Regresiones y Reencarnación: Todo lo que necesitas saber sobre la Reencarnación y Vidas Pasadas, Julieta Romero.
Hipnosis, regresiones, vidas pasadas, Aurelio Mejía Mesa.
La Reencarnación En El Mensaje de Cristo, Arcangelo Cerezzo Frex.
Karma, Reencarnación y Vidas Pasadas, Julio Cesar la Flor de Bellis.
Pasar de Plano, No existe la Muerte: Te ayudará a entender que hay más allá de la muerte, la Reencarnación, Araceli Egea.
Reencarnación y la ley del Karma, William Walker Atkinson.
La Vida después de la Muerte, William Walker Atkinson.
Muerte, Tránsito y Reencarnación: Breve ensayo sobre el libro Tibetano de los Muertos, dos relatos y una reflexión, Rashenad Moed.
3 enfoques sobre la reencarnación, Sebastián de Arauco.
Casos sobre reencarnación en Europa, Ian Stevenson.
Vida después de la muerte, Yogi Ramacharaka.
Reencarnación: 100 Preguntas y Respuestas, Conde de Saint Germain.
Las puertas de las rotaciones o Las puertas de las reencarnaciones, Jaim Vital.
Más Allá y Reencarnación: La vida eterna que sigue después de la muerte, Jenson Kennedy.
Reencarnación y el Más Allá, Madeleine Langlais.
Más Allá de la Reencarnación, Joe H Slate.
Morir, el último tabú, Toni Sánchez Bernal.
Vidas antes de la vida, Edden David Jaramillo.
La Reencarnación, Rafael Merck.
Desencarnación: El Regreso al Origen Cósmico, Anael.
La Reencarnación y el Judaísmo, DovBer.
La reencarnación de Omm Seti, Jonathan Cott.
Vidas Pasadas y Sueños presentes, Denise Linn.
Nodos Lunares y Reencarnación, Martin Schulman.
Planetas Retrógrados y Reencarnación, Martin Schulman.
Semillas Estelares: El desafío de Ser Humano, Claudia Gonzalez De Vicenzo.
Entre la Muerte y la Vida, Dolores Cannon.
"Se ha presentado en este trabajo una muestra de la obra de Dolores Cannon, una hipnoterapeuta estadounidense que reclamaba poder hacer regresiones a vidas pasadas para ayudar a sus clientes. Durante el proceso en el que aprendía y crecía en este campo, descubría que podía usar la hipnosis regresiva para indagar el trasfondo más o menos desconocido de la vida humana y planteaba, entre otras cosas, que el fenómeno de la reencarnación es verdadero, que existe un mundo de espíritus al que regresamos después de morir para analizar la vida pasada y planear la próxima, y que es posible mediante la hipnosis establecer contacto con ese mundo para buscar soluciones a nuestros problemas actuales así como para revelar información oculta sobre los orígenes de la vida y los procesos misteriosos que la estructuran.
Además, se vio que los conceptos de la reencarnación y la vida después de la muerte se han investigado tanto en la filosofía metafísica del budismo tibetano como en los campos de la psiquiatría y la antropología. Planteo que la ciencia debe estudiar extensivamente más de las ideas de la Nueva Era, pero para hacer esto, no es necesario que la meta científica sea probar o refutar los conceptos estudiados. Más bien, como hacen Greenfield y otros antropólogos, se podría examinar la Nueva Era para elaborar cuáles son las creencias y prácticas de sus seguidores e intentar adivinar exactamente por qué les interesan ideas tan raras, no tradicionales y no científicas.
Esto ilustraría un fenómeno muy vigente en la cultura moderna occidental: el abandono de la religión tradicional y el crecimiento de nuevas interpretaciones sobre la espiritualidad de la vida humana. Además, si se quiere indagar, como hicieron Stevenson, Tucker y Moody, conceptos paranormales como la reencarnación y la vida después de la muerte con la meta explícita de tratar de buscar la mejor explicación científica que explique estos asuntos, ¿quién sabe lo que se podría descubrir? Es muy posible que algunos de los promotores de la Nueva Era sean charlatanes. Si esto es verdad debería ser fácil refutar los conceptos que presentan, pero sería necesario tener una mente abierta para no repudiarlos simplemente porque no son tradicionales.
En este sentido, haría falta también un nuevo entendimiento de las limitaciones de la ciencia y su posible extensión al reino de lo mental. Esto tampoco es tan raro como parece: reclaman los budistas haber desarrollado por siglos su propia versión de una ciencia mental y sus hallazgos podrían proporcionar un punto de partida".
Y, nada raro que todos estos supuestos casos de reencarnación esten manejados, no solo, por los espíritus de las tinieblas, sino, que también por los manipuladores de la mente humana, con toda su imaginación. La Carmelita Santa Teresa de Jesús de Ávila, con suma razón, enseñaba: "La imaginación, es la loca de casa".
El licenciado Gonzalo Llano González, con relación a lo anterior, dice lo siguiente: "Si no manejas tu mente, ella te maneja a ti y casi siempre se empelicula con lo negativo. Controlar la mente es de sabios y triunfadores. La loca de la casa suele andar errática y enfocada en lo oscuro, en los problemas más que en las soluciones.
Cuando tú te consagras a explorar dónde anda la mente, entonces puedes cambiarle el canal y centrarla sólo en lo bueno. Es una labor que pide estar alerta y da excelentes resultados. Con frecuencia pon el semáforo en rojo y pregúntate: ¿En qué estoy pensando? Así podrás conocer los derroteros de tu mente y dedicarte a pensar sólo lo mejor de ti mismo, de los demás y de la vida.
Dicen que un habito se siembra en 28 días y si tú dedicas ese tiempo a estar vigilante con la mente, ella será tu mejor amiga y no la loca de la casa. Buda afirmó que somos los que pensamos y hay estudios que hablan de unos sesenta mil pensamientos diarios. También se afirma que habitualmente el 80% de esos pensamientos son negativos. El reto, entonces, es tener el control de la mente y de allí pasar al control de la emociones, ya que una “e-moción” no es más que una moción o movimiento sensible originado en la mente.
Poderoso no es el que conquista a otros, poderoso es el que se conquista a sí mismo y es el dueño de sus pensamientos y sus emociones. Descartes dijo “pienso, luego existo”, y con base en su frase se puede afirmar: “si pienso bien, vivo bien”. Los pensamientos firmes se convierten en creencias y las creencias crean la realidad. Tú eres lo que crees y tu vida depende totalmente de tu sistema de creencias limitantes o motivantes. Hay creencias que empoderan y creencias que limitan, Cf. Portafolio - Opinión.
La reencarnación esta enmarcada precisamente en estos ámbitos. Por lo mismo, debemos rechazarla, como Católicos. El mismo 'Credo' la rechaza. Es un hecho constatable que hoy se predica menos de los llamados “novísimos” de las "postrimerías (Como se llamaba antiguamente; en concreto, del cielo, del infierno y del purgatorio)" o "de la Resurrección de todos los muertos", en el día del Juicio Final. Pero, eso sí, de la Reencarnación, ni para que hablar más. Se rebasan todas las expectativas. Muchas personas ya tienen como premisa, pequemos ahora libremente y mañana empatamos con la reencarnación, sin ningún problema. Cada vida es una experiencia. Ese tal infierno, no existe. Son cuentos de los curas y de camanduleros.
El licenciado José García Guillén, tiene un capítulo expreso sobre la “Doctrina de la transmigración de las almas en el cristianismo primitivo (la metempsícosis)", obra de M. López Salvá y M. Herrero de Jáuregui. De ella, hemos, tomado lo siguiente, resumiendo y complementando, con más puntos:
j) Aunque la creencia en la resurrección comienza cuando el Señor Jesús resucitó al tercer día después de morir, ya había cierta idea al respecto entre algunos judíos. Más no en la reencarnación. Los esenios y hasta fariseos creían en ángeles y en las almas espirituales y, en general, en la resurrección de los muertos. En los hijos de la luz y en los hijos de las tinieblas. Más no en la reencarnación.
k) La resurrección de personas fallecidas con el poder de Jesús, las enseñanzas de la vida eterna por parte del Divino Maestro de maestros, su resurrección de entre los muertos, sus apariciones y su promesa de volver, después de su ¡Asención! a los cielos o moradas del Padre Celestial, como Sumo Juez de Vivos y Muertos, confirmó 'integramente' o 'totalmente' la no reencarnación, pero también le dio una base sólida y profunda al tema de la resurrección. A tal extremo, que el mismo Jesús la acabo de refrendar, con la asunción de su Santa Madre, María Santísima.
l) La doctrina cristiana sobre la resurrección se encuentra en el Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales que van del 988 al 1001. El numeral 989 señala: “Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día. Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad”
El término ‘carne’ designa a la persona humana o incluso a otros seres de la creación, en su condición de debilidad y de mortalidad. "La ‘resurrección de la carne’ significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros ‘cuerpos mortales’ volverán a tener vida”.
“Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. ‘La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella’”, señala luego el numeral 990.
ll) Según el profesor de Teología Sistemática de la Universidad Católica de América, licenciado Michael Root, "las dos razones principales para rechazar la creencia en la reencarnación son: que se opone a la forma en la que Cristo ofrece la salvación y porque va en contra de la naturaleza de la persona humana.
Root explicó que la reencarnación “contradice la imagen de la salvación que tenemos en el Nuevo Testamento, donde nuestra participación en la resurrección de Cristo es efectivamente de lo que se trata la salvación” y “nos da una imagen muy distinta de lo que es ser humano: un ente incorpóreo que no está relacionado a ningún tiempo específico”.
“El cristianismo toma muy en serio que somos seres con un cuerpo y, cualquier noción de reencarnación considera que el ser solo tiene una especie de conexión accidental con cualquier cuerpo específico, porque desde esa perspectiva uno pasa de un cuerpo a otro y a otro y a otro; y ese no tener un cuerpo específico termina en la idea de que uno no sabe quién es”, destacó Root.
m) El documento Vaticano sobre la Nueva Era titulado “Jesucristo portador del agua de la vida”, señala que “la unidad cósmica y la reencarnación son irreconciliables con la creencia cristiana de que la persona humana es un ser único, que vive una sola vida de la que es plenamente responsable: este modo de entender la persona pone en cuestión tanto la responsabilidad personal como la libertad”.
n) Fray Joel I. Barstad, con maestría en estudios cristianos primitivos de la Universidad Católica de América, Washington, DC, y un doctorado del Instituto Medieval de la Universidad de Notre Dame, Notre Dame, IN, Director de Formación Humana en el Seminario Católico Bizantino de los Santos Cirilo y Metodio en Pittsburgh, PA. Miembro de la facultad y decano académico del Seminario Teológico Saint John Vianney en Denver, CO, donde impartió cursos de patrística, cristología, antropología teológica y arte sacro, nos dice con toda convicción, lo siguiente: "la creencia en la reencarnación no es algo positivo, tampoco para los budistas e hinduistas, quienes la ven como algo de lo que se debe escapar. No conozco una doctrina robusta sobre la reencarnación (…) que considere la reencarnación de un alma como algo bueno; aunque de repente algunos hinduistas o estoicos la vean como una necesidad cósmica benigna; pero ciertamente la aspiración más profunda” de algunos que creen en esto “sea disolver los nexos de las relaciones temporales y corporales totalmente; es decir, disolver la relación con el cuerpo de modo que no sea posible otra reencarnación para un alma. La meta para el alma es entonces convertirse permanentemente en nadie".
"Si bien los cristianos pueden experimentar sufrimiento en la vida, también pueden vivir la esperanza de que “son amados por Cristo que, a través de su propia muerte humana y divina; y su resurrección, puede llevarlos hasta el final y remodelarlos, haciendo algo hermoso a partir de un enredo. Los cristianos además esperan la resurrección de los otros, de sus amigos y seres queridos, “para vivir en un cielo nuevo y una tierra nueva”. Por todo esto evangelizamos, por esto nos arrepentimos de nuestros errores y perdonamos a quienes nos hacen mal. Por esto rezamos por los muertos y por esto los santos que ya gozan de la visión beatífica de Dios también rezan por nosotros. Los santos, están todavía involucrados con el mundo y esperan con nosotros la revelación final de Cristo que nos dará la resurrección a todos”. Amén. Aleluya.
El doctor Antonio Capafons, de la Universidad de Valencia y la doctora Giuliana Mazzoni, de la University of Plymouth, Reino Unido, aclaran que "la hipnosis es una técnica carente de riesgos per se. Sin embargo, un uso inadecuado de tal técnica puede ser iatrógeno, especialmente en lo referido a la génesis de falsos recuerdos por parte de la persona hipnotizada.
Aunque es cierto que las técnicas de hipnosis se usan con frecuencia para recuperar recuerdos, no hay evidencia científica convincente que apoye el hecho de que la regresión hipnótica pueda ayudar a recordar hechos y episodios autobiográficos que el individuo no es capaz de recordar fuera de hipnosis.
De momento es importante subrayar que los estudios científicos han demostrado que las inducciones hipnóticas generan en realidad, y como mínimo, tantos recuerdos falsos como verdaderos (Dinges, Whitehouse, Orne, Powell, Orne, & Erderlyi, 1992), y que producen un incremento en la confianza de todo aquello que la persona es capaz de recuperar (Scoboria, Mazzoni, Kirsch, & Milling, 2001). De hecho, el uso de técnicas hipnóticas para la recuperación de recuerdos pasados está estrechamente ligado al estudio de los falsos recuerdos.
Estos dos aspectos, se relacionan además, y al menos, con lo relacionado con el tema de recuerdos traumáticos, como pueden ser los abusos sexuales en la infancia, rituales satánicos, abducciones extraterrestres, vidas pasadas, etc. (Piper, Pope, & Borowiecki, 2000).
Aunque los recuerdos "recuperados" durante la regresión de edad sean claros, vívidos y aparentemente convincentes, un académico de la hipnosis (Nash, 1987) concluyó, tras revisar más de cien estudios sobre los efectos de la regresión de edad sobre el recuerdo autobiográfico, que no hay evidencia sobre que la experiencia de los adultos hipnotizados corresponda a la experiencia real infantil.
Dos aspectos interesantes de los falsos recuerdos son, como veremos, que no se pueden distinguir de los recuerdos verdaderos, y que la gente que los recuerda está segura de que realmente les ocurrió lo que creen haber recordado. Es importante resaltar que tal incremento en la confianza es sólo un subproducto de la hipnosis (Scoboria, Mazzoni, Kirsch & Milling, 2001). Esos pseudorrecuerdos normalmente se crean sugiriendo a la persona hipnotizada que ocurrió algo que realmente nunca sucedió (Laurence & Perry, 1983; Orne, 1979). En este caso, hipnosis incrementa la certeza que tiene la persona en su recuerdo erróneo.
Tal y como se ha comentado, una de las razones por las cuales es tan sencillo crear falsos recuerdos utilizando procedimientos sugestivos potentes y moderados está relacionada, como hemos indicado, con las creencias que tienen, tanto la persona que recuerda, como el propio terapeuta Cuando el recuerdo es "recuperado" en un contexto terapéutico, la creación de un recuerdo falso se puede atribuir también a la creencia que el terapeuta tiene. La propia interpretación de los sueños puede ayudar a la creación de tales recuerdos falsos. De hecho, en una serie de estudios en los que se le pidió a un clínico que interpretara los sueños que les contaban los participantes fue muy sencillo generar falsos recuerdos (Loftus & Mazzoni, 1999; Mazzoni & Loftus, 1998, 1999; Mazzoni, Loftus, Seitz, & Lynn, 1999; Mazzoni, Lombardo, Malvagia, & Loftus, 1998).
Por lo tanto, las creencias que tienen los pacientes les inducen a aceptar la interpretación que les proporciona el terapeuta, y a aceptar la creencia del terapeuta de que les han acaecido ciertas experiencias. Más aún, si consideramos que la interpretación del sueño se realizó fuera de un ámbito terapéutico y en sólo treinta minutos, es fácil predecir cual puede ser el efecto de un terapeuta que trabaja sobre la memoria durante meses.
Además de la sugerencia directa y regresión de edad en hipnosis, o la imaginación y la "terapia" (interpretación de los sueños), también se pueden crear falsos recuerdos a través de las preguntas tendenciosas (leading questions) y engañosas (misleading questions), sea estando la persona hipnotizada o no. El modo de preguntar y de transmitir información a la persona tanto con hipnosis como sin ella (para una revisión detallada véase Mazzoni, 2003) puede determinar la creación de falsos recuerdos. Una forma de hacerlo es la de presentar a los participantes un vídeo con una escena sobre un crimen.
A continuación se les proporciona información falsa para, posteriormente, preguntarles cuestiones relativas a lo mostrado en el vídeo. En todos los estudios en los que se ha utilizado este procedimiento denominado "el efecto de información errónea" (misinform), los resultados son los mismos: tras haber escuchado la información errónea o haber contestado a las preguntas engañosas, la persona cambia su informe sobre lo que vio en el vídeo (para un estudio central de esta área, véase Loftus, Miller, & Burns, 1978). Incluso información muy sutil, como las forma de verbalizar la sentencia, puede cambiar el informe del testigo (Loftus & Zanni, 1975).
No obstante, a pesar de la facilidad con la que se pueden crear recuerdos de algo que nunca sucedió, parece que la confabulación se reduce si hay evidencia con la que se pueda contrastar, y si se pregunta por la certeza en lo que se dice recordar, sobre todo si se disculpa a la persona por su error (Spanos, Gwynn, Comer, Baltruweit, & De Groh, 1989; Spanos & McLean, 1986). Hay autores que creen que la hipnosis per se genera falsos recuerdos al hacer más susceptible a la persona para confundir realidad con fantasía (Sheehan, Statham, & Jamieson, 1991).
En definitiva, la evidencia empírica indica que la persona hipnotizada puede y suele generar falsos recuerdos, aunque ello dependa también de factores externos a la propia hipnosis. Lógicamente, no se está diciendo que todo lo que recuerda la persona bajo hipnosis sea falso, si no que no podemos afirmar que sea cierto por haberse recordado en hipnosis.
A pesar de los riesgos evidentes de distorsión de los recuerdos, todavía son muchos los clínicos que usan la hipnosis para recabar información sobre su paciente. Si bien cabe decir "de entrada, no" a ese uso de la hipnosis, ciertamente seguirá utilizándose para esos fines. Por ello, es conveniente considerar ciertas recomendaciones para reducir, que no eliminar, los riesgos de generar falsos recuerdos. Según Lynn, Kirch y Rhue (1996), es importante avisar al cliente del riesgo de distorsión de la memoria, debiendo tener mucho cuidado el terapeuta en cómo verbaliza las sugestiones y cuáles son sus implicaciones, evaluando, además, la credibilidad de los recuerdos recuperados durante la terapia.
Por ello es importante que los clínicos conozcamos la conclusión de la Sociedad Británica de Psicología (The British Psychological Society) (2001): "En resumen, la hipnosis no tiene ninguna propiedad especial para incrementar la memoria, ni en terapia ni en ningún otro contexto. Hay circunstancias en las que los propios componentes de la hipnosis, como la sensación de relajación y bienestar, pueden justificar su uso durante un periodo de recuerdo. Los procedimientos hipnóticos pueden ser útiles para examinar y reestructurar los recuerdos existentes que están asociados al problema del cliente. De cualquier modo, en esas situaciones debe reconocerse el potencial para producir recuerdos de los que se está seguro, pero que no son precisos. La hipnosis no debería usarse basándose en la idea de que con ella se pueden recuperar recuerdos de sucesos de los que el sujeto no se acuerda, pero que son la causa de su problema actual." (p. 12).
Muchos terapeutas a los que el cliente les solicita hipnosis regresiva, se niegan a realizarla argumentando que no están capacitados para ello. Si es éste el caso, es probable que el cliente busque a alguien, generalmente a un hipnoterapeuta lego, para satisfacer su demanda. Por ello, se debería asesorar al cliente sobre las precauciones que debería adoptar si decide realmente ponerse en manos de este tipo de "profesional". Según nuestro punto de vista, se debería informar al cliente de los siguientes aspectos:
Si alguien habla de hipnoterapia, y se auto denomina hipnoterapeuta o hipnólogo, hay que dudar de sus capacitaciones, y preguntarle por su cualificación profesional. Si no sabe tratar el problema sin hipnosis, tampoco lo sabe con ella: la hipnosis no es una terapia si no una técnica y campo de estudio. Si el terapeuta promete resultados espectaculares, hay que dudar de la eficacia de su tratamiento, y preguntarle por la evidencia empírica que avala esos resultados.
Si propone regresiones de edad, hay que dudar de su pertinencia, y preguntar por la evidencia científica que justifica tal práctica. Si se recuerda bajo hipnosis algo poco creíble o muy difícilmente olvidable (abusos, abducciones, torturas, etc.), hay que desconfiar de la veracidad de tal recuerdo, y recurrir siempre a un experto en hipnosis y memoria, y en el abuso o recuerdo en concreto. Estas consideraciones no evitan que el cliente pueda tener una experiencia iatrógena con la hipnosis, pero sí le pueden ayudar a desarrollar criterios para descartar los servicios de terapeutas que potencialmente pueden ser iatrógenos, criterios a los que, como usuario, tiene derecho", Cfr. Papeles del Psicólogo, 2004. Vol. 25(89), Extractos, ¿Es lo peligroso de la Hipnosis el Hipnoterapeuta?: Hipnosis y Falsos Recuerdos.

Así que la técnica de regresión a vidas pasadas 'NO' ayuda con la curación física, mental, emocional y espiritual de las personas, que incluye: Revivir experiencias de vidas pasadas. Proporcionar información sobre por qué las personas se sienten conectadas con ciertos lugares o personas. Reconocer las razones detrás de dolencias físicas y psicológicas no identificadas. Reconocer y apreciar el aspecto espiritual de la propia vida.
Si conocieramos a Jesús de Nazaret en toda su dimensión, no caeríamos con todos los sofismas de distracción de la reencarnación y de la hipnosis. Es que Él es el único, que cura todas las enfermedades, de ver y por haber de la persona humana y que se han propagado, de generación en generación. Las del cuerpo humano, comenzando por su ADN, creado por Dios y alterado por el pecado original. Las del Espíritu Humano, causadas por el pecado personal de cada persona en particular. Las emocionales, causadas por las profundas heridas emocionales del pasado. Dentro del seno materno, familiar y comunitario. Las de la Mente y que no son pocas en estos tiempos. Muchas por causa del ateísmo, la droga, el alcohol y la marihuana. Y, ni que hablar por la depresión. También pueden darse las enfermedades, por la opresión demoníaca, en un mundo, donde prevalece el materialismo y el ocultismo, en grado sumo.

Tampoco la hipnosis con el tal recuerdo ese de vidas trae "el descanso real del espíritu". Otros prefieren traducir el inglés " being alain in the Spirit ", como " fulminación en el Espíritu ", " dormición en el Espíritu " o quedar abrumado por la "tranquilidad, el amor y la paz en el espíritu". El verdadero descanso del Espíritu es un don carismático y no hipnótico.
El aspecto principal del descanso en el Espíritu, es la fuerte presencia sanadora del Dios viviente, en el cuerpo, mente y espíritu de la persona dócil y que se rinde a su creador, con profundo arrepentimiento y esperanza. Es la acción poderosa de la Santísima Trinidad 'en cada persona' que reestablece, sana, purifica, ilumina, libra y fortalece de todo pecado, dificultad y bloqueo interior y exterior. Sin límites y sin condiciones. Todo de forma gratuita.
