?"
Al escucharle, tú, Virgen inmaculada,
¡oh Madre, la más tierna!,
no te entristeces,
antes bien te alegras
de que nos haga comprender entonces
que aquí abajo, en la tierra, nuestra alma
se hace familia suya..¡Oh, sí, te alegras, Virgen, de que él nos dé su vida,
el tesoro infinito de su divinidad!
¿Cómo no amarte y bendecirte, viendo
en ti tanto amor, tanta humildad?
Tú nos amas, María, como Jesús nos ama,
por nosotros aceptas verte alejada de él.
Amar es darlo todo, darse incluso a sí mismo:
quisiste demostrarlo quedando con nosotros
como fuerte y visible ayuda nuestra.
¡Conocía Jesús tus íntimos secretos
y la inmensa ternura
de tu divino corazón de madre!
Te nos dejó a nosotros,
como refugio fiel de pecadores,
cuando, para esperarnos en el cielo,
abandonó la cruz.
Te me apareces, Virgen,
en la sombría cumbre del Calvario,
de pie junto a la cruz,
igual que un sacerdote en el altar,
ofreciendo tu Víctima,
tu Jesús amadísimo,
nuestro dulce Emmanuel,
para desenfadar la justicia del Padre.
Un profeta lo dijo, ¡oh Madre desolada!:
"¡No hay dolor semejante a tu dolor!"
¡Oh Reina de los mártires, quedando en el destierro,
prodigas por nosotros
toda la sangre de tu corazón!
La casa de san Juan se hace tu único asilo,
de Zebedeo el hijo reemplaza a tu Jesús...
Y es éste ya el último detalle
que nos da el Evangelio,
de la Virgen María no vuelve ya a hablar más.
Pero, Madre querida, su silencio profundo
¿acaso no revela
que el Verbo eterno -él mismo- cantar quiere
de tu vida los íntimos secretos,
para gozosa gloria de tus hijos,
los santos moradores de la patria del cielo?
Yo escucharé muy pronto esa dulce armonía,
iré muy pronto a verte en , el hermoso cielo.
Tú que viniste a sonreírme, Madre,
en la suave mañana de mi vida,.ven otra vez a sonreírme ahora...,
pues ha llegado ya de mi vida la tarde.
No temo el resplandor de tu gloria suprema,
he sufrido contigo,
y ahora quiero
cantar en tus rodillas, Virgen, por qué te amo
¡y repetir por siempre y para siempre
que yo soy hija tuya...!
La pequeña Teresa...
Autora: Santa Teresa del Niño Jesús.
unidos en el amor perfecto,
como nos miráis con misericordia y cariño,
consagramos nuestros corazones,
nuestras vidas,
y nuestras familias a Vosotros.
Conocemos que el ejemplo bello
de Vuestro hogar en Nazaret fue un modelo
para cada una de nuestras familias.
Esperamos obtener,
con Vuestra ayuda,
la unión y el amor fuerte y perdurable
que Os disteis.
Qué nuestro hogar sea lleno de gozo.
Qué el afecto sincero, la paciencia, la tolerancia,
y el respeto mutuo
sean dados libremente a todos.
Qué nuestras oraciones
incluyan las necesidades de los otros,
no solamente las nuestras.
Y qué siempre estemos cerca de los sacramentos.
Bendecid a todos los presentes
y también a los ausentes,
tantos los difuntos como los vivientes;
qué la paz esté con nosotros,
y cuando seamos probados,
conceded la resignación cristiana
a la voluntad de Dios.
Mantened nuestras familias cerca
de Vuestros Corazones;
qué Vuestra protección
especial esté siempre con nosotros.
Sagrados Corazones de Jesús y María,
escuchad nuestra oración.
Amén.