El que Dios llene la memoria y la imaginación de su presencia, de su amor, de su perdón, no presenta dificultades. La hipnosis si las coloca. El tiempo en cada sesión regresiva hipnótica, no arregla las cosas de raíz e inmediatamente. En cambio Dios que vive en un eterno presente, si lo hace y de raíz, cuando interviene en un solo momento. La sanación es original, integral y perdurable. Su acción amorosa es inmediata y sin límites. No traumática, forzada, temporal y aparente como ocurre con las sesiones hipnóticas.
En el descanso en el Espíritu la persona sigue teniendo control pleno de su entendimiento y de su voluntad. Mientras no con cada una de las sesiones de hipnosis y sus tales liberaciones. Con ellas esta expuesta 'la persona' al control del hipnotizador y al control del enemigo de las almas: el demonio. El verdadero descanso en el Espíritu, facilita la sanación y la oración en tanto cuanto toca los sentidos internos dispersos y los unifica. Además facilita 'externamente' el sentido profundo de la presencia y del amor de Dios. Algo que no brinda, al 100% la hipnosis.
El descanso en el Espíritu tampoco se trata de un fenómeno natural de hipnosis, donde la voluntad queda casi totalmente suspendida y sometida al hipnotizador, donde la conciencia se entorpece y la memoria de la actividad desarrollada en hipnosis se pierde al volver en sí. A veces esta alienación transitoria de la voluntad transitoria de la voluntad del hipnotizado resulta seriamente peligrosa o dañina.
Nada de esto sucede en el descanso en el Espíritu: la voluntad y el entendimiento se mantienen despiertos y activos, sin someterse a nadie más que a Dios, que es nuestro creador y que es el único que conoce nuestras debilidades y limitaciones desde la infancia misma.
No desde las tales esas 'vidas anteriores' que jamás han existido. Vidas supuestas 'que aparentemente si existen' , pero, porque las ha creado el demonio mismo e incluso, como ángel caído y que ya existía, antes de la creación del genero humano, se ha valido de la 'historia biográfica' de muchas personas a traves de la historia de la humanidad y que incluso, ya varias le acompañan a él en el infierno mismo; las trae al recuerdo, por medio de la hipnosis regresivas.
Podemos decir que Satanás 'junto con los suyos' son quienes le han hecho creer a millones de personas, de que han vivido en otras existencias. De que si deben creer en un alma eterna, pero que jamás, dicha alma, ni es juzgada en un juicio particular y ni que jamás se condena, por una eternidad. Así dicha alma, haya tenido el comportamiento, que haya tenido, sea, bueno, regular o malo. Que todo se reduce a una cuestión de experiencias, de una vida, tras otra vida. No importando la edad o el sexo. La condición social y otros factores más.
Existencias todas en una sucesión interminable. Eso sí, con recompensas o sin ellas, de acuerdo, al comportamiento espontáneo y libertino. Pero sin tener en cuenta los diez mandamientos de Dios, las catorce obras de misericordia y ni las leyes públicas. Con razón la reencarnación, esta llevando a muchos a su perdición eterna, al mismo infierno creado por los mismos ángeles rebeldes.
-PARTE XII-
El obispo de Menorca, [(España Monseñor)] Francisco Conesa Ferrer dedicó la edición de Diálogos en la Catedral al tema siempre actual de la reencarnación, con un título muy sugerente y significativo: “¿Reencarnación o resurrección?”.
Y es que la cuarta parte de la población europea, según algunos cálculos, cree en la doctrina de la trasmigración de las almas. El reciente estudio publicado por la Fundación Santa María revela que el 26,9 % de los jóvenes españoles dicen creer en esta doctrina oriental. [(Y, la cifra sigue creciendo, por cada año, que va pasando)].
Qué es… y por qué está de moda
Monseñor Conesa explicó en su charla en qué consiste esta creencia: para sus defensores, “cuando morimos nuestras almas abandonan el cuerpo y se encarnan en otro, que puede ser humano o no humano, hasta que estén plenamente purificadas”.
De manera que, según el obispo, “en esta concepción el cuerpo es como un vestido que se tira cuando está sucio o inservible para vestirse de otro nuevo”.
Con la solidez de su formación filosófica, el prelado explica el origen de esta creencia, que hay que situar en la India en torno al siglo VIII a.C. y que se extendió después en la Grecia clásica.
Hubo un rebrote en Occidente en la época moderna, sobre todo con la Ilustración y el romanticismo alemán.
En su repaso histórico, subraya finalmente cómo “la creencia en la reencarnación se va difundiendo en Occidente desde finales del siglo XIX por la proliferación y propagación de las sectas de origen e impronta hindú, budista, etc., sobre todo gracias a la teosofía, al espiritismo, al gnosticismo moderno y a la Nueva Era”.
¿Cuáles son las causas de su difusión actual? Para el obispo de Menorca son principalmente dos: “la fascinación por lo oriental y exótico que se da en occidente”, por un lado, y “el silenciamiento de la enseñanza cristiana sobre el más allá", algo que, se constata en la predicación de la Iglesia. De modo que “muchos cristianos piensan de un modo muy vago en el más allá”.
Las justificaciones de la gente
En su intervención, monseñor Conesa planteó una cuestión fundamental: “¿por qué una persona que ha nacido y ha crecido en una civilización con raíces cristianas escoge esa creencia de origen oriental?”. Y aludió a tres justificaciones concretas.
La primera se refiere al problema del mal, para el que el ser humano siempre ha buscado una explicación.
Para la cosmovisión oriental, en la que se enmarca esta creencia, “todo depende del desarrollo mecánico e inercial del karma y de las reencarnaciones”, de forma que “cada uno es responsable del mal que padece en cuanto la malicia de sus acciones en existencias pasadas gravita sobre él en su vida actual”.
La segunda justificación es la necesidad de que haya justicia, pues “la creencia en la reencarnación permite al alma realizar su purificación progresiva por sus solas fuerzas y esfuerzos con tal que se ajuste con minuciosidad a su nueva condición en un cuerpo distinto al de la vida anterior y a sus obligaciones específicas de su nueva existencia humana, animal o vegetal”.
En tercer lugar, la sucesión de reencarnaciones permite que el alma no se juegue “su destino eterno en una sola baza o existencia”, proponiendo futuras oportunidades de felicidad, “sin purgatorio ni infierno”.
La respuesta cristiana: resurrección
A continuación, el obispo de Menorca expone una clave fundamental de la fe cristiana: la creencia en la resurrección de los muertos, que “no nace de la reflexión humana ni de la constatación empírica, sino del acontecimiento único de la glorificación de Jesucristo tras su pasión y muerte”.
Del anuncio cristiano de la resurrección de Cristo nace la convicción de la resurrección de sus seguidores. Y este hecho portentoso “no puede afectar sólo al alma. No se trata de la inmortalidad del alma, de la que hablaba ya el mundo griego. No es eso lo que pasó con Jesús. La resurrección es de la persona entera y esto significa que es también de su cuerpo, porque lo corporal es parte fundamental de la persona”.
Es difícil entender cómo puede ser esto, ya que el cuerpo físico se descompone tras la muerte. El modelo es el cuerpo glorioso de Cristo resucitado.
Lo que resucitará al final junto con el alma “no se trata de un cuerpo físico”, explicó el prelado, “sino de lo corporal del hombre. Para el ser humano la corporalidad supone sobre todo estar en el mundo, mantener comunicaciones con los otros y vivir en la historia”.
9 razones por las que reencarnación y resurrección son incompatibles
Por si hubieran quedado dudas, y ante las propuestas que hacen algunos, monseñor Conesa afirma que “reencarnación y resurrección son dos visiones alternativas del fin de la persona humana, pero también de cómo se concibe al ser humano, su historia y al mismo Dios”.
Por ello, subraya, “estamos ante creencias incompatibles”.
Y detalla algunas diferencias fundamentales. Las resumimos aquí, confrontando lo que trae consigo la resurrección frente a la creencia en la reencarnación. 9 diferencias:
– Una sola muerte, frente a las muchas muertes del ser humano.
– El encuentro con Alguien que ama personalmente al que muere, frente a la disolución del alma en “una realidad impersonal y neutra”.
– “Cada persona es absolutamente única y original” y su cuerpo es parte indispensable de su ser, frente al cuerpo entendido como prisión del alma y como algo secundario.
– La resurrección trae consigo una concepción lineal de la historia, frente a una visión circular del tiempo.
– La vida se experimenta ante la voluntad de Dios, frente a una existencia sujeta a una ley cósmica.
– Existe el pecado como desobediencia a la voluntad de Dios, frente a una concepción de insuficiencia o desequilibrio en el hombre.
– Cada acto del hombre tiene valor y es irrepetible, frente a la idea de que nada es irrevocable y todo es revisable.
– Es posible la esperanza y la lucha por un mundo mejor, frente a un fatalismo que promueve conformarse con lo negativo, que sería consecuencia de culpas de vidas anteriores.
– Existe un Dios personal que quiere salvar al hombre del pecado porque lo ama, frente a una visión del ser humano que lo deja solo, sin lugar para Dios, y responsable único de su salvación individual.
Una innegable contradicción
El obispo de Menorca termina reiterando la incompatibilidad entre reencarnación y resurrección, que “son dos maneras de responder a ese gran misterio que envuelve la vida del hombre” y, como expone con todo detalle, “se trata de dos creencias divergentes e incompatibles”.
Y por si quedara alguna duda, la despeja con una afirmación muy gráfica: “es absurdo que un cristiano afirme creer en la reencarnación, como lo sería que un buen hindú pensara que iba a resucitar”, Cf. Aleteia, Nueve razones por las que reencarnación y resurrección son incompatibles, Espiritualidad, Luis Santamaría, publicado el 19 de Diciembre de 2017.
-PARTE XIII-
La reencarnación, que es afirmada por muchas religiones orientales, la teosofía y el espiritismo, es muy distinta de la resurrección
¿Por qué no cree el cristiano en la reencarnación?
A esta pregunta respondió el teólogo Michael F. Hull de Nueva York al intervenir en la videoconferencia mundial de teología organizada el 29 de abril de 2003 por la Congregación vaticana para el Clero. Estas fueron sus palabras.
La integridad de la persona humana (cuerpo y alma en la vida presente y la futura) ha sido y sigue siendo uno de los aspectos de la revelación divina más difíciles de entender. Son todavía actuales las palabras de san Agustín: «Ninguna doctrina de la fe cristiana es negada con tanta pasión y obstinación como la resurrección de la carne» («Enarrationes in Psalmos», Ps. 88, ser. 2, § 5). Dicha doctrina, afirmada constantemente por la Escritura y la Tradición, se encuentra expresada de la manera más sublime en el capítulo 15 de la Primera carta de San Pablo a los Corintios. Y es declarada continuamente por los cristianos cuando pronuncian el Credo de Nicea: «Creo en la resurrección de la carne». Es una expresión de la fe en las promesas de Dios.
A menudo, aun sin el auxilio de la gracia, la razón humana llega a vislumbrar la inmortalidad del alma, pero no alcanza a concebir la unidad esencial de la persona humana, creada según la "imago Dei". Por ello, a menudo, la razón no iluminada y el paganismo han visto «a través de un cristal, borrosamente» el reflejo de la vida eterna revelada por Cristo y confirmada por su misma resurrección corporal de los muertos, pero no pueden ver «la dispensación del misterio escondido desde siglos en Dios, creador del universo» (Ef 3,9). La noción equivocada de la metempsícosis (Platón y Pitágoras) y la reencarnación (hinduismo y budismo) afirma una transmigración natural de las almas humanas de un cuerpo a otro. La reencarnación, que es afirmada por muchas religiones orientales, la teosofía y el espiritismo, es muy distinta de la resurrección de la fe cristiana, según la cual la persona será reintegrada, cuerpo y alma, el último día para su salvación o su condena.
Antes de la parusía, el alma del individuo, entra inmediatamente, con el juicio particular, en la bienaventuranza eterna del cielo (quizá después de un período de purgatorio necesario para las delicias del cielo) o en el tormento eterno del infierno (Benedicto XII, «Benedictus Deus»). En el momento de la parusía, el cuerpo se reunirá con su alma en el juicio universal. Cada cuerpo resucitado será unido entonces con su alma, y todos experimentarán entonces la identidad, la integridad y la inmortalidad. Los justos seguirán gozando de la visión beatífica en sus cuerpos y almas unificados y también de la impasibilidad, la gloria, la agilidad y la sutileza. Los injustos, sin estas últimas características, seguirán en el castigo eterno como personas totales.
La resurrección del cuerpo niega cualquier idea de reencarnación porque el retorno de Cristo no fue una vuelta a la vida terrenal ni una migración de su alma a otro cuerpo. La resurrección del cuerpo es el cumplimiento de las promesas de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento. La resurrección del cuerpo del Señor es la primicia de la resurrección. "Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que por Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicia; luego los de Cristo en su venida" ( San Pablo en 1 Cor 15,21–23). La reencarnación nos encierra en un círculo eterno de desarraigo corporal, sin otra certidumbre más que la renovación del alma. La fe cristiana promete una resurrección de la persona humana, cuerpo y alma, gracias a la intervención del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, para la perpetuidad del paraíso.
En la carta apostólica Tertio millennio adveniente (14 de noviembre de 1994), escribe Juan Pablo II: «¿Cómo podemos imaginar la vida después de la muerte? Algunos han propuesto varias formas de reencarnación: según la vida anterior, cada uno recibirá una vida nueva bajo una forma superior o inferior, hasta alcanzar la purificación. Esta creencia, profundamente arraigada en algunas religiones orientales, indica de por sí que el hombre se rebela al carácter definitivo de la muerte, porque está convencido de que su naturaleza es esencialmente espiritual e inmortal. La revelación cristiana excluye la reencarnación y habla de una realización que el hombre está llamado a alcanzar durante una sola vida terrenal» (n° 9), Cf. Encuentra.
Dios no solo creó un macrocosmos, sino, que también todo un microcosmos. Como parte de la creación Divina ambos nos rodean por todas partes y no están ahí de forma espontánea o casual. El 73 % de la masa del Universo está formado por la energía oscura, un 23 % es materia oscura (materia oscura fría y materia oscura caliente) y un 4 % materia bariónica.
Pero no porque el universo está formado por la energía, podemos afirmar, que fuimos creados por ella. Ni Dios es energía, pero si, es el creador de ella. Ni el alma es una energía y ni el cuerpo lo es 'en todo el sentido' de la palabra. Pero Dios, si es el creador de cada alma y de cada cuerpo, con su ADN. Todos únicos e irrepetibles.
Sabemos que el cuerpo humano genera calor. Nos damos cuenta de ello, sobre todo, cuando estamos en la cama con fiebre o después de realizar un esfuerzo físico. Es, además, esta capacidad endotérmica la que nos distingue de los reptiles y otros animales de sangre fría.
La energía térmica que desprende constantemente el organismo humano corresponde en promedio a la de una bombilla de 100 vatios. Cada día, una persona libera una media de tres kilovatios hora de energía, una cantidad que podría hacer funcionar un televisor LCD durante 30 horas. El cuerpo humano es 'como' una central eléctrica móvil que proporciona energía a través del movimiento y el calor. Gran parte de esta energía se pierde en el ambiente a traves de las diversas actividades humanas, durante el día y la noche.
Tanto el alma como el cuerpo están unidos y no precisamente por una especie de lazo o de cordón de plata, como lo describen las sectas orientales u occidentales. Nuestra alma fue creada por Dios en un eterno presente y nuestro cuerpo fue concebido de forma prodigiosa, con la asistencia de Dios creador, en un único vientre materno y no en una sucesión de vientres maternos.
Es absurdo decir que cuando Dios creó a Adán y a Eva, en ese mismo instante, comenzaría la tal esa llamada 'pecaminosa, caprichosa y maliciosa' teoría de la reencarnación, acompañada por las leyes del karma y del darma. Estos poderosos argumentos destruyen la teoría reencarnativa en mil pedazos, una y otra vez.
Y, es que es bastante 'aventurado y grave' acerle creer a las personas, que existen, diferentes existencias y que no deben esforzarse o preocuparse por cuidar, asegurar y salvar sus almas. Y, llegan a tal punto, que no se preocupan por el día de su fallecimiento. Toman la reencarnación como si se tratara de un video juego, con todas sus opciones, de dramas y así esten repetidos. Todo de forma muy fácil o comoda. Olvidando que "la reencarnación lleva a la perdición eterna" del alma.
De igual forma. Algunos reencarnacionistas se aventuran a decir que cada persona que nace en la tierra (el planeta infernal) pre-existió en las moradas celestiales. Que las almas humanas son -los ángeles caídos- que fueron expulsados y arrojados a este plano terrenal. Mejor dicho, por su pecado de rebeldía y falta de coherencia, "tuvieron que reencarnarse y enfrentarse", literalmente en este planeta con todos sus cuatro elementos y despojarse de muchos atributos, que poseían como 'espíritus de la luz'.
Santo Tomás de Aquino, dice, en su Suma Teológica: "Esto es imposible. Pues las cosas que tienen la misma especie y difieren numéricamente, coinciden en la forma y se distinguen materialmente. Por lo tanto, si los ángeles no están compuestos a partir de la materia y de la forma, hay que concluir que es imposible que haya dos ángeles de la misma especie. Como imposible es decir que hay muchas blancuras separadas, o muchas humanidades, puesto que las blancuras no son muchas a no ser en cuanto que están en muchas sustancias".
"Los ángeles por naturaleza son incorruptibles. La razón de esto se debe a que nada se corrompe a no ser que su forma se separe de la materia. Pero como quiera que el ángel es su misma forma subsistente, es imposible que su sustancia sea corruptible. Pues lo que le corresponde a un ser por su misma naturaleza es inseparable de él".
Bien. Ya vimos como los reencarnacionistas creen que la sucesión de existencias o la rueda de Saṃsāra, es como un videojuego, con distintos niveles o retos que hay que sortear, una obra de teatro con varias partes para entretenerse o un drama 'libertino' con varias temporadas, a traves de ciclos interminables de nacimientos, vidas, muertes y encarnaciones. Sin contar para nada con la presencia Dios e incluso la sustiyuyen con la presencia de los "señores del karma o darma". Es un error, tras otro error. Todo un comodín que se hace de la 'vida vanidosa y codiciosa' erróneamente.
Hasta los reencarnacionistas aseguran que los reencarnados viven en una especie de simulación de la realidad o son actores de una matrix creada, para que puedan hacer lo que les antoje, adquieran conocimientos, compartan experiencias 'malas. regulares o buenas' y vayan evolucionando. A simple vista el concepto de la conciencia se pierde y se deforma todo el tema del mal y del bien, por causa de la rebeldía de los ángeles y del pecado original de nuestros primeros padres.
-PARTE XIV-
Mateo 11:7-14 declara, "Mientras se iban los discípulos de Juan, Jesús comenzó a hablarle a la multitud acerca de Juan: «¿Qué salieron a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Si no, ¿qué salieron a ver? ¿A un hombre vestido con ropa fina? Claro que no, pues los que usan ropa de lujo están en los palacios de los reyes. Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? Sí, les digo, y más que profeta. Éste es de quien está escrito:» “Yo estoy por enviar a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino” Les aseguro que entre los mortales no se ha levantado nadie más grande que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si quieren aceptar mi palabra, Juan es el Elías que había de venir'.' Aquí Jesús cita de Malaquías 3:1, donde el mensajero parece ser una figura profética que va a aparecer. Según Malaquías 4:5, este mensajero es "el Profeta Elías", quien Jesús identifica aquí como Juan el Bautista. ¿Esto significa que Juan el Bautista era Elías reencarnado? De ninguna manera.
En primer lugar, los oyentes originales de Jesús (y los lectores originales de Mateo) nunca habrían asumido que las palabras de Jesús se referían a la reencarnación. Además, Elías no murió; fue llevado al cielo en un torbellino mientras cabalgaba en un carro de fuego (2 Reyes 2:11). Argumentar una reencarnación (o una resurrección) de Elías no tiene sentido. En todo caso, la profecía del Elías "por venir" habría sido vista como el regreso físico de Elías a la tierra desde el cielo.
En segundo lugar, la Biblia es muy clara en que se da esta designación a Juan el Bautista porque él vino en el "espíritu y poder de Elías" (Lucas 1:17), no porque él era Elías en un sentido literal. Juan el Bautista es el precursor del Nuevo Testamento que endereza el camino para la llegada del Señor, tal como Elías llenaba ese papel en el Antiguo Testamento (y lo volverá a hacer en el futuro – Apocalipsis 11).
En tercer lugar, Elías mismo aparece con Moisés en la Transfiguración de Jesús después de la muerte de Juan el Bautista. Esto no habría ocurrido si Elías hubiese cambiado su identidad por la de Juan (Mateo 17:11-12).
Cuarto, Marcos 6:14-16 y 8:28 muestran que tanto la gente como Herodes distinguieron entre Juan el Bautista y Elías.
Finalmente, la prueba de que este Juan el Bautista no era Elías reencarnado viene del mismo Juan. En el primer capítulo del Evangelio de Juan el Apóstol, Juan el Bautista se identifica como el Mensajero de Isaías 40:3, no como el Elías de Malaquías 3:1. Juan el Bautista incluso llega a negar específicamente que él fuera Elías (Juan 1:19-23).
Juan hizo por Jesús lo que Elías debía haber hecho para la venida del Señor, pero Juan no era Elías reencarnado. Jesús identificó a Juan el Bautista en su papel como Elías, mientras que Juan el Bautista rechazó la identificación. ¿Cómo conciliar estas dos enseñanzas? Hay una frase clave en la identificación de Jesús de Juan el Bautista con Elías en el texto arriba que no debe ser pasado por alto. Él dice, "Y si quieren aceptar mi palabra, Juan es el Elías que había de venir". En otras palabras, la identificación de Juan el Bautista como Elías no se basaba en él siendo Elías, sino en las respuestas de las personas a su papel. Para aquellos que estaban dispuestos a creer en Jesús, Juan el Bautista funcionó como Elías, porque ellos creían en Jesús como Señor. A los líderes religiosos que rechazaron a Jesús, Juan el Bautista no realizó esta función, Cfr. Got Questions, ¿Era Juan el Bautista realmente Elías Reencarnado?.
¿Entonces qué del Karma, que había adquirido el mismo profeta Elías, cuando hizo que degollaran a varios profetas en su tiempo? ¿Lo decapitaron a él mismo -ya reencarnado- en otro cuerpo, como Juan Bautista, siglos después, por tal causa?
Primero que todo, es descabellado interpretar los textos bíblicos con estas formas, sin ningún rigor hermenéutico. No podemos relacionar al Profeta Elías con los extraterrestres y menos con la absurda ley del karma o como un caso de reencarnación.
Los israelitas, ya consolidados como amos de la tierra de Israel, afrontaron la tentación de seguir otras divinidades diferentes del Dios único que les había guiado,, contra todas las adversidades, de ver y por haber.
El Dios de las sagradas escrituras no se confunde con la naturaleza. La tentación de representar la divinidad o de convertirla en un objeto de superstición era frecuente en esos tiempos de rivalidades y conquistas. Serían los profetas del Señor Yavé, quienes mantendrían al pueblo alerta, contra la tentación de seguir a otros dioses paganos, acompañados por guerreros desalmados.
El primer y más célebre profeta es Elías, que vivió en el siglo IX a.C. No dejó ningún libro con su nombre, pero le conocemos por lo que nos refieren diversass citas bíblicas, bastantes interesantes. Por entonces el reino del norte, Israel, pasaba por una euforia, sin igual, debido a sus victorias militares sobre los Sirios. El rey Acab se casó con una princesa fenicia llamada Jezabel, que indujo a los israelitas a seguir el culto al dios Baal, infidelidad contra la que predicó Elías ganándose la enemistad de la soberana con sus crueles vasallos.
Con motivo de una severa y prolongada sequía, y para demostrar que el Dios de Israel es el verdadero Dios, Elías hace que Acab reúna a 450 profetas de Baal en el monte Carmelo. Recordemos que la montaña, era, como el lugar privilegiado del encuentro con Dios con los suyos. Allí invita a los sacerdotes paganos a que logren que su divinidad encienda la leña de un altar, empresa en la que fracasan.
Luego hace que preparen un altar igual, y que mojen la madera tres veces, y logra que Dios lo encienda. Con esto deja en ridículo a los profetas de Baal, que la emprenden amenazando al profeta y al pueblo elegido, como un desquite.
Vencedor, Elías ordena que degüellen a los sacerdotes con todas sus tramoyas. La sequía cesó, pero Elías tuvo que huir para evitar la venganza de Jezabel. La huida, sin embargo, se convertiría en una bendición, porque por su causa el profeta gozaría de la visión del Dios único al que servía con perseverante fidelidad.
En cuanto a la muerte de Juan Bautista, que no era la reencarnación de Elías. Después que Salomé, la hija de su esposa, bailó ante él, Herodes prometió públicamente que ella podría tener “todo lo que pidiese” (Mateo 14:7). La hija consultó a su madre y pidió la cabeza de Juan el Bautista y, en consecuencia, Herodes, como todo un dictador, hizo que Juan Bautista fuera decapitado.
El investigador, prestigitador y columnista Angelo Stagnaro, sintetiza con estas veinte razones, lo que es el Karma y más, si va relacionado a la nefasta reencarnación.
1. El karma es una filosofía esencialmente fatalista y determinista, un sistema que sugiere la aceptación pasiva de un universo mecánicamente regulado en sustitución de la responsabilidad moral individual.
2. Si el karma formase parte del cosmos como las principales constantes físicas (la constante de gravitación universal, la velocidad de la luz en el vacío o la carga del electrón) o las fuerzas fundamentales de la naturaleza (gravitatoria, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil) habría sido detectado alguna vez. No lo ha sido.
3. Si, como presupone la filosofía del karma, éste integra la estructura del universo, por definición carecería de conciencia, por lo cual no podría dar lugar a un movimiento espiritual ni distinguir el bien del mal, y por tanto tampoco la justicia de la injusticia. Difícilmente puede así reequilibrar nada.
4. Dado que el karma no puede reconocer un orden de justicia ajeno a él, él es su propio sistema de justicia. ¿Qué atribuimos entonces al karma? ¿Es culpable el terrorista islámico que asesina a cientos de cristianos que aparentemente no lo merecen, o sí lo merecen y el crimen es solo aparente, expresión de una compensación cuyas claves se nos escapan? La autosuficiencia moral del karma, subraya Stagnaro, "suena a explicación que no explica nada".
5. El karma es irreconciliable con el cristianismo porque está ligado a la doctrina de la reencarnación, reprobada por San Pablo: "El destino de los hombres es morir una sola vez; y después de la muerte, el juicio" (Heb 9, 27).
6. Si la reencarnación es el resultado final de toda una vida de hacer el bien o hacer el mal, ¿por qué el alma reencarnada no tiene conciencia de ello? Es un castigo que hace imposible la rehabilitación, pues el hombre reencarnado desconoce el porqué de su estado actual. En consecuencia, tampoco dispone de un criterio para influir sobre el sentido de sus futuras reencarnaciones.
7. El creyente en el karma tiene cosas muy poco compasivas que decir a quien sufre, más allá de que él (o sus seres queridos, si son la causa de su sufrimiento) "hicieron algo horrible en una vida anterior". El cristiano sabe al menos que el sufrimiento que Dios permite tiene un sentido en su plan para cada uno de los hombres, a quienes ama y por quienes Él también sufrió.
8. El karma hace imposible la justicia humana y la misericordia. ¿Por qué castigar al asesino por matar a su víctima, si su víctima mereció esa muerte horrible en una vida anterior? ¿Por qué ayudar a los pobres, si ser pobres es la retribución en esta vida a sus maldades de la anterior?
9. Si el karma gobierna el universo, y eso incluye la mente y el corazón de todos, y si ejecuta una justicia cósmica sobre todos los seres humanos a lo largo del tiempo, ¿qué lugar queda para el libre albedrío individual?
10. Para que el karma dispensase justicia, tendría que controlar todos los aspectos físicos y emocionales del universo entero. Por tanto, una espiritualidad basada en el karma no sería una espiritualidad, sino una ciencia y, en cuanto ciencia, debería responder a una demostración objetiva y experimental. Pero ninguna ciencia lo detecta...
11. La virtud, tal como la concibe el cristianismo, no tiene lugar en un sistema kármico, porque en éste no son la gracia de Dios y la perseverancia la que nos fortifican en el bien para crear el hábito virtuoso, sino el impulso desconocido de una vida anterior (luego no hay gracia) de la que no sabemos nada (luego no hay voluntad que siga al conocimiento).
12. Distinguir el bien del mal en algunos casos exige una gran especialización teórica y práctica en la teología moral. Pero, según el sistema kármico, cualquier creyente en las filosofías orientales tiene una perfecta comprensión del karma, lo que degrada la misma idea del discernimiento moral.
13. Según el karma, "las buenas cosas le suceden a las buenas personas, y las malas cosas a las malas personas". Esto solo tiene sentido autorreferencial, pues lo bueno y lo malo sería lo que sucede según el karma. En cualquier caso, ese principio no solo contradice la experiencia común (¿son malos los niños a quienes suceden cosas malas?) sino la literalidad del Evangelio: "Vuestro Padre celestial... hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos" (Mt 5, 45).
14. Si algunos creyentes en el karma afirman que Jesucristo creyó en él y lo enseñó, es porque desconocen por completo la vida y enseñanza de Nuestro Señor, que discurrió exactamente en sentido opuesto: "En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera»" (Lc 13, 1-5).
15. El carácter mecánico del karma hace inexplicable la conciencia, la moralidad y la libertad del hombre, con su condición de misterios excepcionales que remiten a la existencia de un Creador que -a diferencia del karma- trasciende el plano materialista de la existencia.
16. La popularidad del karma en Occidente, afirma Stagnaro, no es más que fruto de un "orientalismo exótico y racista", porque presumir de budista, como presumir de feminista o de vegano, es algo cool y te hace aparecer como "espiritualmente superior" sin tener que aprender, ni estudiar, ni rezar, ni atender a los leprosos. Pero "no hay nada fácil en la espiritualidad, si no, el planeta estaría lleno de santos y los países con mayor número de creyentes en el karma serían los más justos, serenos y humanitarios del mundo, lo cual es rotundamente falso".
17. ¿Quiénes son y dónde están esos santos de carne y hueso que produciría la creencia en el karma? "Los charlatanes hablan mucho pero no aportan nada para demostrar sus alegatos, que solo se creen los ingenuos", afirma Stagnaro: "Exigen fidelidad y obediencia, pero enfurecen cuando se les exigen pruebas".
18. El karma se desconoce a sí mismo. La visión del mundo judeocristiana puede explicarse a sí misma. El karma no puede explicar por que está aquí y cómo llegó.
19. Cristo y su Iglesia son suficientes para la salvación. ¿Cómo lo sabemos? Porque Jesús lo dice, lo cual quiere decir que un católico no tiene que introducir en la Iglesia ideas no cristianas como el yoga, el karma, la reencarnación o el veganismo, de las que Jesús no habló nunca.
20. El karma impersonal no puede sanar, guiar, consolar, instruir o amar a nadie, no te reconocería ni aunque te presentaras a él. Toda auténtica experiencia de sanación, orientación, consuelo, iluminación o amor lo que prueba es que hay alguien, Dios, una conciencia personal que nos ama.
Dos opciones
En resumen, concluye Stagnaro, quien busca la Verdad se halla ante dos opciones: o la fe en un Dios omnisciente y omnipotente que es Amor y quiere llevarnos con Él ("Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí", Jn 12, 32) y nos promete la redención y la misericordia, la sabiduría y la virtud; o la fe en un karma que carece de conciencia personal y moral y por arte de magia todo lo sabe y todo lo controla.
Por si alguien tiene dudas, él recomienda meditar un par de versículos del libro de Josué: "Pues bien: temed al Señor; servidle con toda sinceridad; quitad de en medio los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del Río y en Egipto; y servid al Señor. Pero si os resulta duro servir al Señor, elegid hoy a quién queréis servir: si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país habitáis; que yo y mi casa serviremos al Señor" (Jos 24, 14-15), Cfr. National Catholic Register, 20 maneras en las que sabemos que no existe tal cosa como el karma, 30 de Junio de 2020.
-PARTE XV-
Recordemos que fueron miríadas y miríadas de ángeles de todos los coros angelicales los que se rebelaron, de un momento a otro, ante Dios, Uno y Trino. Al estar ya en la ocuridad, ellos mismos, escogieron y crearon el infierno, para que desde esta morada, poder desarrollar todas las artimañas posibles, para hacer 'caer en tentación y en pecado' al mayor número posible de humanos, de todos los tiempos y de todas las edades y, conducirlos a su perdición eterna.
Y, una de las primeras estrategias, fue la de la reencarnación. Primeramente dejarían pasar varias generaciones de humanos de todos los continentes. Seguidamente tomarían de esas generaciones, muchas historias y testimonios vividos de muchas personas (entre ellas de varios condenados); para presentarselos o darlos a conocer, a otras personas, desde tempranas edades y finalmente hacerles creer, que ellas mismas fueron las protagonistas de esas mismas anteriores existencias, con todos sus dramas.
Posteriormente conociendo los 'ángles caídos' de como funcionaba el cerebro humano, se valdrían de la hipnosis, para alcanzar, lo que anteriormente describimos. Hacer que cualquier persona 'creyera y recordara, nítida y espontamente' otras supuestas vidas suyas, bajo el influjo infernal y sin la hipnosis. Significó un gran paso.
Pero, aún, faltaba hacer algo más, frente a otras personas que por su ansiedad, necesitaban descubrir, si la tal esa reencarnación existía. El primer desarrollo de todas esta estrategia comenzaría alrededor de 4500-5000 a. C. a 1800 a. C. y el segundo desarrollo se afianzaría entre los siglos VI y IV a. C. Con la expansión del Hinduismo y el Budismo.
La tercera parte de la estrategia comenzaría con los últimas dinastías Egipcias 525 a.C, del periodo grecorromano. En ellas podemos descubrir precedentes históricos del uso de técnicas similares a la hipnosis empleada en los llamados Templos Egipcios del Sueño.
Y, la cuarta parte de la estrategia. No sería hasta mediados del siglo XVIII cuando se inicia el primer estudio sistemático de lo que suponía un estado psico-fisiológico especial que más tarde se conocería con el término de hipnosis. Franz Anton Mesmer, (1734-1815) doctorado en Medicina y Filosofía a sus 35 años en Viena, escribió su tesis doctoral titulada De planetarium Influxu, influenciada por las teorías de Paracelso sobre la interrelación entre los cuerpos celestes y el ser humano. Mesmer formuló la teoría del magnetismo animal que nos venía a decir que todo ser vivo irradia un tipo de energía similar o parecido al magnetismo físico de otros cuerpos y que puede transmitirse de unos seres a otros, llegando a tener una aplicación terapéutica.
Serían los discípulos del señor Mesmer y posteriores investigadores quienes determinarían que las "milagrosas" curaciones en los trances hipnóticos, llamados sueños magnéticos o mesmerismo hasta aquel entonces, se producían por una condición llamada sugestión. Un cirujano escocés llamado James Braid, (1795-1860) fue el primero en acuñar el término "hipnosis", enunciando una de las formas que lo explicaban: "la fijación sostenida de la mirada paraliza los centros nerviosos de los ojos y sus dependencias que, alterando el equilibrio del sistema nervioso, produce el fenómeno".
La hoja de ruta de la reencarnación ya esta lista. Faltaba que ya en pleno siglo XX 'alguien' con la ayuda de la hipnosis, comenzará con las tales regresiones, que los ángeles caídos ya tenían listas por millonadas. El Doctor Brian Weiss fue quien popularizó esta técnica. Es un médico y psiquiatra estadounidense, conocido por sus investigaciones sobre: la reencarnación, la regresión de vidas pasadas, la progresión en vidas futuras, y la supervivencia del alma humana después de la muerte física. Durante su práctica psiquiátrica, investigó y elaboró metodologías para trabajar la regresión.
Así que ya empieza a ejecutarse el plan del infierno. Hacer que por medio de la reencarnación, la hipnosis, la regresión y el apartarse del credo católico, millones de almas, se condenen por una eternidad infeliz.
Y, es que hacer que alguien 'por ignorancia, orgullo y curiosidad' pierda el control de sí mismo por el poder de las palabras de un hipnotizador y que despierte al escuchar “un, dos, tres”, para después olvidarlo todo, es una imagen producto de la ficción. La hipnosis como algo sobrenatural no existe y este espectáculo está muy lejos del método aplicado por la psicología y la medicina.
Esto defiende la Asociación para el Avance de la Hipnosis Experimental y Aplicada (AAHEA), agrupación que alerta de los perjuicios que tiene la farsa exhibida 'de la hipnosis regresiva' en las redes sociales, en la televisión, en la radio, en los teatros, en los parques públicos, en los clubs, en los pubs, circos, revistas o libros. Medios por los cuales los estafadores y ocultistas, ya tienen sus famas bien aseguradas y sus bolsillos repletos de mucho dinero. Observación y aclaración: A nadie y a ningún medio en particular, estamos señalando, con nombre propio. Lejos siempre esas figuras. No tenemos la última palabra. Entonces, ¿la hipnosis: cuándo es real y cuándo es un timo, con todos los dramas que la acompañan en todas partes?
Antonio Capafons, presidente del colectivo y catedrático del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia, aporta las claves para entender -qué es y qué no- esta técnica y para qué se utiliza.
Desde que surgiera, se ha mostrado continuamente en los escenarios de congresos, ferias y freak shows, atrayendo a las masas con su cara más espectacular: una persona en trance experimenta reacciones como si realmente le acontecieran y después no recuerda nada, u olvida que alguien le dio instrucciones para que actuara de una u otra manera.
Olvidar que alguien nos ha dado una información pero recordar qué se nos ha dicho se llama amnesia de fuente o criptomnesia. En realidad, la pérdida total de memoria le pasa a muy poca gente. La hipnosis funciona de forma similar al placebo, pero la sociedad la asocia con creencias muy fascinantes como el poder para controlar la mente que tiene lugar en obras fantásticas de Hollywood o en algunas series que se pasan por los canales streaming. Todo eso es falso, solo trucos para crear una ilusión. Normalmente, en las funciones hay ganchos entre el público conchabados con el hipnotizador", señala Capafons, en sus conferencias.
Todo lo que pueda conseguirse con la hipnosis se puede conseguir sin ella, avisa este experto. "Se trata de una especialidad con un recorrido histórico que ha otorgado a las psicoterapias modernas un lenguaje interdisciplinar entre los profesionales de la salud, creando mayor entendimiento para tratar problemas como el dolor o los trastornos psicológicos como la ansiedad y el recuerdo de vidas pasadas. Los mencionados teatros distorsionan la realidad de los avances en el campo de la neurociencia, psicología y medicina, y de la apuesta de las sociedades y los colegios profesionales por ponerla al servicio de las personas, no de audiencias o cuentas corrientes".
Todo lo que pueda conseguirse con la hipnosis se puede conseguir sin ella. En el mundo anglosajón, esta actividad se aplica en el campo clínico para tratar el dolor desde hace más de un siglo, aunque en España todavía se ignora como herramienta de intervención sanitaria: “Se busca provocar cambios que beneficien a la persona, que los percibe como si no hiciera esfuerzos para conseguirlos, aunque realmente los realiza sin darse cuenta. Muchos profesionales evitan dar el nombre de hipnosis a los procedimientos que usan y los venden como sofrología [otro conjunto de recursos de sugestión], visualización o práctica guiada. Deberían etiquetarse correctamente para evitar que el término se quede en manos de personas cuyas intenciones no pasan por alcanzar el beneficio del usuario”, observa Capafons.
Creer o no creer. Este método no consiste únicamente en hacer preguntas. Se trata de un conjunto de procedimientos muy variados, como los utilizados para la relajación, pero sin profundizar en ningún estado de la misma. De hecho, existe la hipnosis despierta, donde no se insta al sueño y a tranquilizarse, sino a la "actividad y la expansión mental. El individuo puede hablar fluidamente, caminar y realizar las tareas cotidianas, mientras experimenta las sugestiones hipnóticas" explica Capafons. La base del esquema del proceso consiste, según el presidente de AAEHA, en "evaluar primero las creencias que tiene la persona que va a ser tratada".
Tan peligroso es creer al impostor como el desconocimiento de las posibilidades terapéuticas que tiene su versión clínica, indica este especialista: “Uno de los riesgos es la creación de falsos recuerdos, haciendo pensar a la persona que puede acceder a vidas pasadas. Hay quien cree que ha recuperado memorias de cuando estaba en el útero, que se acuerda de haber sido abducido por extraterrestres o de momentos aciagos de su infancia que había bloqueado. Hay asociaciones de afectados en Reino Unido, Estados Unidos y Australia por este problema. Hablamos de algo muy grave, ya que en ciertas personas no es difícil generarlos". Muchos demandan hipnosis "porque la han visto en televisión o en el celular, y piensan que es muy rápida, mágica y sin esfuerzo. En cambio, otros la evitan porque no se creen que pueda ser una herramienta sanitaria", añade.
La sugestión puede reducir el dolor, aplacar el hambre o hacer que el tiempo pase más deprisa para pacientes en tratamientos médicos o psicológicos. “Antes de empezar la terapia, es necesario que el paciente entienda que él mismo tendrá el control de lo que suceda sin perder la conciencia (si lo hace, es porque se quedará dormido, aunque le pasa a muy poca gente)". Esta fórmula tiene como objetivo conocerse mejor a sí mismo, motivarse y tener más energía con el fin de implicarse en el tratamiento en el que esté inmerso. Al usuario se le enseña una serie de ejercicios que le permitirán salir de él cuando lo necesite. "Siempre es mejor que la propia persona se autohipnotice y esta tarea se refuerce con heterohipnosis, es decir, apoyo a cargo del buen, coherente y honesto terapeuta”, aconseja el catedrático.
“Existen intentos internacionales, por afanes lucrativos, para crear una profesión llamada hipnoterapeuta, partiendo de una formación con base científica insuficiente, o incluso ausente, en psicopatología que pretende sanar casi todo. Quien diga que así se cura desde un cáncer a una fibromialgia, depresión, tabaquismo o ansiedad nos está mintiendo, como los chamanes del siglo XIX”. Por sus posibles efectos adversos, Israel es el único país que prohíbe en su legislación la hipnosis como espectáculo.
Alivio, motivación y ahorro sanitario. Este recurso puede contribuir a toda una gama de beneficios para aliviar las molestias habituales derivadas de diversas enfermedades: reducir el dolor, aplacar el hambre, tolerar sustancias desagradables, hacer que el tiempo pase más deprisa; dar tranquilidad, firmeza, seguridad, indiferencia o favorecer alternaciones emocionales o físicas importantes como, por ejemplo, que aquellas personas que experimentan mucho frío debido a problemas de circulación periférica, sientan más calor.
Ni complementaria ni sustitutoria. La eficacia en el ámbito clínico reside en actuar como coadyuvante (auxiliar) en el campo del dolor, en el oncológico, del colon irritable, de la cirugía o de la adicción al juego. “Cuanto más falible resulta es cuando se usa como única intervención. Solo para algunos casos de dolor y en algunas personas, una única sesión puede funcionar muy bien como el placebo, pero no es lo normal ni lo aconsejable. Debe formar parte de un tratamiento para incrementar su eficacia y eficiencia”.
En torno al 70-80% de las personas que combinan la intervención médico-psicológico con hipnosis muestra una respuesta positiva, cuenta el especialista. “Y es más eficiente en dos sentidos: ahorra esfuerzo y sufrimiento al paciente, permitiendo una mayor calidad de la intervención; y ahorra bastante dinero a la administración pública, en según qué intervenciones hospitalarias. En países como Estados Unidos, Australia e Israel se utiliza de forma regular en el ámbito sanitario”, concluye Capafons, Cfr. Psicología - Hipnosis: cuándo es real y cuándo es un timo - El País (Bienestar) - Lic.Kristian Suleng - 25 de Mayo de 2016.
-PARTE XVI-
Tampoco podemos confundir los sueños con los recuerdos de las vidas pasadas. Durante los sueños o pesadillas nuestros cerebros estan funcionando en otras frecuencias o niveles de energía, que van ayudando a equilibrar, a relajar y a tonificar, todos los organos del cuerpo humano de forma extraordinaria. Y, estas experiencias oníricas 'nada' tienen que ver ni con los recuerdos de vidas pasadas y mucho menos con diversos fenómenos del mundo paranormal.
Y, es precisamente en este 'mundo paranormal' cuando los enemigos del alma, cuerpo, mente y espíritu, ósea, los ángeles caídos, demonios y condenados en el infierno, donde hacen más de las suyas; contra todo el genero humano y sin consideración alguna. Ellos conocen de forma perfecta todo lo relacionado a la persona humana y a tal punto, que para poderlo manipular o influir a traves de los tiempos o eras de la historia de la humanidad, fueron tomando características, estas criaturas: de dioses, de ángeles de luz, de seres fantásticos, mitológicos o híbridos, de incubos o súcubos, de parástos astrales, de espectros en la oscuridad, de extraterrestres o alienígenas, arcontes, guías o maestros ascendidos, de guardianes y vigilantes.
Todo un plan calculado que comenzó con la rebeldía de los ángeles en las moradas celestiales. Que continuo con la caída de Adán y Eva. Y, Seguidamente a seguido, a traves de toda la historia 'truculenta' del género humano, hasta el juicio universal. Y, no es un paradigma. Las mismas sagradas escrituras nos enseñan esta realidad palpable y el Catecismo de la Iglesia Católica, lo recuerda:
"386 El pecado está presente en la historia del hombre: sería vano intentar ignorarlo o dar a esta oscura realidad otros nombres. Para intentar comprender lo que es el pecado, es preciso en primer lugar reconocer el vínculo profundo del hombre con Dios, porque fuera de esta relación, el mal del pecado no es desenmascarado en su verdadera identidad de rechazo y oposición a Dios, aunque continúe pesando sobre la vida del hombre y sobre la historia.
"387 La realidad del pecado, y más particularmente del pecado de los orígenes, sólo se esclarece a la luz de la Revelación divina. Sin el conocimiento que ésta nos da de Dios no se puede reconocer claramente el pecado, y se siente la tentación de explicarlo únicamente como un defecto de crecimiento, como una debilidad psicológica, un error, la consecuencia necesaria de una estructura social inadecuada, [(la reencarnación y el karma)], etc. Sólo en el conocimiento del designio de Dios sobre el hombre se comprende que el pecado es un abuso de la libertad que Dios da a las personas creadas para que puedan amarle y amarse mutuamente".
"391 Detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios (cf. Gn 3,1-5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (cf. Sb 2,24). La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo (cf. Jn 8,44; Ap 12,9). La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem natura creati sunt boni, sed ipsi per se facti sunt mali ("El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos") (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS, 800)".
"392 La Escritura habla de un pecado de estos ángeles (2 P 2,4). Esta "caída" consiste en la elección libre de estos espíritus creados que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino. Encontramos un reflejo de esta rebelión en las palabras del tentador a nuestros primeros padres: "Seréis como dioses" (Gn 3,5). El diablo es "pecador desde el principio" (1 Jn 3,8), "padre de la mentira" (Jn 8,44)".
"396 Dios creó al hombre a su imagen y lo estableció en su amistad. Criatura espiritual, el hombre no puede vivir esta amistad más que en la forma de libre sumisión a Dios. Esto es lo que expresa la prohibición hecha al hombre de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, "porque el día que comieres de él, morirás sin remedio" (Gn 2,17). "El árbol del conocimiento del bien y del mal" evoca simbólicamente el límite infranqueable que el hombre en cuanto criatura debe reconocer libremente y respetar con confianza. El hombre depende del Creador, está sometido a las leyes de la Creación y a las normas morales que regulan el uso de la libertad".
"397 El hombre, tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su creador (cf. Gn 3,1-11) y, abusando de su libertad, desobedeció al mandamiento de Dios. En esto consistió el primer pecado del hombre (cf. Rm 5,19). En adelante, todo pecado será una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad".
"398 En este pecado, el hombre se prefirió a sí mismo en lugar de Dios, y por ello despreció a Dios: hizo elección de sí mismo contra Dios, contra las exigencias de su estado de criatura y, por tanto, contra su propio bien. El hombre, constituido en un estado de santidad, estaba destinado a ser plenamente "divinizado" por Dios en la gloria. Por la seducción del diablo quiso "ser como Dios" (cf. Gn 3,5), pero "sin Dios, antes que Dios y no según Dios" (San Máximo el Confesor, Ambiguorum liber: PG 91, 1156C)".
"399 La Escritura muestra las consecuencias dramáticas de esta primera desobediencia. Adán y Eva pierden inmediatamente la gracia de la santidad original (cf. Rm 3,23). Tienen miedo del Dios (cf. Gn 3,9-10) de quien han concebido una falsa imagen, la de un Dios celoso de sus prerrogativas (cf. Gn 3,5)".
"400 La armonía en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra (cf. Gn 3,7); la unión entre el hombre y la mujer es sometida a tensiones (cf. Gn 3,11-13); sus relaciones estarán marcadas por el deseo y el dominio (cf. Gn 3,16). La armonía con la creación se rompe; la creación visible se hace para el hombre extraña y hostil (cf. Gn 3,17.19). A causa del hombre, la creación es sometida "a la servidumbre de la corrupción" (Rm 8,21). Por fin, la consecuencia explícitamente anunciada para el caso de desobediencia (cf. Gn 2,17), se realizará: el hombre "volverá al polvo del que fue formado" (Gn 3,19). La muerte hace su entrada en la historia de la humanidad (cf. Rm 5,12)".
"401 Desde este primer pecado, una verdadera invasión de pecado inunda el mundo: el fratricidio cometido por Caín en Abel (cf. Gn 4,3-15); la corrupción universal, a raíz del pecado (cf. Gn 6,5.12; Rm 1,18-32); en la historia de Israel, el pecado se manifiesta frecuentemente, sobre todo como una infidelidad al Dios de la Alianza y como transgresión de la Ley de Moisés; e incluso tras la Redención de Cristo, entre los cristianos, el pecado se manifiesta de múltiples maneras (cf. 1 Co 1-6; Ap 2-3). La Escritura y la Tradición de la Iglesia no cesan de recordar la presencia y la universalidad del pecado en la historia del hombre: «Lo que la Revelación divina nos enseña coincide con la misma experiencia. Pues el hombre, al examinar su corazón, se descubre también inclinado al mal e inmerso en muchos males que no pueden proceder de su Creador, que es bueno. Negándose con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompió además el orden debido con respecto a su fin último y, al mismo tiempo, toda su ordenación en relación consigo mismo, con todos los otros hombres y con todas las cosas creadas» (GS 13,1)".
"402 Todos los hombres están implicados en el pecado de Adán. San Pablo lo afirma: "Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores" (Rm 5,19): "Como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron..." (Rm 5,12). A la universalidad del pecado y de la muerte, el apóstol opone la universalidad de la salvación en Cristo: "Como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo (la de Cristo) procura a todos una justificación que da la vida" (Rm 5,18)".
"403 Siguiendo a san Pablo, la Iglesia ha enseñado siempre que la inmensa miseria que oprime a los hombres y su inclinación al mal y a la muerte no son comprensibles sin su conexión con el pecado de Adán y con el hecho de que nos ha transmitido un pecado con que todos nacemos afectados y que es "muerte del alma" (Concilio de Trento: DS 1512). Por esta certeza de fe, la Iglesia concede el Bautismo para la remisión de los pecados incluso a los niños que no han cometido pecado personal (cf. ibíd., DS 1514)".
"404 ¿Cómo el pecado de Adán vino a ser el pecado de todos sus descendientes? Todo el género humano es en Adán sicut unum corpus unius hominis ("Como el cuerpo único de un único hombre") (Santo Tomás de Aquino, Quaestiones disputatae de malo, 4,1). Por esta "unidad del género humano", todos los hombres están implicados en el pecado de Adán, como todos están implicados en la justicia de Cristo. Sin embargo, la transmisión del pecado original es un misterio que no podemos comprender plenamente. Pero sabemos por la Revelación que Adán había recibido la santidad y la justicia originales no para él solo sino para toda la naturaleza humana: cediendo al tentador, Adán y Eva cometen un pecado personal, pero este pecado afecta a la naturaleza humana, que transmitirán en un estado caído (cf. Concilio de Trento: DS 1511-1512). Es un pecado que será transmitido por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales. Por eso, el pecado original es llamado "pecado" de manera análoga: es un pecado "contraído", "no cometido", un estado y no un acto".
"405 Aunque propio de cada uno (cf. ibíd., DS 1513), el pecado original no tiene, en ningún descendiente de Adán, un carácter de falta personal. Es la privación de la santidad y de la justicia originales, pero la naturaleza humana no está totalmente corrompida: está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado (esta inclinación al mal es llamada "concupiscencia"). El Bautismo, dando la vida de la gracia de Cristo, borra el pecado original y devuelve el hombre a Dios, pero las consecuencias para la naturaleza, debilitada e inclinada al mal, persisten en el hombre y lo llaman al combate espiritual".
"406 La doctrina de la Iglesia sobre la transmisión del pecado original fue precisada sobre todo en el siglo V, en particular bajo el impulso de la reflexión de san Agustín contra el pelagianismo, y en el siglo XVI, en oposición a la Reforma protestante. Pelagio sostenía que el hombre podía, por la fuerza natural de su voluntad libre, sin la ayuda necesaria de la gracia de Dios, llevar una vida moralmente buena: así reducía la influencia de la falta de Adán a la de un mal ejemplo. Los primeros reformadores protestantes, por el contrario, enseñaban que el hombre estaba radicalmente pervertido y su libertad anulada por el pecado de los orígenes; identificaban el pecado heredado por cada hombre con la tendencia al mal (concupiscentia), que sería insuperable. La Iglesia se pronunció especialmente sobre el sentido del dato revelado respecto al pecado original en el II Concilio de Orange en el año 529 (cf. Concilio de Orange II: DS 371-372) y en el Concilio de Trento, en el año 1546 (cf. Concilio de Trento: DS 1510-1516)".
"407 La doctrina sobre el pecado original —vinculada a la de la Redención de Cristo— proporciona una mirada de discernimiento lúcido sobre la situación del hombre y de su obrar en el mundo. Por el pecado de los primeros padres, el diablo adquirió un cierto dominio sobre el hombre, aunque éste permanezca libre. El pecado original entraña "la servidumbre bajo el poder del que poseía el imperio de la muerte, es decir, del diablo" (Concilio de Trento: DS 1511, cf. Hb 2,14). Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social (cf. CA 25) y de las costumbres".
"408 Las consecuencias del pecado original y de todos los pecados personales de los hombres confieren al mundo en su conjunto una condición pecadora, que puede ser designada con la expresión de san Juan: "el pecado del mundo" (Jn 1,29). Mediante esta expresión se significa también la influencia negativa que ejercen sobre las personas las situaciones comunitarias y las estructuras sociales que son fruto de los pecados de los hombres (cf. RP 16)".
"409 Esta situación dramática del mundo que "todo entero yace en poder del maligno" (1 Jn 5,19; cf. 1 P 5,8), hace de la vida del hombre un combate: «A través de toda la historia del hombre se extiende una dura batalla contra los poderes de las tinieblas que, iniciada ya desde el origen del mundo, durará hasta el último día, según dice el Señor. Inserto en esta lucha, el hombre debe combatir continuamente para adherirse al bien, y no sin grandes trabajos, con la ayuda de la gracia de Dios, es capaz de lograr la unidad en sí mismo (GS 37,2)".
"410 Tras la caída, el hombre no fue abandonado por Dios. Al contrario, Dios lo llama (cf. Gn 3,9) y le anuncia de modo misterioso la victoria sobre el mal y el levantamiento de su caída (cf. Gn 3,15). Este pasaje del Génesis ha sido llamado "Protoevangelio", por ser el primer anuncio del Mesías redentor, anuncio de un combate entre la serpiente y la Mujer, y de la victoria final de un descendiente de ésta".
"411 La tradición cristiana ve en este pasaje un anuncio del "nuevo Adán" (cf. 1 Co 15,21-22.45) que, por su "obediencia hasta la muerte en la Cruz" (Flp 2,8) repara con sobreabundancia la desobediencia de Adán (cf. Rm 5,19-20). Por otra parte, numerosos Padres y doctores de la Iglesia ven en la mujer anunciada en el "protoevangelio" la madre de Cristo, María, como "nueva Eva". Ella ha sido la que, la primera y de una manera única, se benefició de la victoria sobre el pecado alcanzada por Cristo: fue preservada de toda mancha de pecado original (cf. Pío IX: Bula Ineffabilis Deus: DS 2803) y, durante toda su vida terrena, por una gracia especial de Dios, no cometió ninguna clase de pecado (cf. Concilio de Trento: DS 1573)".
"412 Pero, ¿por qué Dios no impidió que el primer hombre pecara? San León Magno responde: "La gracia inefable de Cristo nos ha dado bienes mejores que los que nos quitó la envidia del demonio" (Sermones, 73,4: PL 54, 396). Y santo Tomás de Aquino: «Nada se opone a que la naturaleza humana haya sido destinada a un fin más alto después de pecado. Dios, en efecto, permite que los males se hagan para sacar de ellos un mayor bien. De ahí las palabras de san Pablo: "Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5,20). Y en la bendición del Cirio Pascual: "¡Oh feliz culpa que mereció tal y tan grande Redentor!"» (S.Th., 3, q.1, a.3, ad 3: en el Pregón Pascual «Exultet» se recogen textos de santo Tomas de esta cita)".
-PARTE XVII-
San Agustín de Hipona, en su gran tratado del Espíritu y el Alma, nos dice lo siguiente y que vamos a tratar, de resumirlo e incorporarlo a este post interesante sobre la reencarnación. Según el santo doctor y obispo de la Iglesia Católica, "el alma es una substancia dotada de razón apropiada para regir el cuerpo humano con todos sus atributos, en una sola existencia y no en varias existencias; el alma iluminada por la sabiduría de el "Espíritu Santo" ve su principio, se conoce a sí misma y entiende el gran inconveniente de buscar fuera de sí lo que puede encontrar en sí misma: a Dios, su Creador".
"El alma es invisible. Pues de otro modo no sería capaz de comprender las cosas invisibles. Ve las cosas visibles mediante el cuerpo, las invisibles por sí misma y se ve en aquello que ve que ella es invisible".
La persona humana consta de dos substancias: del alma y del cuerpo humano. El alma con la razón, el cuerpo humano con todo su ADN, sus sentidos, sus organos, etc. A los que sin embargo 'el cuerpo humano' no imprime movimiento alguno sin la unión del alma; en cambio el alma sí retiene su ser racional sin el cuerpo humano.
El alma es racional, es concupiscible, e irascible. Por la racionalidad es capaz de ser iluminada por el paráclito para conocer algo tanto dentro de sí como sobre sí, en sí y junto a sí. El Universo entero creado. Ciertamente conoce a Dios, Uno y Trino sobre sí, a sí en sí, y al ángel junto a sí, y todo cuanto se contiene en las moradas celestes por debajo de sí.
Por la concupiscibilidad y por la irascibilidad es capaz de apetecer y de rechazar algo, de amar y de odiar; y por eso de la racionalidad se origina toda la sensibilidad del alma, y toda afectividad sobre las cosas visibles e invisibles.
Porque se distinguen cuatro clases de afecto: cuando gozamos ya de aquello que amamos, o esperamos gozarlo; cuando estamos dolidos ya por lo que odiamos o tenemos miedo de llegar a dolernos; y por eso de la concupiscibilidad proceden el gozo y la esperanza; y de la irascibilidad el dolor y el miedo.
El alma creada a semejanza de toda la sabiduría, lleva en sí misma la semejanza de todas las cosas; por lo cual el filósofo la definió también como semejanza de todas las cosas. Realmente tiene en sí las energías para captarlo todo; y cuando investiga, se muestra semejante a todas las cosas, siendo ella una sola.
El alma es capaz de todas cosas, porque por la racionalidad se encuentra capacitada para el conocimiento, y por la concupiscibilidad para la dilección. En efecto hay dos cosas en el alma, que son lo que el alma es, a saber: el sentido natural para conocerlo todo y discernir entre todo; y el afecto natural por el cual el alma ama todas las cosas por su orden y en su grado.
Y tiene por naturaleza las facultades, como instrumentos para conocer y amar; pero el conocimiento de la verdad y el orden en el amor no lo tiene sino por la gracia. Puesto que la mente racional, que fue creada por Dios, como ha recibido su imagen así también el conocimiento y el amor. En efecto, los vasos que la Sabiduría creadora crea para que existan, la gracia adyuvante los llena, para que no estén vacíos, si hallare un operario esforzado.
El alma es substancia racional, intelectual, creada por Dios espiritual, no de la naturaleza de Dios, sino más bien su criatura de la nada, capaz de convertirse hacia el bien y hacia el mal. Y por eso en alguna manera es mortal, en cuanto que se cambia a peor, y puede alejarse de la voluntad de Dios, por cuya participación se hace buena; y en alguna manera es inmortal, porque no puede perder el sentido para que después de esta vida esté bien o mal: no el que por las obras hechas antes de la carne haya merecido que estuviese encarcelada en un organismo humano, como algunos han creído; sino que ni por eso el alma puede estar en la persona humana sin mancha de pecado, si no es liberada por Cristo.
Pues el alma viene al cuerpo por voluntad de Dios, para que, si quiere obrar según sus mandatos, reciba el premio de la vida eterna y de la sociedad de los Ángeles no rebeldes: pero si los desprecia sufrirá penas justísimas y amarguísimas tanto de dolor continuo como de fuego eterno. No a traves de una interminable sucesión de vidas con una intransigente ley de karma.
En cuanto al nombre se llama alma porque anima el cuerpo para vivir, esto es, por vivificarlo. El espíritu es la misma alma por su naturaleza espiritual y porque respira en el cuerpo se le llama espíritu. Alma y espíritu son lo mismo en el hombre, aunque una cosa designe el espíritu y otra el alma. Pues se dice espíritu para la subsistencia, y alma para la vivificación.
La esencia es la misma, distinta la propiedad. Pues uno y el mismo espíritu para sí mismo se llama espíritu, y para el cuerpo alma. Es espíritu en cuanto que la substancia racional está dotada de razón, y alma en cuanto que es la vida del cuerpo, de la que se dijo: Quien perdiere su alma por mí, la salvará, esto es, todo el que de buena gana despreciase por Dios esta vida que ahora por la vivificación del cuerpo temporalmente es mortal, recuperará en el futuro la misma vida del cuerpo, que no sólo la del alma, la vida eterna y la inmortalidad.
Cierto que al alma humana, porque tiene ser en el cuerpo y fuera del cuerpo, se la puede llamar a la vez alma y espíritu: no que sean dos almas, la sensual y la racional, la una por la que el hombre vive y la otra por la que conoce, como algunos creen, sino que una y la misma alma vive en sí misma por el entendimiento, y da la vida al cuerpo por el sentido. En efecto, el cuerpo humano ni puede vivir ni nacer sin el alma racional; sin embargo vegeta, y se mueve y crece y recibe la forma humana en el útero, antes de que reciba el alma racional.
Así como vemos que los brotes y las hierbas sin el alma se mueven y crecen. Aún más, la vida del alma es doble: una por la que vive en el cuerpo humano, y otra por la que vive en Dios. También hay dos sentidos en el hombre: uno interior, y otro exterior, y uno y otro tienen su bien en el que se sostiene. El sentido interior se rehace en la contemplación de la divinidad, el sentido exterior en la contemplación de la humanidad.
Se dice espíritu de muchos modos. En efecto, Dios se dice Espíritu, y este aire y un hálito o soplo de aire que es recibido por el corazón y desde allí enviado por todo el cuerpo sostiene la vida de los mortales con el aliento necesario. Sin embargo, este espíritu no puede decirse con razón alma, porque se disuelve con la variedad del aire. Se dice espíritu el alma tanto del hombre como del animal. Se dice espíritu el alma racional, porque es una luz como el ojo del alma al que pertenece la imagen y el conocimiento de Dios. Ojo del alma es la mente pura de toda mancha del cuerpo, la razón es la mirada de la mente, la visión del entendimiento.
Estas tres cosas son necesarias a toda alma: que tenga ojos sanos, que mire, que vea. Tiene ojos sanos, cuando está purgada y apartada de la concupiscencia de las cosas mortales. Mira, cuando fija los ojos de la contemplación en la luz de Dios. Ve, cuando en la contemplación observa cuántos son los gozos, cuánta la alegría, cuánta la seguridad, cuánta la serenidad y cuánta la amenidad. La sanidad la hace segura, la mirada la hace recta, la visión feliz.
En efecto, cuando el alma estuviere fuera libre de toda escoria y limpia de manchas, entonces por fin se posee a sí en sí misma con grandísimo contento y nada la atemoriza ni la angustia cosa alguna por culpa suya; y entonces con cierta confianza maravillosa e increíble corre hacia Dios, es decir, a la misma contemplación de la verdad, ya que la misma visión de Dios, que es el fin de la mirada, sigue a la mirada recta. De este modo el alma primero es sanada, sanada es introducida, introducida es restaurada.
El espíritu es también cierta energía del alma, inferior a la mente, donde se dan a entender las semejanzas de las cosas corporales. Este espíritu no es cuerpo, sino semejante al cuerpo. Porque las cosas que ve el espíritu no son corporales, sino semejantes a las corporales. Ya que el rostro del hombre no es conocido por fuera y en nuestra memoria tiene su imagen, sin duda incorpórea, pero semejante al cuerpo. También la belleza admirable de este mundo está presente en nosotros por fuera, y en nuestra memoria tiene su imagen sin duda incorpórea, pero semejante al cuerpo, a la cual recurrimos cuando la pensamos con los ojos cerrados.
Porque lo que para el sentido del cuerpo es cualquier cuerpo local, eso es para la agudeza del alma la semejanza del cuerpo en la memoria; y lo que es la intención de la voluntad para el cuerpo visto, y para unir la visión, eso es la misma intención de la voluntad para unir la imagen del cuerpo que está en la memoria, y en la visión del que piensa. Ese espíritu se dice hecho a imagen y semejanza de Dios, en el cual está el conocimiento de la verdad y el amor de la virtud.
La imagen sin duda está en el conocimiento y la semejanza en el amor. La imagen por ser racional; y la semejanza por ser espiritual. Por cierto, se adhiere a la verdad sin ninguna sustancia interpuesta. La luz de nuestra razón por la cual razonamos, entendemos y sabemos, la llamamos espíritu, y a este espíritu el Apóstol lo llama mente, cuando dice: renovaos con el espíritu de vuestra mente, es decir, con la mente, porque el espíritu de la mente no es otra cosa que la mente: como el cuerpo de la carne, no es otra cosa que la carne.
La luz de la razón y del entendimiento con la que razonamos, entendemos y sabemos, la llamamos mente, que fue creada a imagen de Dios de tal manera que ninguna naturaleza interpuesta es formada por la misma verdad. Pues la mente por eso se dice que sobresale en el alma; puesto que la energía del alma, de la cual procede la inteligencia, es más excelente. Efectivamente, por la inteligencia entiende la misma verdad y ama por la sabiduría. Porque la sabiduría es el amor del bien o el sabor del bien, y así se llama sabiduría, de sabor. La visión de la mente es la inteligencia, el gusto es la sabiduría, aquélla contempla, ésta deleita.
La razón es una energía del alma que percibe la naturaleza de las cosas corpóreas, las formas, las diferencias, las cosas propias y los accidentes: todas las cosas incorpóreas, pero no fuera de los cuerpos solamente, a no ser las que subsisten por la razón. Pues abstrae de los cuerpos las cosas que se fundan en los cuerpos, no por la acción, sino por la consideración. Porque la naturaleza del mismo cuerpo según la cual todo cuerpo es cuerpo no es por cierto un cuerpo. El entendimiento es esa energía del alma que percibe las cosas invisibles, como los ángeles, los demonios, las almas y todo espíritu creado.
La inteligencia es esa energía del alma, que inmediatamente se somete a Dios: puesto que mira al mismo como Verdad suma y verdaderamente inmutable. Por tanto el alma percibe los cuerpos por el sentido, las semejanzas de los cuerpos por la imaginación, las naturalezas de los cuerpos por la razón, al espíritu creado por el entendimiento, al espíritu increado por la inteligencia.
Y cuanto el sentido percibe, lo representa la imaginación, lo forma el pensamiento, lo investiga el ingenio, lo juzga la razón, lo guarda la memoria, el entendimiento lo separa, la inteligencia lo comprende, y lo acerca a la meditación, ya la contemplación. El ingenio es esa energía del alma, o intención, por la que el alma se extiende y ejercita en el conocimiento de las cosas desconocidas.
Puesto que el ingenio escudriña lo incógnito, la razón discierne las cosas encontradas, la memoria guarda las cosas juzgadas, y ofrece lo que todavía ha de ser juzgado. De este modo se realiza el ascenso desde las cosas inferiores a las más elevadas. Puesto que el entendimiento es imagen y semejanza de la inteligencia, la razón lo es del entendimiento, lo fantástico de la razón lo es del espíritu, al que aun hasta el supremo cuerpo del cuerpo, esto es, el fuego, se une por cierta semejanza, y al fuego el aire, y al aire el agua, y al agua la tierra.
El sentido da forma a la imaginación, la imaginación a la razón, y la razón hace la ciencia y prudencia. La prudencia divina, acudiendo de nuevo a la razón, la informa y la hace inteligencia y sabiduría. Así hay en la razón algo que se orienta a lo superior y celestial, y esto se llama sabiduría; como también hay algo que mira a lo transitorio y a lo caduco, y eso se llama prudencia.
Estas dos son procedentes de la razón y se fundan en la razón. También la razón se divide en dos, a saber, hacia arriba y hacia abajo: por arriba hacia la sabiduría; por abajo hacia la prudencia; algo así como en varón y mujer; en cuanto a que varón sea superior y rija; y mujer sea inferior y regida. Porque está dicho: Es mejor la rudeza del varón que la mujer indulgente. Puesto que es mejor el que, encendido por el deseo celestial, aflige a la carne negándole hasta cosas necesarias, que quien, disipado por el afecto carnal, lucha para satisfacerlo por medio de todo lo que es comodidad.
-PARTE XVIII-
El alma es espíritu intelectual, racional, siempre viviente, siempre en movimiento, capaz de una voluntad buena y mala; según la benignidad del Creador, y según el oficio de su obrar, es nombrada con nombres diversos. Efectivamente se llama alma, en cuanto vegeta; espíritu, en cuanto contempla; sentido, en cuanto siente; principio vital, en cuanto vivifica; mente, en cuanto entiende; razón, en cuanto discierne; memoria, en cuanto recuerda; voluntad, en cuanto consiente. Todos esos aspectos no se diferencian en la substancia, como se diferencian en los nombres; porque todo esto es un alma sola: cierto que las propiedades son diversas, pero la esencia es una.
Tanto el alma es una sola, como también solo existe un cuerpo humano único. No un alma, con la que Dios juega con ella, como sacandola y metiendola, en varios cuerpos humanos. Una y otra vez, con deseos impulsivos, en cada existencia. Este es uno de los tantos absurdos de la reencarnación.
Bien. Entre el espíritu y el alma puede haber diferencia, porque toda alma es espíritu, pero no todo espíritu es alma. Las acciones del alma son dobles. Porque con un criterio se dirige hacia Dios, y con otro se inclina hacia la carne. Y se inclina así: siendo sutil e invisible, no puede ser vista, pero se extiende y manifiesta por sus potencias. Por medio de la concupiscibilidad apetece, por la irascibilidad desprecia, por la racionalidad discierne entre una y otra cosa. Toda la esencia del alma consiste en esas potencias suyas, ni se divide en partes, siendo simple e individual; y si alguna vez se dice que tiene partes, se ha de entender más bien por razón de la semejanza que por la verdad de la composición.
El alma es una substancia simple, ni otra cosa ni menos es la razón en la substancia que el alma; ni otra cosa ni menos es la irascibilidad y la concupiscibilidad que el alma; siempre una y la misma substancia, que, según las diversas potencias, obtiene vocablos diversos. Tiene estas potencias antes de que se una al cuerpo. Porque le son naturales, y no son otra cosa que ella misma. Cierto que toda la substancia del alma plena y perfecta consiste en estas tres potencias, esto es, en la racionalidad, en la concupiscibilidad y en la irascibilidad, como con cierta trinidad; y esta trinidad interna está en cierta unicidad del alma, y es la misma alma.
Dios es todas sus cosas, y el alma algunas suyas. Puesto que tiene las cosas naturales y el alma misma es todas. Sus potencias y energías son lo mismo que ella. Tiene accidentes, y ella no lo es. Ella es sus energías, sus virtudes, pero no son ella. Porque ella no es su prudencia, su templanza, su fortaleza, su justicia. Las potencias del alma son la racionalidad, la concupiscibilidad, la irascibilidad. Las energías son el sentido, la imaginación, la razón, la memoria, el entendimiento, la inteligencia. Con todo, las potencias pueden llamarse energías y las energías potencias.
El alma se une al cuerpo con algunos afectos y alguna amistad, según la cual nadie tiene odio a su propio organismo, compuesto en su 99% de cuatro elementos químicos: carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Además este maravilloso cuerpo humano, posee, al menos cincuenta billones de células. Éstas se agrupan en tejidos, los cuales se organizan en órganos, y éstos en ocho aparatos o sistemas: locomotor (muscular y óseo), respiratorio, digestivo, excretor, circulatorio, endocrino, nervioso y reproductor.
El alma asociada a este único organismo con todos sus atributos, aunque apegada por su compañía, sin embargo, lo ama por su condición inefable; ama este encierro especial, y por eso no puede ser libre. La afectan vehementemente sus dolores. Teme la muerte, ella que no puede morir. Teme la desaparición, ella que no puede desaparecer. Se alimenta con la mirada de los ojos, se deleita con las noticias sonoras, se goza con los olores suavísimos, se refocila con los festines suculentos.
Y, aunque ella misma en modo alguno use de esas cosas, sin embargo, se aflige con tristeza grave cuando le son substraídas. De aquí que muchas veces se agazapen también los vicios contrarios a la razón, cuando el alma, cediendo al querido cuerpo más de lo justo, se reconoce haber dado lugar al pecado.
Por medio de los sentidos el alma llega a mover y vivificar el cuerpo. En efecto, son nueve las puertas en el cuerpo humano por las que según la natural disposición influye y efluye todo, mediante lo cual el cuerpo mismo es vegetado y es regido. Hay también algunas cosas semejantes a los dos, a saber, lo supremo del cuerpo y lo más ínfimo del espíritu, en lo cual sin confusión de naturalezas pueden fácilmente unirse con unión personal.
Pues las cosas semejantes se gozan con las cosas semejantes. Así el alma, que verdaderamente es espíritu, y este organismo que verdaderamente es cuerpo humano, se unen convenientemente en sus extremos, esto es, en lo fantástico del alma, que no es cuerpo sino semejante al cuerpo, y por la sensualidad de la carne, que apenas es corpóreo, porque no puede hacerse sin el alma.
En efecto, como lo supremo del alma, es decir, la inteligencia y la mente, lleva encima la imagen, y, la semejanza de su superior, es decir, de Dios, de quien también pudo ser administradora suya, y que, cuando El quiso, fue tomada para la unión personal sin mutación alguna de la naturaleza; de este modo lo superior del organismo humano, esto es, la sensibilidad del alma, que porta la semejanza para la unión personal, puede recibir su esencia.
Nada de esto es de extrañar, cuando hasta en el sentido y en la memoria del animal hay una imitación de la racionalidad, y en el apetito de la voluntad, también de la reprobación en todo lo que rehúye. En efecto, el espíritu corpóreo, que por cierto es verdadero cuerpo y con el sentido corporal discierne entre muchas cosas, y elige por la fuerza de la concupiscibilidad y reprueba por la naturaleza de la irascibilidad.
Puesto que la vida corpórea tiene algunos grados de crecimiento por los cuales progresa hasta la imagen de la vida suma. Porque el primer grado de la vida corpórea es la sensibilización. El segundo, la imaginación que entra por medio del sentido. El tercero, la memoria de los conceptos por medio de la imaginación. El cuarto, según las pasiones de los sentidos, cierta providencia sin la discreción de la inteligencia, en la cual, por cierto, hay como una imagen de la razón, sin que sea razón alguna. En todos estos grados la vida corporal imita la vida espiritual.
En primer lugar, porque siente; en segundo lugar, porque concibe el sentido; en tercer lugar, porque retiene lo concebido; en cuarto lugar, porque, tanto en las imaginaciones, como en los sentidos, según cierto parecido de la razón, se inclina bien a apetecer, bien a huir.
En cambio, son muy convenientes los medios del cuerpo humano y del alma: la sensualidad de la carne, que sobre todo es fuego; y lo fantástico del espíritu que se dice vigor ígneo. Por eso, hablando de las almas, ha dicho alguien: "hierven las ollas por el fuego y su origen es celeste".
La teoría reencarnacionista lo explica todo de forma confusa y se aleja practicamente de la concepción cristiana sobre el cuerpo humano y el alma humana. Lo va explicando con el cuerpo físico y el cuerpo etérico. Ella de forma sutil mezcla toda una gama de presupuestos, de evidencias o procesos evolutivos, que hacen ver al cuerpo humano y a traves de muchas existencias, como si se tratara de un embase desechable, que ocupa el alma 'no una vez', sino, varias veces. Todo como que empacada o encerrada al vacío el alma.
Según el reencarnaciomismo el cuerpo físico le permite a la persona humana expresarse en el mundo físico. Está construido a partir de células, moléculas y átomos, y necesita de agua, oxigeno y alimentos para sobrevivir. Es el más cristalizado de todos los cuerpos, y el más denso de la naturaleza. El cuerpo físico es masculino o femenino, y esta polaridad juega un papel inmenso en la vida de cada persona a traves de cada existencia suya y como si se tratara de todo un aprendizaje de primaria, secundaria, semestre de universidad, de especialización o de doctorado. No importa si los gana o los pierde. Todo vale.
El reencarnacionismo asegura que el cuerpo físico es el punto de anclaje para que el Ser Superior de cada persona explore el misterio de su ser dentro de lo físico. Es altamente susceptible a la programación transmitida a través del tacto durante varios minutos después del nacimiento. Contiene los recuerdos de esta y otras vidas. Son las experiencias y novedades las que cuentan en cada existencia de cada persona.
El cuerpo físico se mantiene vivo y estructurado por el cuerpo etérico. El cuerpo etérico a menudo se ve como un cuerpo separado, pero en realidad es una plantilla, una matriz para el cuerpo físico. Los átomos físicos, las moléculas y las células se organizan según la estructura del cuerpo etéreo. La matriz etérea parece una red de líneas de energía, como fibras de luz que atraen la materia física y la organizan en un cuerpo físico. Puedes decir que el cuerpo físico es un duplicado del cuerpo etéreo.
En animales primitivos, como las salamandras, la habilidad de que una parte de su cuerpo crezca aunque este cortada permanece durante toda su vida. Crecerán una nueva extremidad, o cola, fácilmente gracias a las células que se estructuran según su cuerpo etérico.
En los planos de la existencia, el cuerpo etérico es responsable del dolor de las llamadas extremidades fantasmas. Ha sido un misterio médico durante mucho tiempo, que cuando se amputa una extremidad, el paciente sentirá dolor en esta extremidad aunque en realidad ya no exista. El dolor es a menudo duradero. Aunque la extremidad física se ha ido, la contraparte etérea todavía está allí. La extirpación quirúrgica de esa extremidad creó un inmenso trauma en el cuerpo. En circunstancias normales, los traumas se asientan en los músculos, creando espasmos musculares que a su vez crean dolor. Como el cuerpo físico en sí mismo es inerte, el trauma siempre ocurre en el nivel del cuerpo etéreo, que transmitirá el trauma al cuerpo físico, principalmente a los músculos.
En el caso de una extremidad amputada, el trauma todavía está en la contraparte etérea de esa extremidad y, por lo tanto, se siente dolor. Simplemente no tiene la capacidad de expresarse en el nivel físico. Las personas han eliminado con éxito este dolor «fantasma» mediante métodos de relajación, hipnosis y trabajo energético.
Aunque el cuerpo físico puede perder partes o puede deformarse durante el transcurso de la vida, el cuerpo etérico siempre permanece igual. El único cambio que le puede pasar al cuerpo etérico es la restricción del flujo de energía a través de sus fibras (también llamadas nadis). Esto dará lugar a dolencias y enfermedades en el cuerpo físico. Cuando los karmas se ‘eliminen’, o se levante la constricción de ellos mediante la curación energética o la ayuda del dharma, las dolencias físicas o enfermedades desaparecerán.
El cuerpo etérico absorbe los pranas solares y lunares (energías sutiles) y los transforma en las energías vitales necesarias para el cuerpo físico. Mantienen el cuerpo físico no solo vivo sino también saludable.
El cuerpo físico, como está compuesto de materia física, es en sí mismo inerte. Es a través del cuerpo etérico que sentimos dolor, sufrimiento, hambre, sed y otras comodidades o molestias "físicas".
-PARTE XIX-
Para el reencarnacionismo todo es espontaneo en el cuerpo humano y el alma humana. Todo es una novedad y un aprendizaje, en cada existencia, para el alma. Hay que curiosear y experimentar todo lo de la creación de forma física, para aprovechar de forma sabrosa cada existencia.
El reencarnacionismo hace mención de el cuerpo astral. Que es el cuerpo que nos permite experimentar emociones, lujuria, instintos, deseos, recuerdos, traumas, depresiones, etc. Este no tiene órganos, aunque adquiere una forma similar al cuerpo físico. Se compone de pequeñas partículas astrales que están en constante movimiento. El cuerpo astral toma estas partículas astrales de su entorno astral y luego las ‘exhala’ nuevamente. El astral puede tomar cualquier forma, pero generalmente toma la forma del cuerpo físico de la presente o última encarnación a medida que la conciencia se ha acostumbrado a identificarse con esta forma. Se llama cuerpo ‘astral’ porque brilla como las estrellas cuando se observa clarividentemente.
Seguidamente aparecen el cuerpo mental y casual. El cuerpo mental es el que permite la experiencia de los pensamientos y de los procesos racionales de cada persona. El intelecto. Todavía tiene una forma, pero no necesariamente una forma humana. Su forma es abstracta y geométrica, aunque puede adoptar una forma física aparente para hacerse reconocible en los niveles inferiores de cada existencia.
En los planos de la existencia, el cuerpo mental no puede pensar por sí mismo, ya que no tiene conciencia por sí mismo. Es más como un cuerpo automático que almacena información y transfiere lo que recibe. Este cuerpo se divide en dos. El cuerpo mental inferior: que es el asiento del pensamiento práctico.
El cuerpo mental superior, también llamado Cuerpo causal: que es el nivel del pensamiento abstracto y que contiene las causas de todo lo que se manifiesta en los cuerpos y mundos inferiores. Contiene el conocimiento de todas las encarnaciones pasadas y presentes, y las raíces y posibilidades de futuras encarnaciones. Es la puerta de entrada al conocimiento universal y al desarrollo espiritual. Aunque algunos autores hacen una distinción entre el cuerpo causal y el cuerpo espiritual, probablemente haya uno y el mismo.
Nótese cómo los rencarnacionistas no saben sostener estas tesis sin ningún rigor científico y espiritual. Es que la reencarnación bloquea la razón y obstruye la fe con todos estos 'supuestos o dizque' cuerpos. El rigor científico sucumbe en un mar de vaguedades y en una feria desechable de vanidades.
Para los reencarnacionistas cada persona, con cada existencia, que va teniendo, su ser, su ente o su Yo Soy, como ellos lo describen, va conectado también a estos 'siete cuerpos'. Ósea, forman o arman de forma mecánica, toda una telaraña existencial, que ni ellos mismos, la pueden ni entender, explicar o desenredar.
Finalmente los reencarnacionistas hacen énfasis en el cuerpo espiritual y el cuerpo mental espiritual. Para ellos el cuerpo espiritual le permite a cada persona experimentar las formas más elevadas de manifestación humana. Podríamos llamarlo como cuerpo cósmico y está cerca del reino divino.
No es un cuerpo real ya que no está sujeto a la forma. En este nivel, el ego deja de existir. Uno está libre de dualidad y sus construcciones. Aquí está la experiencia de la unidad con todo lo que existe. El cuerpo espiritual de los planos de la existencia sabe todas las cosas, vive con la máxima pureza y reúne el verdadero conocimiento divino. Su energía vivifica y nutre todos los demás cuerpos de la persona humana.
Existen dos partes dentro del cuerpo espiritual. El Cuerpo mental espiritual es donde reside la información y detalles sobre nuestro plan para esta vida. Cuando se logra el acceso a este cuerpo, comenzamos a ver desde una perspectiva cósmica. Comenzamos a ver la inocencia y el valor de cada vida, ya que refleja al Infinito lo que es o lo que no es. Vemos que no hay culpa, por lo que todo juicio se disuelve sin esfuerzo.
El Cuerpo espiritual son trillones de pequeñas fibras de luz que irradian en todas las direcciones desde el centro de la fuerza vital. Cada criatura viviente dentro de la Creación tiene una banda de conciencia entre estas fibras de luz dentro de nuestro cuerpo espiritual. Por eso somos el microcosmos y hacemos parte de un macrocosmos y así sucesivamente, hasta alcanzar la mente universal, como dioses y ya por fin, poder conocer 'el gran arquitecto' de todo el universo, sin obstáculo alguno.
Este es el cuerpo que los ángeles caídos, los demonios, los condenados, los chamanes, los ocultistas, las brujas, los satánicos usan para poder cambiar de forma a animales u otras formas. Además, utilizan este cuerpo para acceder a realidades paralelas. Mueven un punto de iluminación llamado punto de ensamblaje. Se encuentra a un brazo de distancia detrás del corazón, y un poco a la derecha. Este cuerpo es un campo lineal que se irradia desde el centro hasta un brazo del cuerpo físico.
-PARTE XX-
Pero continúa el laberinto de los reencarnocionistas. Como si fuera poco 'cuentan' también con unas esferas de la existencia. Como la persona humana tiene cuerpos diferentes dentro los planos de la existencia, cada cuerpo pertenece a una esfera particular de existencia o mundo.
Todos los cuerpos humanos funcionan constantemente, tanto si las personas son conscientes de ellos como si no. Durante el día, la conciencia se centra en el cuerpo físico y el mundo material. Por la noche, cuando el cuerpo físico descansa, la conciencia se retira y cambia al nivel onírico para moverse en otros plano de existencia o dimensiones. Ocasionalmente puede tener una corta visita al mundo mental o conversar con otros seres no físicos propiamente.
En este fin de los tiempos se ha prestado mucha atención a las llamadas experiencias cercanas a la muerte. Las personas mueren, salen de sus cuerpos físicos y tienen ciertas experiencias 'estando fuera del cuerpo físico' que pudieron contar cuando volvieron a la vida física o terrenal.
Incluso. Existe otro grupo de personas que pueden cambiar deliberadamente su conciencia a otras frecuencias del cerebro humano y alcanzar experiencias parecidas, mientras permanecen conscientes y como que quedan libres de las ataduras del cuerpo humano. Otros, como que no están conscientes y ubican las mismas experiencias 'extra-corporeas' con la paralisis del sueño, las abducciones y las apariciones de espectros. La mayoría dice que de repente abandonan su cuerpo físico y ven su nueva condición como estando fuera de él levitando, traspasando paredes, presenciando algunas escenas del futuro o verse como volando como las aves y a una velocidad asombrosa.
Pareciera que el mundo físico 'no' es solo la residencia de seres físicos como los humanos, sino que hay muchos seres no físicos que viven y trabajan como en otros universos paralelos o conviven entre nosotros y de forma invisible. Como que el más allá tiene diversos niveles, lugares o moradas. Como que la luz del más allá es mucho más radiante y no es como la que conocemos en el mundo físico. Como que el tiempo y el espacio tampoco son los mismos que los que conocemos en el mundo físico, son diferentes. Como que todo en el más allá, no es un duplicado, a lo que las personas humanas están acostumbradas a ver en el plano físico.
Es cierto que muchas dicen ver y conversar con seres de luz. Familiares, amigos y conocidos fallecidos. Observar paisajes, flores, árboles, lagos, edificios impensables. Los reencarnacionistas dicen que esos ambientes extraordinarios en el más allá son creados por el mismo ser humano 'con sus hábitos y mente' exaltada en sus creencias o dogmas y manipulados por seres interdimensionales que mantienen al genero humano, enfrascado en una especie de matrix virtual, dividida en dos partes, un cielo e infierno temporal. Todo un panorama bastante lejos de lo que ha enseñado el magisterio de la Iglesia Universal a traves de los siglos y que esta resumido en el credo católico y que es totalmente antagónico al absurdo reencarnacionismo.
Asi que, "continua explicandonos", San Agustín, que "la persona humana consta de un cuerpo físico y del alma, y una y otra tienen su propio bien, en el cual se goza y exulta. El bien del alma es Dios, con la afluencia de su dulzura. El bien del cuerpo humano es el mundo con la falacia de su placer. Pero este mundo es exterior, en tanto que Dios es interior. Pues nada hay más interior que Él, y nada más presente que Él. Él es más interior que todas las cosas, porque en Él están todas las cosas; y es también más exterior que todo, porque Él está sobre todas las cosas".
Luego debemos pasar de este mundo, volviéndonos a Dios, y como ascendiendo desde lo profundo hasta arriba por nosotros mismos. Porque el ascender hacia Dios es ya entrar en sí mismos; y no sólo entrar en sí, sino por cierto modo inefable desde las cosas Íntimas trascender a sí mismos. Porque, quien entrando en sí mismo y penetrando intrínsecamente se trasciende a sí mismo, ése asciende de veras a Dios.
Siendo el alma incorpórea, por su naturaleza más sutil que la de su cuerpo, esto es, por medio del fuego y del aire, que también en este mundo son cuerpos excelentes y por eso mucho más semejantes al espíritu, administra el cuerpo. Y estos elementos superiores reciben aquí los movimientos del alma vivificante, porque están más próximos a la naturaleza incorpórea que el humor y la tierra, para que toda la materia sea administrada por el ministerio próximo de ellos. Ningún sentido hay sin estos dos elementos, bien en el cuerpo, o si se prefiere en el movimiento espontáneo del cuerpo por el alma.
En efecto, el fuego y el aire, que son ligeros, mueven el agua y la tierra que son pesados. Por lo tanto, vemos que los cuerpos son movidos también después del alejamiento del alma; porque el fuego y el aire, estos dos son retenidos por medio de la presencia del alma en el cuerpo terreno y húmedo, para que se realice el equilibrio de todos los cuatro elementos, después de la salida de la misma alma, hasta que escapan a lo alto, y se liberan.
En cuanto a la composición del cuerpo está hecho así. El cuerpo consta de miembros serviciales, los miembros serviciales de miembros semejantes, los miembros semejantes constan de humores, los humores proceden de los alimentos, los alimentos de los elementos; pero nada de éstos es el alma, aunque actúa en ellos como en órganos, y por medio de ellos atiende al cuerpo y a esa vida por la cual el hombre fue creado alma viviente. Todo esto, cuando está bien moderado y ordenado, ayuda a la vivificación, que el alma nunca abandona.
En cambio si todo eso fuere destemplado y confuso, el alma, bien a pesar suyo, se va, llevándose consigo todo, a saber: el sentido, la imaginación, la razón, el entendimiento, la inteligencia, la concupiscibilidad, y la irascibilidad; y por estas cosas, según los méritos, queda dispuesta para el gozo o el dolor. En cuanto al cuerpo, que era primero Íntegro como un órgano bien templado y dispuesto para contener en sí la melodía musical, y hacerla resonar al tacto, hasta entonces fraccionada e inútil, se extiende ya de frente a frente.
Y el alma, recurriendo con las partes de los elementos a sus regiones, sin tener donde ejercitar sus capacidades, descansa por fin de esos movimientos, con los que movía al cuerpo por los lugares y el tiempo; y ella misma es movida en el tiempo y el espacio, porque, aunque haya perecido el órgano, pero no ha perecido la melodía, ni tampoco lo que movía el órgano. El alma, puesta entre Dios y el cuerpo, se mueve temporalmente, bien rememorando lo que había olvidado, bien aprendiendo lo que ignoraba, bien queriendo lo que no quería; pero no se mueve localmente, porque no se estira por espacios de lugar alguno. En cuanto a Dios no necesita del cuerpo para ser; ni de lugar para ubicarse; ni del tiempo para temporizar, ni de una causa para existir; ni de forma alguna para ser algo; ni de género alguno de sujeto en que subsistir, o a quien asista.
El alma tiene una naturaleza propia más excelente que todos esos elementos de la mole mundana, la cual no podría pensarse verdaderamente con la fantasía, de las imágenes corporales que percibimos por los sentidos de la carne; pero sí puede ser entendida con la mente, y sentida con la vida. Puede ser entendida, no puede ser sentida. En efecto, no sólo hay cuerpo, Dios, vida sin sentido como en los árboles; y vida sin mente racional, como en los animales; sino también vida y vida perpetua. Ahora ciertamente menor que la de los ángeles, y la futura como la de los ángeles, si viviere según el precepto de su Creador.
El alma vivifica el cuerpo con su presencia, y está unida a él de tal manera que aunque quiera ni puede separarse de él ni retenerse en él, cuando oyere el mandato de su Creador. Puesto que la vida del cuerpo se sostiene en la vida del alma, y la muerte del alma proviene de la muerte del cuerpo. Pues así como el alma con su vida hace a la carne viviente, y al animarla la irriga de la fuente de su naturaleza, así la carne por la corruptela de su materia mata al alma, cuando se enreda con deseos ilícitos. Y, aunque una naturaleza sea vencida, que venza la otra naturaleza, y así las dos pasan a la naturaleza vencedora, esto es: o que el alma con sus virtudes vuelva a la carne espiritual, o que la carne vencedora haga al alma carnal.
Con todo, el alma no puede tener nada de la muerte, a no ser que le sea contagiado por medio de los vicios; ni la carne puede retener algo de la vida, a no ser que fuera informada por el alma; como tampoco la primera puede pasar a la naturaleza de la segunda, a no ser que aquélla fuese contagiada por los vicios o ésta estuviese ayuna de virtudes. El alma se caracteriza por la razón con la cual se aplica las artes magníficas, y se instruye con disciplinas eximias para que conozca las cosas divinas y administre las cosas humanas; de este modo supera con dignidad a los demás animales, por cuanto es substancia racional.
Propiamente esto es el alma, a saber, substancia racional, que es decir espíritu racional. El alma es inmortal, de modo que no parezca que discrepa de la semejanza de su Creador. Porque no podría ser imagen y semejanza de Dios, si todo terminara con la muerte. Así pues, es inmortal según cierta manera de vida que en modo alguno puede perder. Pero también es mortal según cierta mutabilidad, por la cual puede hacerse mejor o peor. Y como es mortal, cuando pierde la vida feliz, aunque no pueda perder el vivir miserablemente, en este sentido es corpórea con respecto a Dios incorpóreo. Porque nada invisible e incorpóreo por naturaleza hay que creer fuera de solo Dios, esto es, el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo.
El cual por eso se dice incorpóreo e invisible, porque es infinito e incircunscripto, simple y de todos modos auto suficiente, que se contiene en sí mismo, y siempre. Estando en todas partes se reconoce que en sí mismo es invisible e incorpóreo. En cambio toda criatura racional es corpórea, los ángeles y todas las virtudes son corpóreas, aunque no subsistan con la carne. En efecto, por eso decimos que las naturalezas intelectuales son corpóreas, por estar circunscritas localmente; así como también el alma humana que está encerrada en la carne, por lo cual puede decirse, tanto que está en un lugar, como que es local: en un lugar, porque está presente aquí o en un lugar; local, porque está presente en algún lugar del todo, y no lo está en otro.
Sin embargo no tiene dimensión corporal, ni circunscripción corporal; porque carece de cantidad corporal. Porque está encerrada en un lugar por la presencia y por la operación, se dice también que ella misma es local: con todo, no lo es como el cuerpo, al cual se le asigna según el lugar un principio, un medio y un fin. Pero en relación a la naturaleza incorpórea, que es sumamente inmutable con los sitios, el alma es corpórea: porque ella no es algo semejante; que ni está fija ni se mueve por espacios locales, de manera que ocupe lugar mayor con la parte mayor de sí, y más pequeño con la parte más pequeña, y menor con una parte de sí que con el todo.
En realidad está toda a la vez por todas las partículas del cuerpo, ni menor en las menores, ni mayor en las mayores. Sin embargo, en algunas partes con mayor intensidad, y en otras más suavemente, y en todas y en cada una está del todo. Pues como Dios está en todas partes, todo en todo el mundo y en todas sus criaturas, así el alma está en todas partes del todo en todo su cuerpo, como en cierto mundo suyo; aunque con mayor intensidad en el corazón y en el cerebro, a la manera como se dice que Dios está principalmente en el cielo.
El alma es invisible e incorpórea; pues, si fuese visible, sería corpórea, y si fuese corpórea, sería divisible, y tendría partes, ni podría estar toda a la vez en un lugar. Porque ningún cuerpo ni puede ser tocado todo a la vez, ni él a la vez puede tocarlo todo. En cambio el alma en cualesquiera de sus movimientos y actos está toda a la vez.
Toda ve, y toda recuerda lo visto; toda oye, y toda recuerda los sonidos; toda huele, y toda recuerda los olores; toda gusta, y distingue por la lengua y el paladar los sabores; toda toca la cosas duras y suaves; toda aprueba o reprueba a la vez. Pero lo caliente y lo frío lo distingue toda con cualquier sentido en general. Toda es vista; toda es oídos; toda recuerda; cuando recuerda toda, toda es memoria; cuando toda quiere, toda es voluntad; cuando toda piensa, toda es pensamiento, cuando toda ama, toda es amor. En realidad, puede pensar en parte, y amar en parte.
El alma tiene afecciones con las cuales se realiza en las virtudes. Por ejemplo el dolor de los pecados, el temor de los suplicios, el deseo de las promesas, el gozo de los premios son algunos ejercicios de las virtudes. También tiene virtudes, por las cuales es instruida y es armada contra los vicios. Por la prudencia en verdad sabe qué debe hacer; la templanza para moderar los éxitos, la fortaleza para las adversidades, la justicia con la cual sabe lo que debe dar a cada uno. Prudencia es saber de qué es capaz; la fortaleza es hacer lo que pueda; la templanza es no presumir de lo que no puede; la justicia es no pretender más de lo que pueda.
La prudencia está en lo que se debe elegir; la fortaleza en lo que se debe tolerar; la justicia con lo que se debe distribuir. Propio de la prudencia es no desear nada de lo cual haya que arrepentirse, y no querer hacer nada fuera de lo que es justo. Lo propio de la templanza es no temer nada a no ser lo pecaminoso, y dirigir cuanto hacemos y pensamos según la norma de la razón. Lo propio de la fortaleza es no solamente reprimir las ambiciones terrenas, sino olvidarlas por completo.
Lo propio de la justicia es ordenar todo pensamiento del alma a Dios solo, y mirarlo con los ojos del alma como si no existiera nada más. También tiene el alma virtudes sacramentales con las que se inicia, a saber: la fe, la esperanza, el sacramento del bautismo, la unción, la confirmación, y el orden con que se consagra a Dios. Tiene, además, virtudes con las que progresa y se une a Dios, como son: la humildad, la pobreza, la caridad. La humildad somete el alma a Dios, la pureza la acerca a Dios, y la caridad la une.
Además, el alma tiene energías por las que se une al cuerpo: la primera es la natural, la segunda la vital, la tercera la animal. Y como Dios trino y uno, verdadero y perfecto lo abarca todo, lo llena todo, lo sostiene todo, todo lo desborda, todo 10 envuelve, así el alma con estas tres fuerzas se difunde por todo el cuerpo, no con ocupación local, sino con intensidad vital. Veamos: la energía natural trabaja en el hígado, la sangre y todos cualesquiera humores que por las venas se transmiten a todos los miembros del cuerpo para que con ellos se desarrollen y alimenten. Esta energía es cuádruple. En efecto, se divide en apetitiva, retentiva, expulsiva y distributiva.
Apetitiva, porque apetece cuanto es necesario al cuerpo. Retentiva, porque retiene cuanto ha tomado, hasta que con todo ello se realiza una digestión útil. Expulsiva, porque expulsa o excreta lo que es nocivo y superfluo. Distributiva, porque distribuye por todos los miembros los buenos humores de la alimentación buena, según conviene a cada uno. Todos los animales tienen estas energías; y por eso parece que son del cuerpo, y no del alma.
-PARTE XXI-
La energía vital está en el corazón, la cual para templar el fervor del corazón aspirando y espirando el aire, da la vida y la salud a todo el cuerpo. Realmente impulsa la sangre purificada por el aire puro por todo el cuerpo mediante las venas del pulso, que se llaman arterias. Por el movimiento de éstas los físicos conocen la templanza y destemplanza del corazón.
La misma Sor Ana Catalina Emmerick, nos dice, lo siguiente: En Sichar-Kedar vió el estado de un alma de un difunto. La presenció sobre el lugar de su muerte. "La vi sobre el lugar de su muerte, en un círculo, en una esfera donde se le mostraban cuadros de todos sus pecados, y todas las consecuencias que de esos pecados se derivan; y esto consumía y devoraba de pena esa alma. He visto también todos los castigos que debía sufrir por sus pecados, y recibió en ese estado una vista de los dolores de Jesús satisfactorios de las culpas cometidas.
Mientras esa alma estaba así desgarrada por el dolor y pronta para entrar en el castigo, Jesús oró y llamó a esa alma, con el nombre Nazar, que así se llamaba el hombre, para que volviera a entrar en su cuerpo. Dijo a los presente: "En cuanto lleguemos encontraremos a Nazar sentado y con vida". Yo vi las palabras de Jesús y a esa alma volar al cuerpo, estrecharse la esfera y entrar en su boca; vi al hombre levantarse al punto y sentarse en su cajón.
Yo veo siempre al alma humana como posando sobre el corazón, de donde parten infinidad de hilos o líneas a la cabeza. Nazar, envuelto en las telas de la sepultura, con las manos atadas, sentado en su cajón, su mujer le desató las manos, y él se levantó del cajón, se echó a los pies de Jesús y quería abrazar sus rodillas. Jesús se apartó, le mandó que fuese a lavarse, a purificarse y a mantenerse oculto en la casa, hasta que Él se alejase, y a no hablar de la resurrección. La mujer lo llevó a un lugar oculto de la casa donde se lavó y se vistió.
El sarcófago fué guardado en el sótano. Jesús enseñó allí hasta entrada la noche. Al día siguiente Jesús lavó los pies a Nazar y lo amonestó a cuidar más de su alma que de su cuerpo y a reparar todas las injusticias".
Una cosa es en nosotros aquello por lo que percibimos los cuerpos, lo cual hacemos con los cinco sentidos del cuerpo. Otra cosa aquello por lo que conocemos no los cuerpos, sino las cosas semejantes a los cuerpos, donde también nos vemos a nosotros mismos no de otro modo que semejantes a los cuerpos. Y otra cosa aquello por lo que ni conocemos los cuerpos ni las semejanzas de los cuerpos, sino aquellas cosas que no tienen imágenes semejantes a sí, como es Dios y la misma mente racional, sea la inteligencia, sea la razón: como también las virtudes, prudencia, justicia, castidad, caridad, piedad y cualesquiera otras que sean a las que entendiendo y pensando enumeramos, discernimos y definimos.
Pues el alma no es cuerpo, porque no toda semejanza del cuerpo es cuerpo. En efecto, estando durmiendo pueden aparecer sueños bajo la forma de cuerpo, que no es tu cuerpo, sino tu alma; ni es un verdadero cuerpo, sino la semejanza de tu cuerpo. Pues descansará tu cuerpo, y deambulará tu alma. Callará la lengua de tu cuerpo, y hablará ella. Estarán cerrados tus ojos y verá ella. Y así por ella se verá toda e íntegra la semejanza de tu carne.
En esta semejanza discurre por lugares conocidos y desconocidos, y siente las cosas alegres y las cosas tristes. Hasta el alma de un muerto, como de un durmiente, siente, en la misma semejanza de su cuerpo, las cosas buenas y las cosas malas: sin embargo, no son corporales, sino semejantes a las cosas corporales, que las almas, despojadas de los cuerpos, sienten, bien o mal, cuando ellas mismas se aparecen semejantes a cuerpos; y con todo hay verdadera alegría y verdadera molestia, causada desde la substancia espiritual.
Sin ninguna duda que hay en nosotros una substancia espiritual, donde o se forman las semejanzas de las cosas corporales o se asimilan las semejanzas formadas, bien cuando tocamos las cosas presentes con algún sentido del cuerpo, y a continuación su semejanza es formada en el espíritu, y es guardada en la memoria, bien cuando pensamos en las cosas ausentes que ya conoció y en las cosas que aún no hemos conocido, para que de allí se forme como un discernimiento espiritual.
Además, fingimos según nuestro albedrío y opinión innumerables cosas, que o no existen o que ignoramos su existencia. También giran formas innumerables y variadas de cosas en nuestro ánimo, bien cuando hacemos algo, bien cuando lo vayamos a hacer; incluso el alma es solicitada por algún espíritu rapaz hacia la visión de cosas ya buenas ya malas. Hasta por la excesiva preocupación del pensamiento o por algún ataque de enfermedad, como suele ocurrir a los frenéticos a causa de la fiebre, o por la intervención de algún espíritu sea bueno sea malo, se manifiestan a veces imágenes de las cosas corporales en el espíritu, a la manera como los cuerpos son presentados a los sentidos del mismo cuerpo, pero de tal modo que las cosas ausentes aparecen como presentes, y las que no son como si estuviesen ante los ojos.
Así los durmientes ven muchas cosas, que o bien nada significan o bien significan algo. En consecuencia, muchas veces las imágenes de las cosas corpóreas se presentan con tanta expresión en los sueños, como los mismos cuerpos a los que están despiertos, que no se llega a distinguir entre la visión de los que están dormidos y la verdadera intervención de los que están despiertos; sino que a continuación la carne se mueve por su influencia, y en contra de su propósito parece acomodarse hasta en contra de las costumbres lícitas, y lo que está acumulado naturalmente es excretado por las vías naturales.
Los castos, que están despiertos, cohíben y refrenan esos movimientos, en cambio, los que están dormidos no pueden hacerlo, porque no tienen en su poder la represión de la imagen corporal por la cual se mueve la carne habitualmente; y se sigue lo que suele provocar semejante movimiento: que quienes están despiertos no lo puedan realizar sin pecado. Así aparecen también las imágenes de cosas corporales en el espíritu, y muchas son representadas a voluntad, y otras se presentan fuera de su albedrío.
Por tanto, la propia alma que por su propia iniciativa está siempre en movimiento, porque no se le permite por medio del cuerpo o no se le permite plenamente sentir las cosas corporales o dirigir la fuerza de su intención hacia las cosas corporales, dormido el cuerpo, ella misma con el espíritu activa las semejanzas de las cosas corporales, así como también por sí misma o bien acostumbra a dar vueltas a las imágenes de los cuerpos o bien cuando, enajenada por algún espíritu, contempla las imágenes ofrecidas para verlas.
La naturaleza del alma es invisible, por eso está en el cuerpo invisiblemente y sale del cuerpo invisiblemente. Ve los cuerpos por medio del cuerpo, como el cielo y la tierra, y las cosas que hay en ellos, visibles a nuestros ojos. Y con el espíritu ve las semejanzas de los cuerpos. Porque todo lo que no es cuerpo y, sin embargo, sí que es algo, con razón se le dice ya espíritu.
Por lo mismo el alma es arrebatada por cierta fuerza oculta y espiritual para que, en vez de los cuerpos, vea en el espíritu las semejanzas expresas de las cosas corporales, pero con el entendimiento ve aquellas cosas que ni tienen las energías, ni las formas de los cuerpos, como es la justicia y la sabiduría o la misma mente y toda disposición buena del alma. Son manifiestos estos tres géneros de visiones. El primero corporal, por el cual los cuerpos son sentidos a través de los sentidos del cuerpo. El segundo espiritual, por el cual son distinguidas las semejanzas de los cuerpos con el espíritu, no con la mente. El tercero intelectual, por el cual son contempladas aquellas cosas que ni tienen cuerpos, ni formas de los cuerpos.
-PARTE XXII-
Si se dice que Satanás invade la mente de alguien, principalmente el corazón, ciertamente no es entrando en él, y en su sentido; sino incitando con fraude o iniquidad, y con toda la malicia, y seduciendo a la malicia, por medio de pensamientos y los incentivos de los vicios de que el mismo está lleno, en cuanto que es mentiroso, desvergonzado y burlón fraudulento de las almas. En efecto, el diablo no invadirá a nadie ni se hace su ocupante, como algunos creen, por la participación de la naturaleza o de la sustancia, sino que por la mentira, el engaño y la malicia, se dice que habita en aquel a quien invade. Porque entrar y llenar la naturaleza o la sustancia que creó solamente es propio de la Trinidad.
Los demonios superan fácilmente la insensibilidad de los cuerpos terrenos, tanto por la agudeza del sentido como por la celeridad del movimiento del cuerpo aéreo; y se adelantan a advertir algunas cosas pensadas, que embelesan a los hombres por la torpeza del cuerpo terreno. Y se añade a favor de los demonios que, durante tan largo tiempo como llevan viviendo, tienen una experiencia de las cosas mucho mayor que la que pueden adquirir los hombres en la brevedad de su vida. Por esta razón predicen algunas cosas futuras, y hacen cosas maravillosas, con las cuales atraen y seducen a las personas humanas, como a través de la reencarnación, con todo su relativismo y populismo.
De ahí el que algunas mujerzuelas engañadas en pos de Satanás y seducidas con las ilusiones y los fantasmas de los demonios, creen y confiesan que ellas por las noches cabalgan con Diana, la diosa de los paganos, y con Herodías y Minerva y con una ingente recua de mujeres, que obedecen sus órdenes. Porque Satanás, que se transfigura en ángel de luz, cuando capta la mente de cualquier mujerzuela y la subyuga para sí por la infidelidad, allí se transforman en las especies y semejanzas de diversas personas, y, engañando a la mente que en los sueños retiene cautiva, va mostrándoles por cualesquiera despropósitos ya cosas alegres, ya cosas tristes o bien personas conocidas o bien desconocidas.
Y como esto lo sufre solo un espíritu infiel, piensa que le sucede eso no en el alma, sino en el cuerpo; de ahí el que esté demasiado entristecido y embotado, porque cree que todo eso que se hace en el espíritu, le sucede también en el cuerpo: como cuando Ezequiel y otros Profetas, lo mismo que el evangelista Juan y otros apóstoles, tuvieron visiones en el espíritu, y no en el cuerpo.
-PARTE XXIII-
Cuando hombres muertos o vivos se aparecen a los hombres dormidos o en vela, no se ven como son en la misma realidad, sino en algunas semejanzas de las cosas. Y creemos que sucede eso con las operaciones de los ángeles, por dispensación de la providencia de Dios, que se sirve bien de los bienes y de los males, según la grandeza inescrutable de sus juicios, ya para que se instruyan las mentes de los mortales, ya para que se engañen, para que se consuelen, o para que se atemoricen, como a cada uno le sea dada la misericordia o aplicada la justicia por aquel a quien con toda razón la Iglesia canta la misericordia y el juicio.
Por cierto que los espíritus de los muertos están allí donde no ven, ni oyen lo que se hace o sucede entre los hombres en esta vida. Sin embargo, se preocupan de los vivos, aunque no sepan por completo qué es lo que hacen, del mismo modo, que nosotros nos preocupamos de los muertos, aunque ignoremos del todo qué es lo que hacen ellos.
Sin duda que los muertos ignoran qué se está haciendo aquí, pero mientras se obra aquí. Después pueden oír por aquellos que al morir van llegando de aquí hasta ellos: pero no del todo, sino en cuanto se les permite notificar lo que conviene que ellos lo oigan. También pueden conocer por los ángeles que aquí están para nuestro cuidado, y llevan nuestras almas hasta ellos; y más aún por la revelación del Espíritu divino, si es necesario que ellos lo conozcan.
Incluso algunos de los muertos pueden ser traídos hasta los vivos, no por la propia naturaleza, sino por el poder de Dios. Con todo no me atrevo a asegurar si estas cosas se hacen con su presencia, o por medio de los ángeles, que sustituyen a sus personas. Porque Dios omnipotente, que está presente en todas partes, puede por el ministerio de los ángeles difundido por doquier ofrecer a los hombres estos consuelos, a quienes juzga que debe dárseles en medio de la miseria de esta vida., Cfr. San Agustín de Hipona (354 - 430), en su tratado de el Espíritu y Alma, # 29.
Precisamente estas traídas hasta los vivos, las han experimentado varios misticos católicos, como muchas personas más, en el seno de la Santa Iglesia Católica. Una persona agraciada por estos sucesos permitidos por la Divina Providencia, fue precisamente, la Sierva de Dios, Natuzza Evolo Valente (1924 - 2009). Su vida entera fue una catequesis completa sobre las verdades contenidas en el credo católico, más exactamente, las relacionadas con el más allá, conectado con el aquí. Su ángel custodio le hablaba y la llevaba en bilocación a diferentes lugares para consolar o ayudar a personas en necesidad. Eso mismo hacían con ella algunos difuntos. Estas experiencias verificadas, en nada, estaban conectadas con la reencarnación, que es toda una confusión, sin igual.
La vidente Natuzza Evolo, además de entablar contacto con Jesús, con Nuestra Señora, con los ángeles y con varios santos; comenzó a escuchar, a ver, a sentir, a soñar junto a sí a personas de aspecto totalmente normal, a quienes dirigía la palabra: eran los difuntos, que por voluntad Divina, se le acercaban. Poco a poco se acostumbró a estas visiones de difuntos hasta el punto de establecer con muchos de ellos una relación de amistad por largos periodos de tiempo.
Sus encuentros espirituales llegaron a oídos de las autoridades eclesiásticas y científicas. Pues no parecían ser cosas de los médiums espiritistas, ya que los difuntos invitaban a la oración, a la confesión, a la comunión, al ayuno y a la penitencia para conseguir la salvación. Un día entró en la habitación de los niños de una familia, con apellido Colloca y vio tres personas: un joven, una señora y una niña, sentados en la cama. Ella les dijo que fueran a sentarse al salón de la casa, pero ellos le dijeron que eran difuntos. Al principio se asustó, pero le dijeron: No te vamos a hacer ningún mal. El Señor nos ha mandado venir a encontrarte. Y así, poco a poco, se acostumbró a no tenerles ningún temor.
Cuando se le aparecían, los difuntos le decían su nombre. Los tres que se le habían aparecido en el cuarto de dormir dijeron llamarse Fefo, Mannina y Concettina, todos ellos parientes difuntos de la familia Colloca y que Natuzza no había podido conocer ni saber de su existencia. La incredulidad inicial de los esposos Colloca empezó a dar paso a pensar que no podía ser casualidad lo que decía con tanta exactitud.
La vidente preguntando a su ángel, estaba en condiciones de saber si los difuntos se habían salvado o necesitaban sufragios y en qué grado estaban cerca del Paraíso Celetial. Según le manifestaban los difuntos, la purificación del alma por medio del sufrimiento después de la muerte es gradual, y hay varias etapas de acercamiento a la luz divina. Después del primer período de sufrimiento intenso por los pecados cometidos, el alma tiene la esperanza de ir al Reino de Dios pronto y está en un lugar que se llama Prado verde, que es como una antecámara donde se prepara para entrar al Cielo y disfrutar de la plenitud del amor de Dios por una eternidad y que era una verdadera mentira, que ella vuelva a reencarnarse.
Los difuntos, ya en el purgatorio, rezan continuamente por los vivos. Más no los que están en el infierno, que no dejan de maldecir y desean que muchas más almas se condenen, para que les hagan compañía por una eternidad infeliz. Las almas del purghatorio no pueden rezar por sí mismas ni por otros difuntos. Sus oraciones no les aprovechan a ellas mismas. La ley de Dios es que los vivos recen por los muertos y los muertos por los vivos. Las almas se le presentan a Natuzza Evola con los vestidos que usaban en vida y con el aspecto que tenían antes de morir.
En general ante Natuzza, aunque no siempre, al pedir información sobre algún difunto, se le presenta el
mismo difunto, que puede enviar por su medio mensajes o consejos a sus parientes o amigos cercanos. A veces, los difuntos se le manifiestan y ella los ve en el momento en que la visitan sus familiares. Normalmente los difuntos exhortan a tener resignación antela muerte, dicen que están tranquilos en el nuevo estado y que reciben 'con amor y resignación' los sufragios que les envían. Frecuentemente ellos moran en los lugares donde han vivido o donde han pecado. Ven a sus parientes vivos, pero no se les manifiestan porque Nuestro Señor Jesucristo no se lo permite.
A los difuntos los veía con el cuerpo idéntico al que tenían en el instante de su fallecimiento, mientras que a los niños los veía con un cuerpo que crecía hasta la edad de siete años; y a los niños de siete años, con un cuerpo que crecía hasta los 33. La misma edad con que murió, resucitó y subió a los cielos, el Señor de los vivos y muertos, Jesús de Nazaret, quien ha de volver en Gloria. Natuzza, con frecuencia, no los distinguía de los vivos, a no ser que los tocara y sintiera su carne fría o pálida. Distinguía las almas del paraíso, porque estaban elevadas un poco de la tierra y estaban vestidas de blanco y de celeste, y eran luminosas. Normalmente no veía a los del infierno y más por sus figuras grotescas y desesperadas.
Natuzza refiere que el purgatorio no es un lugar especial, sino un estado interior del alma, que hace penitencia en los lugares donde ha vivido o donde ha pecado y, a veces, superadas las fases de mayor expiación, en los mismos templos o incluso en los mismos cementerios o algunos bosques, desiertos o lugares desabitados. Tienen las almas el consuelo y la compañía 'permanente' de sus ángeles custodios, que permanecen con ellas hasta su entrada a la Casa del Padre Celestial.
La Sierva de Dios vio una vez a un difunto y le preguntó dónde estaba. El difunto le respondió que estaba entre las llamas del purgatorio; pero Natuzza, viéndolo sereno y tranquilo, le dijo que, a juzgar por su aspecto, no podía ser verdad. Entonces el alma le contestó que las llamas del purgatorio las llevaba consigo donde fuera. Y, mientras decía estas palabras, lo vio envuelto en llamas. Creyendo que se tratase de una ilusión suya, la vidente católica se acercó, pero fue envuelta en el calor de las llamas, que le quemaron la boca y la garganta, lo que le impidió comer normalmente por unos 40 días. Natuzza explicó: “Quizás tuve este castigo por mi falta de fe en las palabras del difunto”.
Normalmente las almas del purgatorio hablan del más allá y hasta deján pruebas convincentes. A tal punto, que en la ciudad de Roma, existe un museo con pruebas que han dejado ellas. Pidiendo sufragios y asegurando que están arrepentidas de todas sus faltas, de ver y por haber. Una tarde de tantas, se le presentó un alma del infierno a Natuzza. Era una señora que había obligado a su hija a prostituirse. Hablaba con voz alterada, confundida y con mucho odio. Según la vidente católica italiana, el motivo de manifestarse las almas del infierno es para amonestar y demostrar, que la condenación o salvación eterna si existe y que la reencarnación no lo es. Que si existen los ángeles buenos y los ángeles caídos.
Todas las personas humanas tienen un ángel desde su nacimiento, independientemente de su religión o de que crean o no en él. Los ángeles custodios están a la izquierda de la persona, pero en el caso de los obispos, sacerdotes y diáconos, están a su derecha por la mayor dignidad de éstos. Junto a los ángeles de Dios, muchas veces están también, las almas bienaventuradas del cielo. Un día se presentaron a Natuzza algunas personas, que ya estaban en el Cielo, y le dijeron: "Queremos que nos ofrezcan también a nosotros lo que les ofrecen a las almas del purgatorio, porque, aunque nosotras no necesitamos nada, se lo ofrecemos a Jesús, que se lo da a las almas necesitadas y es para nosotras una manifestación de su amor y, para ustedes, un gran mérito"., Cfr. Valerio Marinelli, Natuzza di Paravati, Edizioni Mapograf, Vibo Valentia, I, p. 78.
-PARTE XXIV-
Según San Agustín, "las potencias del alma así como las virtudes crecen con el ejercicio prolongado y el continuo fluir de los tiempos. En cambio la misma alma ni crece ni decrece, pero bien por la incapacidad de los miembros, bien por la pesadez de los humores y entorpecida por su deterioro, no puede ejercer sus capacidades. El alma, sin la carne, vive, ve, oye y tiene todos los sentidos e ingenios con agudeza, puesto que es pura, sutil, rápida y perpetua.
Y así como Dios en todas partes está en sí mismo, así el alma de alguna manera está en cualquier sitio en sí misma; por eso el alma después del cuerpo está allí donde era la que obraba en el cuerpo. Dios está allí ahora, donde existía antes de que hiciese el mundo, y donde seguirá existiendo, aunque el mundo dejara de existir. Como he dicho muchas veces, el alma es incorpórea: y sin embargo puede tener semejanzas del cuerpo, no corporales, sino semejantes al cuerpo, y por completo de los miembros corporales, cuando ha salido del cuerpo.
En efecto, así es llevada según los méritos, bien a las cosas espirituales, bien a lugares penales semejantes a los cuerpos: como a veces les han sido mostrados a los que han sido arrebatados de los sentidos del cuerpo y yacieron como muertos; cuando aún tenían en sí mismos alguna semejanza de su cuerpo mediante la cual podrían ser conectados a ellos y experimentar tales cosas con semejantes sentidos.
Por cierto, las almas que, cuando vivían en los cuerpos, por el amor de las cosas visibles, ahora son afectadas con las imágenes corporales, y saliendo de los cuerpos sufren los tormentos en las mismas imágenes. Y por eso, allí pueden estar retenidas por las pasiones corporales, porque aquí no fueron purificadas de la corrupción de las afecciones corporales, que llevaron por la masa corpórea del deleite corporal. Algunas almas son purificadas en los mismos lugares en los que cometieron la culpa, y otras, en cambio, están detenidas en lugares ocultos hasta la resurrección final, según cada una es digna del descanso o de la miseria".
-PARTE XXV-
"He dicho muchas cosas sobre el alma, pero aún no he hablado cuándo fue creada y cuándo saldrá del cuerpo. Lo primero que he puesto lo diré después; lo último no lo puedo decir, porque ignoro mi fin. Sé con seguridad que somos mortales; y que, queramos o no, todos moriremos. Nada más cierto que la muerte, y nada más incierto que la hora de la muerte. Pues ni sabemos cuándo, ni cómo, ni dónde moriremos, porque la muerte nos espera en todas partes.
Así pues, siempre debemos estar preparados, para que cuando sea devuelto el cuerpo a la tierra de la que fue sacado, el espíritu vuelva a aquel que se lo dio. Puesto que nos debe mover sobre todo aquello que los sabios antiguos definieron al hombre de este modo: el hombre es animal racional y mortal. Puesto en este género, que se dice animal, vemos dos diferencias añadidas, con las que ha de ser definido el hombre, y a dónde se debe volver y de dónde ha de huir.
Pues así como el progreso del alma cayó hasta las cosas mortales; así su regreso debe ser hasta la razón, por la que pueda resistir a los vicios que la asaltan, para que viva según su naturaleza, y que anhela ser ordenada a las órdenes de aquel por quien debe ser regida, y sobre aquellas cosas que ella debe regir. Por la palabra, que se dice racional, la separa de las bestias; y por la otra, que es mortal, la separa de las cosas divinas. Si no retuviere lo primero, será bestia; si no se apartare de lo segundo, no conseguirá llegar a las cosas divinas.
Por lo tanto, para que el hombre desconocido para sí se conozca a sí mismo, ha de trabajar con la gran costumbre de apartarse de los sentidos, para que recoja el ánimo dentro de sí, y lo retenga en sí mismo. Ya que el alma es impedida por esos sentidos, para que no pueda verse a sí misma, y a su Creador, a quien ella, sola y simple, debe mirar sin estos ojos".
-PARTE XXVI-
"Alma se llama todo el hombre interior, por la cual es vivificada, es regida, y es conservada toda esa masa de lodo, humedecida de jugos, para que no se disuelva disecada. Pues en tanto que vivifica al cuerpo, es alma; en tanto quiere, es ánimo; en tanto conoce, es mente; en tanto recuerda, es memoria; en tanto juzga, es razón; en tanto vive y contempla, es espíritu; en tanto siente, es sentido. En efecto, de ahí el alma se dice sentido, por todos los que sienten, de donde también el nombre de sentencia o modo de sentir.
El cuerpo tiene también cinco sentidos, que son llamados así porque por medio de ellos el alma agita muy sutilmente a todo el cuerpo con el vigor de la sensación. Y de tal modo todas estas cosas están unidas al alma que es una sola cosa: aunque por las virtualidades de las causas el alma recibe nombres diversos. En efecto, es simple en la esencia y múltiple en los oficios.
La memoria también es mente, por eso llamamos desmemoriados a los dementes, sin razón. El tesoro y guardián de todo esto es la memoria. Tan grande es su perplejidad que no es posible contarla; y ella misma es el ánimo principio total. Cuando digo mente no significa otra cosa que alma; con todo, por lo uno digo alma; y por lo otro digo mente. Porque todo lo que vive es el alma del hombre. En cambio cuando el alma se eleva en sí, de sí y por sí suele llamarse la mente sola. En cuanto a cumplir sus ministerios, el sentido habitualmente es llamado alma.
Que espíritu es lo mismo que alma lo proclama el evangelista, cuando dice: tengo poder para entregar mi alma, y tengo poder para recuperarla. De esta misma alma del Señor el recordado evangelista lo reveló al decir: e inclinada la cabeza entregó el espíritu. ¿Qué es dejar ir el espíritu, sino poner el alma? Pero alma se dice por lo que vive; en tanto que espíritu bien por la naturaleza espiritual, bien por lo que espira en el cuerpo.
También decimos que ánimo es lo mismo que alma: pero alma es de la vida, ánimo del buen sentido. Por lo cual dicen los filósofos. Tanto vivir sin ánimo, como vivir sin mente, como en los dementes. En efecto, parece pertenecer a la mente el saber; al ánimo el querer. También los niños en el seno de la madre viven sin conocimiento ni voluntad. En cambio se llama mente, a lo que sobresale en el alma, a lo que se recuerda. Por lo cual se llama mente no al alma, sino a lo que sobresale en el alma, como la cabeza y el ojo. De donde también el mismo hombre según la mente se dice imagen de Dios. Efectivamente se llama mente por eso que sobresale en el alma, ya que es la energía más excelente del alma, de la cual procede la inteligencia. Puesto que la razón es el movimiento del alma, que agudiza la visión de la mente, y que distingue las cosas verdaderas de las falsas".
-PARTE XXVII-
"Porque he venido mencionando muchas veces las energías del alma, debo definirlas: para que las cosas que se han dicho y las que se han de decir puedan ser entendidas con mayor claridad. Pueden llamarse sensualidad, sentido, imaginación, tanto del cuerpo como del alma. La sensualidad del cuerpo es una energía ígnea. La sensualidad o animalidad del alma es una energía inferior, que arrastrando consigo a la sensualidad de la carne, como fámula y obediente, levanta las sensaciones y las imaginaciones, y las repone en el almacén de la memoria.
En el sentido está el instrumento de la sensualidad y el origen de la imaginación. Puesto que la energía ígnea, que formada extrínsecamente se dice sentido, es la misma forma llevada hasta lo íntimo, y se llama imaginación. El sentido pues origina la imaginación, la imaginación el pensamiento, el pensamiento la meditación. La meditación agudiza al ingenio, el ingenio a la razón: la razón conduce al entendimiento, el entendimiento a la inteligencia, la inteligencia por la contemplación admira la verdad misma, y se deleita en ella por la caridad. El sentido es la pasión del alma en el cuerpo por las cualidades que le ocurren desde fuera.
La imaginación es la energía del alma, que reconoce la figura de las cosas corpóreas ausente al cuerpo sin el sentido exterior. El pensamiento es la ocupación del alma sobre cualquier cosa. La meditación es el pensamiento frecuente que investiga el modo, la causa, y la razón de cada cosa. El ingenio es una energía naturalmente congénita en el alma que se vale por sí. La razón es una energía del alma, que discierne todo y lo juzga todo, pero principalmente cuando aspira con avidez a las cosas espirituales, y conserva en sí la imagen de Dios.
El entendimiento es la percepción de las cosas verdaderas existentes. La inteligencia es el conocimiento puro y cierto acerca de solos los principios de las cosas, esto es: acerca de Dios, las ideas, las almas, y de las sustancias incorpóreas. La contemplación es la admiración gozosa de la verdad diáfana. La caridad es la concordia de las mentes, y la sociedad de los elegidos, la vida de las almas bienaventuradas y de los ángeles, porque ni las almas ni los ángeles viven, sino por la caridad".
-PARTE XXVIII-
"El alma racional e intelectual es creada a imagen y semejanza de Dios, para que conozca a su Hacedor por la imagen, y le ame por la semejanza. En verdad por la imagen de Dios tiene la razón y por la semejanza la caridad. Por otra parte la caridad en sí misma representa a la Trinidad. La razón la siente, y, serena, la busca; la caridad la encuentra, y, viéndola, descansa feliz. A ésta la fe la toma por guía en esta vida, la esperanza la acompaña hasta el cielo, y la caridad la abraza para siempre.
Así pues, que la mente espiritual, y la inteligencia racional contemplen en primer lugar a su Creador; después que le vean en su criatura; y mediante la libertad del arbitrio que dirijan a sí mismo y a todas las criaturas a Aquel que ha creado todas las cosas. Que la Trinidad, manifestada por la caridad, de tal modo resplandezca en el hombre, que siempre la pregone, y que la contemple siempre aquel a quien hermosea la imagen de la Trinidad.
De este modo el hombre conserva la semejanza de Aquel cuya imagen lleva en sí por naturaleza. Que aparezca pues la imagen de Dios en la inteligencia racional, en la mente espiritual y en el honor del libre albedrío. Que aparezca la semejanza de Dios en las costumbres junto a la naturaleza, en las obras junto a la justicia, en las virtudes junto a la gracia: para que la naturaleza esté adornada con las costumbres, la justicia esté comprobada con las obras, y la gracia se llene, y fructifique con las virtudes, y así viva siempre en la presencia del Señor.
El alma entera anima al cuerpo entero por igual: más aún la vida es inspirada por Dios al hombre, no de una materia preexistente del hombre, sino creada por El de la nada. De los demás seres animados dice la Escritura: que bullan las aguas, etc., que produzca la tierra el alma viviente, animales vivientes. Por cierto ni el agua, ni la tierra produjo el alma, sino que Dios la inspiró; pero no como viva o viviente, sino como aliento de vida, racional por la semejanza de Dios, creada a imagen de Dios".
-PARTE XXIX-
"El alma no es una porción de Dios. Esto lo prueba la mutabilidad en que incurre. En efecto, Dios es inmutable y ésta muchas veces cambia, con frecuencia condenada por su culpa, y también se hace miserable por la culpa. Y sin embargo nada la habría podido dañar si ella no se hubiese apartado de Dios. Ahora bien, se apartó cuando pecó. Por ello sufre miserable, fugitiva de Dios. Separada del uno, se derrama en muchas cosas, y se hace morbosa por su destemplanza, se hace molesta. Por todo ello los sentidos corpóreos, turbados por la memoria atormentada, se vuelven embotados, marchitos y estúpidos. De ahí sufre la carne, vienen las enfermedades, y amenaza la muerte violenta.
Puesto que el hombre, apartado de Dios, y pervertido al pecar, porque está en oposición con Dios, también lo está consigo, y lleva en sí mismo la pena desde sí mismo. El alma no es formada de la materia informe sino que recibió la forma en su creación, por lo cual fue creada a imagen y semejanza de Dios. Si se aparta de Él, queda informe, porque se hace rea, se hace desemejante, y sin embargo, ni por eso se vuelve irracional, porque lleva la imagen de Dios, y por lo tanto también puede ser reformada. Pero, aunque no se quede rematada del todo por el pecado, y aunque sea comparada por su insensatez con los jumentos, no por eso se hace alma de bruto o de otro cuerpo.
Porque siempre ha de tener aquel mismo cuerpo, tanto ahora como al final, con el cual fue formada una sola persona. Pero ni por eso se hace cuerpo, aun cuando quede embotada por completo. Tampoco es seccionada en partes, ni encerrada localmente. Ni es mayor por las partes mayores del cuerpo ni menor por las menores, todas idóneas para la vida. En efecto, el alma racional, que es espíritu, por muy grandes males en que esté sepultada; y dondequiera que está, está toda entera. No se transmite de padre a hijo, ni es una sola el alma de ambos. Dice el Señor: lo mismo que el alma del padre, así es mía el alma del hijo.
Ni se traspasa parte del alma del padre al hijo, cuando lo engendra. Por cierto, partirse o dividirse, aumentarse y disminuirse no lo conoce el espíritu en su substancia. Porque no puede ser mayor, sino mejor. En efecto, si fuese transmitida particularmente se estaría probando que el espíritu es corpóreo. Porque si, como algunos deliran, el germen del alma tuviese que ser transmitido al engendrar con el germen de la carne, se podrían deducir de ahí muchas cosas deshonestas e imposibles, que ni deben decirse ni pensarse del espíritu racional. Pues es indecente renovar obscenidades, y remover los gérmenes malos derivados de la corrupción de la carne".
-PARTE XXX-
Los antiguos dijeron muchas cosas sobre la naturaleza del alma, pero no de modo que parezca que nada queda ya por decir. Y yo de sus dichos he podido reunir, con la mayor diligencia que he podido, este resumen breve y cierto, además me he esmerado por reunir en uno lo que se pueda encomendar a la memoria. Puesto que la memoria del hombre está embotada, y goza de cortedad; y si se divide por muchas cosas, se hace menor en cada una.
El hombre consta de alma y cuerpo: y cuanto se ve con los ojos corporales ha sido hecho por medio del cuerpo, el cuerpo por medio del alma y el alma por Dios. El alma es la vida del cuerpo, Dios es la vida del alma. El alma es inmortal, porque carece de carne: no tiene donde caer, para que necesite de la resurrección después de la ruina, si no hubiese caído por el pecado. y por ello nuestra vida no perece con la muerte, sino que abandona el cuerpo, mientras que al alejarse el alma no pierde su vigor, sino que deja eso que había vivificado, y cuanto está en sí, causa la muerte de otro, que ella misma no recibe.
Repito, que lo causa al no vivificar lo que había abandonado, sin perder lo que da vida. Por tanto la muerte del hombre no es otra cosa que el ocaso de la carne, de la cual cuando se ha alejado el vigor de la potencia vivificante, vuelve a la tierra de la que fue sacada, perdidos los sentidos que no tuvo por sí misma. El alma da la vida a la carne, cuando llega, no de otro modo a como el sol da luz al día; y causa la muerte, cuando se va. Con todo, la muerte no consume las cosas unidas, sino que las divide, mientras una y otro vuelven a su origen. Y para que nadie piense que el alma es consumida por la muerte del cuerpo, escuche lo que dice el Señor en el evangelio: no temas a los que matan el cuerpo, y no pueden matar el alma. El cuerpo se fatiga con los pensamientos del alma; el alma es afectada en el cuerpo con los dolores del cuerpo".
-PARTE XXXI-
"El cuerpo consta de cuatro elementos. El alma ni es elemento, ni viene de los elementos, sino que es creada de la nada, y conocida de solo su Creador. Luego por todos estos elementos que en sí, esto es, en su cuerpo, ve las cosas visibles, también ve que nada de eso sea o pueda ser ella. Así que se separe, y olvide de todo lo que ve visible en sí; y que ella ve que es completamente invisible en eso que ve en sí, y sin embargo ve que ella no puede ser vista.
Por último que se eleve sobre sí, y en eso que es el espejo primero y principal de ver a Dios y creado más próximo y semejante a la imagen y semejanza de aquél, que contemple al Dios invisible. Pues esto es la misma razón, y la mente que usa de la razón, la cual fue creada a la primera semejanza de Dios, para que pueda encontrar por sí a Aquel por quien fue creada y descansar dulcemente con su amor y contemplación. En realidad manifiestan a su Creador más perfectamente esas cosas que se acercan más próximamente a su semejanza. Y ésta es la misma criatura racional, que con excelencia y propiedad fue creada a su semejanza: y entonces conoce y ama más prontamente a su Creador, a quien no ve, cuando ella entiende que ha sido creada a su imagen.
La mente racional es la que, pensándose a sí, entiende y tiene su imagen nacida de sí misma, cuya imagen es su verbo. Pues el verbo de una cosa es el mismo pensamiento formado a su semejanza desde la memoria. De este modo aparece con claridad que la suprema Sabiduría, cuando se habla a sí, entiende que engendra su semejanza consubstancial a sí, es decir, a su Verbo. Con todo, la mente racional porque no siempre se piensa a sí misma, y siempre se acuerda de sí, está claro que cuando se piensa a sí, su verbo nace de la memoria. De donde aparece que si bien se pensase a sí, siempre su verbo nacería de la memoria. En cambio, tratándose de la Suprema Sabiduría, que siempre se habla a sí, como siempre tiene memoria de sí, está claro que de la memoria eterna nace su Verbo coeterno. Porque así como la Suprema Sabiduría es eterna, así tiene memoria de sí eternamente, y se entiende a sí eternamente, y eternamente se habla, siendo el hablar lo que el entender; y como eternamente se habla a sí, eternamente su Verbo está en sí mismo.
Luego la mente racional que entre todas las criaturas sólo ella puede remontarse hasta la investigación de la Suprema Sabiduría, y por lo mismo sólo ella puede ir a su encuentro, que siempre ponga empeño en acordarse de ella, entenderla y amarla; para eso fue creada, para que viva siempre, si ama siempre la Vida Suprema, la Suprema Sabiduría, la Suprema Esencia, a la cual debe esto mismo que es. Ahora bien, no puede amar, si no pone empeño en acordarse de ella, y entenderla. Con que haga eso para lo que fue creada, para vivir bien".
-PARTE XXXII-
"Dios Omnipotente cuya felicidad no puede ser aumentada, porque es perfecta; ni ser disminuida, porque es eterna. Por puro amor, sin ninguna necesidad de sí creó los espíritus racionales para hacerlos partícipes de su felicidad. Pero a unos confirmó en su pureza en el cielo; y a otros por su soberbia los precipitó al infierno; a otros en fin los asoció a los cuerpos terrenos para probar su humildad y obediencia en la habitación terrena de modo que vivificasen la materia arcillosa, para el sentido de la vida".
Precisamente es en Medjugorje, donde Nuestra Señora nos recuerda estas disertaciones de San Agustín. A lo largo de varios años, la Santa Madre de Dios, ha hablado varias veces sobre la eternidad que nos espera, sobre “los novísimos” o “postrimerías”, es decir, las cosas que nos sucederán al final de nuestra vida terrena (la muerte, el juicio particular y el destino eterno, el cielo o el infierno). De ellas, sólo el infierno y el cielo son eternos, es decir, para “siempre, siempre, siempre o por los siglos sin término”. Porque el mundo pasa y nuestra vida es tan sólo un parpadeo [(una brisa, un soplo, un guiño, un suspiro, un caminar breve, un paso)] hacía la vida eterna (Mensaje del 2 de Agosto de 2014), un tránsito hacia la definitiva: “no olvidéis que estáis aquí en la tierra en camino hacia la eternidad y que vuestras moradas están en el cielo”, (25 de Julio de 2000).
En ningún momento la Madre de Jesucristo hace referencia sobre la reencarnación, que se enreda, con la ira, que reclama con despecho, el por qué, tuvimos que volver a nacer y el por qué, tenemos que volver aguantarnos, en una existencia y en las otras existencias; una y otra vez, los mismos karmas y darmas. Los reptidos episodios reencarnativos, sin cambio alguno.
De la irascibilidad nace el odio. En efecto, la ira engendra odio, y del odio viene el dolor y el temor. Por ejemplo, cuando nos airamos contra nuestros pecados, y comenzamos a odiarlos, nos dolemos porque hemos pecado, y tememos las penas por los pecados, que son los que se repiten, no la repetición de una existencia tras la otra, con viejos y nuevos pecados.
-PARTE XXXIII-
Dios creador de todas las cosas, entre las demás y sobre las demás cosas que creó, de tal modo se dignó engrandecer más a la naturaleza racional que la hizo insigne hasta por la semejanza suya, y quiso que sea partícipe de su felicidad. Con todo, aunque el origen de esta criatura racional parezca semejante, es diversa su condición; mientras una parte suya está afirmada en la felicidad eterna, otra parte está separada con las cadenas del infierno y entregada al tártaro, guardada para los tormentos en el juicio particular y después en el universal.
Por lo mismo, la existencia de varias vidas 'sin termino' no existe, pero si, un cielo y un infierno eterno. Así muchos no reconozcan, su existencia. Inclusive, ya no caben 'aquí' más planteamientos de discución. Es lo obvio.
-PARTE XXXIV-
Fluctuando, pues, el alma humana entre los diversos afectos es necesario que, tomando una posición cierta, bien en las cosas ínfimas, bien en las cosas supremas, sea perseverante ya en el gozo ya en el dolor. Dios está en lo supremo, el mundo en lo ínfimo. Dios permanece siempre en el mismo estado de su eternidad. El mundo fluye siempre inestable por el curso de su mutabilidad. El alma humana, como colocada en el medio por cierta excelencia de su condición, de una parte sobrepasa esta mutabilidad que está por debajo, y por otra parte todavía no toca aquella verdadera inmutabilidad que está junto a Dios.
Por lo anterior podemos deducir, que es todo un absurdo y por donde se le vea, declarar que Dios también reencarna una y otra vez. Es un completo disparate llegar a esta conclusión. Ni él reencarna y mucho menos, ni sus ángeles creados, ni sus almas humanas creadas y ni mucho menos cualquier criatura creada. Nunca jamás.
-PARTE XXXV-
Creemos que las almas no existen desde el principio con los ángeles, ni que han sido creadas todas a la vez, como imagina Orígenes. Tampoco que han sido engendradas mediante unión con los cuerpos, como afirman los luciferianos, Cirilo, y algunos latinos presumidos. Sino que decimos que sólo el Creador de todas las cosas conoce su creación; en tanto que el cuerpo es engendrado por la unión del matrimonio; por un verdadero plan de Dios es cuajado, configurado y formado en el seno, y una vez formado ya el cuerpo, el alma es creada e infundida. De modo que el hombre viva, constando ya de alma y cuerpo, y salga vivo y completa toda la substancia humana. Creemos que no hay dos almas en un solo hombre, como muchos escriben, la una animal, por la cual es animado el cuerpo, y que está mezclada en la sangre; y la otra espiritual, que suministra la razón. Sino que decimos que, en el hombre, hay una sola y la misma alma, la cual a la vez que vivifica el cuerpo con su sociedad también la disponga con su razón a sí misma, teniendo en sí la libertad del albedrío, para elegir por el pensamiento de su substancia lo que quiere.
Puesto que el hombre ha sido encomendado a la libertad de su albedrío. Pero después que cayó por la seducción de la serpiente por medio de Eva, perdió el bien de naturaleza y a la vez también el vigor del arbitrio; con todo no perdió la elección: que fuese suyo aquello que corrigiese el pecado, pero amonestando e inspirando primero Dios, para salvarse. Por tanto, queda el libre albedrío, que es la voluntad de la razón, para buscar la salud, que está en nuestra potestad, y que es don de Dios para que alcancemos lo que deseamos alcanzar. Que es de nuestra vigilancia y a la vez de la ayuda celeste que no resbalemos, una vez conseguido el don de la salvación: que está en nuestra potestad y cobardía que resbalemos. Creemos que sólo el hombre tiene alma substantiva, la cual vive libre del cuerpo y mantiene con vida sus sentidos, y otros ingenios con sus cualidades naturales. Tampoco muere como el cuerpo según afirmó Arato (Arabs-Arabas); ni va a morir después, como dice Zenón: porque vive substancialmente.
En cambio las 'almas-animas' de los animales no son substantivas, sino que nacen con la carne misma por la vivacidad de la carne, y mueren con la muerte de la carne; y por tanto no son regidas por la razón, como piensan Platón y Alejandro: sino que son guiadas por todos los estímulos de la naturaleza. El alma humana no muere con la carne, porque tampoco es engendrada con la carne, como hemos dicho antes; sino que formado el cuerpo en el útero de la madre, dijimos que es creada e infundida por el juicio de Dios para que cada persona humana, viva dentro en el seno, y de este modo salga al mundo por el nacimiento.
El alma teniendo principio del Creador, de quien procede, es perfecta en su género, y debería conocer todo lo que puede ser conocido por el género humano, si no tuviese la gravedad de la carne. Todo esto puede ser probado por medio del primer hombre, el cual, antes de la corrupción de la humanidad, tuvo la ciencia humana perfectamente, desde que existió. Pero sólo corrompida la Humanidad, se corrompe desde que se une a la corrupción. Tampoco puede ejercer sus propiedades, hasta que movida por el uso, la experiencia y la enseñanza de alguno comienza a discernir; como, por ejemplo, cuando alguien con una agudeza hasta sutil de los ojos es arrojado a las tinieblas, y sin embargo no puede ver allí hasta que se adapte a las tinieblas o se encienda una luz. De ahí el dicho de Virgilio: «Cuánto sufren los cuerpos santos».
Y aun cuando unas sean las acciones del cuerpo, y otras las acciones del alma, con todo, tanto los vicios del cuerpo, como las virtudes del alma pueden existir. Porque al ser dada el alma para eso, para que corrija los movimientos ilícitos de la carne, suceden por la ignorancia y negligencia suyas. Así como, cuando bien un discípulo, o bien un siervo peca por negligencia del maestro o del señor, el maestro y el señor no están libres de culpa, del mismo modo el alma tampoco está libre de culpa, cuando suceden aquellos movimientos ilícitos, porque ella debe mandar y aquéllos obedecer.
-PARTE XXXVI-
La persona humana consta solamente de dos substancias, del alma y del cuerpo: el alma con su razón y la carne con sus sentidos. [(Una sola y única alma y un solo y único cuerpo resucitado, por una eternidad, feliz o infeliz. No existen más que estas opciones)]. Sin embargo la carne no mueve esos sentidos sin la sociedad del alma, y en cambio el alma mantiene su ser racional también sin la carne. Con todo, hay que advertir que los mismos sentidos que son descritos en el hombre exterior se manifiestan igualmente en el ser interior según su medida; porque las cosas espirituales no han de ser comparadas con las corporales sino con las espirituales.
Por eso la voz divina dice en el Deuteronomio: Mirad que yo soy Dios, no hay otro fuera de mí. Y en el Apocalipsis: Quien tiene oídos para oír, que oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias. Y en el salterio: gustad y ved qué suave es el Señor. También el apóstol: Somos buen olor de Cristo tanto para los que se pierden como para los que se salvan. En el evangelio el Señor manifiesta que la mujer le tocó con la fe, más que con el cuerpo, al decir: alguien me ha tocado; porque también yo he sentido que una fuerza ha salido de mí.
Por tanto hay que observar con todo cuidado qué pertenece a los sentidos del cuerpo, y qué a la dignidad del alma, no vaya a ser que el orden confuso y la estimación irracional en alguna parte parezca que se opone a la verdad. No hay un tercer espíritu en la substancia del hombre, como defiende Dídimo; sino que el espíritu es la misma alma: la cual sea por la naturaleza espiritual, sea por eso que sopla en el cuerpo, se llama espíritu.
Por otra parte se llama alma porque anima para vivir y vivificar al cuerpo. En cuanto al tercero que el apóstol introduce con el alma y el cuerpo como espíritu, hay que entender la gracia del Espíritu Santo, que el apóstol pide que persevere íntegra en nosotros, para que ni disminuya ya por nuestros vicios ni se aparte de nosotros; porque el Espíritu Santo rehúye el engaño, se aleja de los pensamientos que son insensatos.
Ejercitemos nuestra alma, por tanto, con la meditación continua y consideremos nuestras miserias y nuestras necesidades, nuestros trabajos y dolores. Puesto que entramos a esta vida llorando, vivimos penando, y hemos de salir con dolores y temor. Pensemos más cuán breve es nuestra vida y cuán peligroso el camino, cuán cierta es la muerte e incierta la hora de la muerte. Pensemos con cuántas amarguras está mezclado cuando algo dulce o alegre nos divierte con su encuentro en el camino de esta vida, cuán engañoso y sospechoso, cuán inseguro y transitorio todo lo que alumbra el amor de este mundo, todo cuanto promete la grandeza y la hermosura temporal.
Consideremos también cuál sea la hermosura de la patria celestial, su suavidad y su dulzura. Fijémonos y sopesemos de dónde caímos y dónde yacemos; qué perdimos y qué encontramos, para que por lo uno y lo otro comprendamos cuánto debemos llorar en este destierro. De aquí que dice Salomón: quien acumula sabiduría, acumula también dolores. Porque cuanto más el hombre conoce sus propios males, tanto más suspira y gime.
Por consiguiente cada alma es un único tesoro que hay que cuidar primeramente e incluso, más que el cuerpo humano, que es quien guarda o cubre el alma. Nuestro único cuerpo, creado por Dios, está compuesto por: Elementos químicos. El 99% del cuerpo humano está formado por cuatro elementos químicos: carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. El oxígeno es el elemento más abundante, con aproximadamente un 65%, seguido por el carbono, con un poco más del 19%.
Por Moléculas. Los átomos se unen entre sí para formar moléculas, que pueden ser orgánicas o inorgánicas. El agua es la molécula más abundante del cuerpo humano y supone alrededor del 55 % del peso total de un adulto. Por Células. El cuerpo humano está compuesto de billones de células, que son la parte viva más pequeña del cuerpo. Existen aproximadamente doscientos tipos diferentes de células, y cada una cumple una función distinta.
Por Tejidos. Los tejidos se forman por la unión de células relacionadas que trabajan juntas para desarrollar funciones específicas. Por Órganos. Los órganos están formados por diferentes tipos de tejidos y, por lo tanto, diversos tipos de células. Por energía. Sí, el cuerpo u organismo humano es una fuente de energía renovable que puede almacenar y liberar energía en diferentes formas:
Por Almacenamiento. El cuerpo almacena energía en forma de grasa y azúcares simples como la glucosa. Por Liberación. El cuerpo libera energía en forma de calor, energía mecánica y energía química. Por Obtención. El cuerpo obtiene energía de los alimentos que se ingieren, que son ricos en carbohidratos.
El cuerpo humano puede ser una fuente de energía para alimentar dispositivos electrónicos portátiles o vestibles. Para ello, se pueden usar recolectores de energía como sensores Seebeck o termopares. Los termopares son sensores que producen una tensión eléctrica cuando se encuentran a distintas temperaturas.
El cuerpo humano también genera electricidad a través de la bioelectricidad, un tipo especial de electricidad que es esencial para su función. El cuerpo humano necesita energía para vivir y para realizar muchas actividades, como grabar, pensar, orar, meditar, cantar, caminar, correr, moverse, respirar, crecer, madurar los tejidos, producir leche materna y mantener los tejidos sanos.
Por cierto, la meditación engendra ciencia, la ciencia compunción, la compunción devoción completa, la devoción completa la oración. Meditación es el pensamiento frecuente, curioso y sagaz para investigar las cosas oscuras y sacar a notoriedad las cosas ocultas. Ciencia es cuando el hombre es iluminado por la meditación asidua para el conocimiento de sí.
Compunción es cuando de la consideración de sus males propios el corazón es tocado por el dolor interno. Devoción es el afecto piadoso y humilde hacia Dios; humilde por la conciencia de la propia debilidad, piadoso por las consideraciones de la clemencia divina. Oración es la devoción de la mente, esto es, la conversión hacia Dios por el afecto piadoso y humilde. Afecto es una inclinación espontánea y deliciosa de la misma alma hacia Dios. En verdad que nada inclina a Dios más a la piedad y a la misericordia, como el afecto puro del alma.
No hay ciencia mejor que aquella por la cual el hombre se conoce a sí mismo, discutamos nuestros pensamientos, palabras y obras. En realidad de qué nos aprovecha, si investigamos con sutileza la naturaleza de todas las cosas, la llegamos a comprender y no nos conocemos a nosotros mismos. Examinemos, por tanto, qué hemos hecho nosotros, si lo hicimos como debimos hacerlo; consideremos también aquellas cosas que vamos a hacer, si son según Dios.
Ya que nos es necesaria la circunspección en el examen: en la medida que tenemos experiencia de lo que hemos hecho, volvámonos más cautos para aquellas cosas que vamos a hacer. Por cierto, no pocas veces la obra que creemos haber comenzado con buena intención, tanto más pronto nos precipita en la decepción, cuando más seguros del principio de nuestra intención no observamos el fin de la acción; y nos precipitamos imprudentes a la fosa como por camino llano, porque vemos qué hacemos, pero no atendemos qué debe seguir a nuestro fin.
-PARTE XXXVII-
Grande sobre manera es la dignidad de cada persona, sea hombre o mujer, en cada una de sus etapas de vida o de su única existencia: llevar la imagen de Dios, y ver su rostro continuamente en sí, además de tenerlo siempre presente por la contemplación. Pero después de que al pecar echamos por tierra nuestro deleite, el polvo del pecado está posado en nuestro corazón; y por eso resbalamos cayendo de aquel espejo de la contemplación interior a estas míseras tinieblas de la vida presente, donde no podemos servir dignamente a Dios, porque por la suciedad de la iniquidad y envueltos por las tinieblas de la ignorancia, no vemos ya en gran parte qué debemos hacer y evitar; limpiemos entonces nuestro espejo del amor de la vanidad y del amor de la iniquidad, esto es, del polvo y de la suciedad, para que en él podamos vernos a nosotros y a nuestro Creador, a quien al pecar le dimos la espalda.
Si en verdad estamos separados de Dios, es precisamente por culpa de nuestros propios pecados 'mortales y veniales', libremente cometidos. Cada uno de ellos nos separan de Él, no los karmas y darmas, a través de varias existencias, sin fin. Que es la doctrina de los reencarnacionistas, entre ellos, los mismos supuestos, seres intergalacticos o interdimensionales, que, visitan la Tierra y dejan estas enseñanzas; las mismas, que salen del infierno, repleto de ángeles caídos, demonios y almas de condenados.
-PARTE XXXVIII-
Dos cosas necesitamos para conocernos, a saber: cómo somos para el mal, y cómo somos para el bien. Estamos inclinados al mal, y si la misericordia de Dios no nos tiene de su mano, podríamos caer en todos los vicios, sin poder levantarnos de allí, a no ser que la misericordia de Dios viniese luego a levantarnos; como a través, de aquellas experiencias, 'post mortem', temporales; que, miles de personas, experimentan, cada año, con el más allá. En efecto, la caridad es tan familiar a Dios que no quiere habitar en aquel en quien no hubiera caridad. Luego el que tiene caridad, tiene a Dios; porque Dios es caridad. Y quien odia a una persona u algo hermoso de la creación, pierde a Dios, y el bien que hace. Por lo cual, que cada uno tenga cuidado de no perder a Dios, y todo el bien por el odio a una sola persona, templo del espíritu santo. Que goza de una sola vida y no de varias vidas.
-PARTE XXXIX-
Volvamos ahora a nuestro espejo, y veamos cómo por el conocimiento de nosotros mismos podemos ascender al conocimiento del mismo Dios. La naturaleza del hombre es doble. Una interior, que es el mismo hombre, porque la mente de cada uno es él mismo; otra exterior, esto es, el cuerpo. El hombre está compuesto de la doble naturaleza, y por ello para que el hombre interno sea santificado, Dios le ha preparado desde el principio dos clases de bienes: unos visibles, otros invisibles, unos corporales, otros incorporales: para que con los primeros el sentido de la carne sea guardado para la amenidad, con los segundos el sentido de la mente sea repleto de felicidad. Ésta es la razón de por qué el alma racional está equipada de doble sentido: para captar las cosas visibles por el sentido de la carne, y las cosas invisibles por el sentido de la mente. En la medida en que las cosas visibles y las invisibles la estimulan al conocimiento y al amor del Creador. Porque la intención de todas las acciones humanas debe correr a este fin, para que o bien se instaure en nosotros esa semejanza de la imagen divina, o bien se atienda y mire a la necesidad de esta vida. En cuanto a las cosas que reparan en nosotros la semejanza divina son dos, esto es: la especulación de la verdad, y el ejercicio de las virtudes: porque en esto el hombre es semejante a Dios, en que es sabio y justo. Puesto que manifiestan más perfectamente a su autor esas cosas que le aproximan más a su semejanza. Y esto es la mente racional, la que por excelencia y por propiedad fue creada a semejanza suya; y entonces conoce más pronto a su Creador, a quien no ve, cuando entiende que ella misma fue creada a su semejanza. Luego aquí se encuentra el primer vestigio de la Trinidad, cuando ella misma ha comenzado a conocer lo que era en sí misma, y de ahí ha considerado lo que existía por encima de sí misma.
Pues ha visto que de sí misma nace la sabiduría que está en sí misma, y ella misma ama su sabiduría: y procede el amor desde sí misma y de su sabiduría, por lo cual se ama a sí misma engendrada de sí misma, y al permanecer en sí misma, no se separa de sí. Y aparecen los tres en uno: la mente, la sabiduría y el amor. Y de la mente es la sabiduría, y de la mente y de la sabiduría procede el amor; y surge la trinidad, que no pierde la unidad: y a la vez son trinidad y unidad. Tengamos siempre en cuenta, que, como personas, etamos ungidos por la santísima trinidad, tan solo, en una vida terrenal y no en varias, vidas terrenales. Solo existe, una, sola vida terrenal y una sola, eternidad, feliz o desdichada.
-PARTE XL-
Al rechazar a la Santísima Trinidad, cualquier persona, con sus graves pecados; rompe y afecta, lógicamente, la unidad y a tal punto, que, puede hasta perder la única oportunidad de salvarse en el más allá. Efectivamente todo cuanto puede decirse del bien universal, todo está allí, en Dios, Uno y Trino; porque todos los 'sumos bienes' están en el uno y todos son uno. Padre, Hijo y Espíritu Santo. 'El amor y el deseo de este bien tan grande cuando a veces me toca, me afecta vehementemente y a la vez con suavidad, y no sé hasta qué punto y cómo me abstrae de mí mismo', expresa, San Agustín. Por lo mismo, no podemos 'perder' todas las oportunidades, que, Dios nos concede 'en la única, existencia' para podernos salvar. No a través, de consecutivas y absurdas, varias existencias.
"Única es pues allí la obra de todos, contemplar las maravillas de Dios, y alabarlo en sus obras. Todos contemplan, todos se alegran, todos se deleitan en Dios: cuyo aspecto es piadoso, el rostro hermoso, la palabra dulce. Es deleitable para ver, suave para poseer, dulce para disfrutar. Siempre agrada verlo, tenerlo siempre, disfrutar de Él siempre, y deleitarse con Él. Él mismo por sí causa placer y es su origen; basta para el mérito, basta para el premio. No hay nada que buscar fuera de Él, porque se encuentra en Él todo lo que se desea, y en Él todo se ama. Efectivamente el Bien es uno, y todo el Bien está en Él. Sólo los buenos tienen y ven este bien, que aman y alaban con alabanza perpetua".
-PARTE XLI-
Puesto que la vida del alma es Dios, y la muerte del alma es el pecado. Porque el alma que haya pecado ella morirá: en cambio la que hubiere hecho el juicio y la justicia, vivirá y no morirá. El alma es inmortal de tal manera que pueda morir; de tal manera es mortal, que no pueda morir; es mortal con la inmortalidad, y es inmortal con la mortalidad. Por todo lo cual los miserables (condenados) tienen una muerte sin muerte, un fin sin fin, un defecto sin defecto; porque hasta la muerte vivirá siempre, y el fin siempre comenzará, y el defecto nunca sabrá acabar. La muerte perecerá, y no se extinguirá; el dolor atormentará, sin que huya el pavor; la llama quemará, pero no disipará las tinieblas. En efecto, habrá oscuridad en el fuego, pavor en la oscuridad, dolor en la combustión. De ese modo los réprobos entregados a las llamas del infierno, sentirán el dolor en los suplicios, despavoridos por las angustias del dolor; y siempre tendrán que aguantar, y siempre estarán temiendo, porque vivirán atormentados siempre sin fin, vivirán sin esperanza del perdón y de la misericordia, lo cual constituye la miseria sobre toda miseria. Cierto, que después de tantos miles de años, cuantos cabellos han tenido todos los que han existido, y existirán, no tendrán jamás la esperanza de que terminarán sus penas, ni la tolerancia que les dé algún alivio; y, como ya no tienen ni tendrán esperanza alguna, desfallecen de desesperación, sin que baste jamás para terminar los tormentos.
De ellos escribió Isaías: su gusano no morirá, y su fuego no se apagará. Porque ni ellos mismos se consumirán. El gusano corroerá la conciencia, el fuego quemará la carne, y, puesto que ofendieron al Autor con el corazón y con el cuerpo, serán castigados conjuntamente con el corazón y con el cuerpo. El alma, al estar separada de la vida feliz, y el cuerpo sumergido en suplicios eternos, tendrán allí todo el miedo y deploración, el llanto y el dolor. Entonces en verdad el gemir no será sino llorar, porque entonces para nada servirá ya el arrepentirse. Allí está el verdugo que hiere, el gusano que corroe, el fuego que abrasa. Los pecados son descubiertos, los reos son castigados, y todo esto será perenne. Porque todo el que vaya a los tormentos, ya no saldrá más. El dolor de la combustión los atormentará por fuera, la pena de la ceguera los oscurecerá por dentro. Pero, en cambio, verán a aquellos horribilísimos monstruos de los demonios, y sus rostros espectrales.
También verán los tormentos del infierno, y en medio de los tormentos a los seguidores cómplices suyos, a quienes amaron con amor desordenado contra los preceptos de Dios, hasta tal punto que sus muertes los afligirán a ellos, aumentando su condenación. Y nunca verán a Dios, lo cual es la mayor miseria de todas las miserias. En efecto, ¿quién puede decir cuánta sea la pena de no ver al Creador y artífice de todas las cosas, al Hijo Redentor y Salvador, al Rey del cielo y tierra, y al Señor de todo el Universo, por quien somos, vivimos y entendemos. No es un Karma o un Darma, que se repiten, una y otra vez, con cada existencia, que, va experimentando -cada- persona. Es una sola eternidad, donde, cada alma, experimentará 'una y otra vez', todo lo que hizo libremente, de bueno o de malo, en su única vida y que se tiene, en cuenta, en un libro especial, que, millones de personas dicen 'ver', en sus experiencias, después, de su corto fallecimiento, permitido por Dios.
-PARTE XLII-
Expresa, San Agustín. "Por eso es necesario que nosotros consideremos en todos los sentidos y procuremos en todas partes no hacer obras malas, ni dejar de hacer las obras buenas que están mandadas; para que llenos de las obras buenas, no nos ensoberbezcamos. Porque muchos con ocasión de las virtudes, cayeron en el infierno por la soberbia. Intentemos con la mejor intención hacer el bien y evitemos con habilidad el mal: no hagamos esas cosas bajo la apariencia de bien, porque muchas veces los vicios fingen que son virtudes. Por consiguiente todo el que se acuerde de haber cometido cosas ilícitas, ponga interés en apartarse de ellas. Y quien haya cometido cosas prohibidas, que se modere en algunas permitidas. Pero quien todavía llora su pecado, que tema cometer otros vicios: y que se reprenda a sí mismo en las cosas mínimas quien recuerda que ha faltado en las cosas grandes.
En verdad que con cuantas más virtudes actúe el alma, con tanta mayor firmeza crecerá, aunque los sentidos carnales estén molestando, sin embargo, exteriormente con algo tan pueril, que si no son refrenados por el fervor, debilitan la mente en la cuerda floja y débil, donde, si fuere retenida por una larga costumbre, cuando quiera levantarse no podrá, oprimida el ahora por la mole de la mala costumbre. Por consiguiente quien crea estar firme, tenga cuidado, no caiga; y Si cayere, que se levante velozmente con la compunción del corazón, con la confesión de la boca y con la santificación de obra. Que sea más humilde dentro de la propia conciencia, que sea más ferviente y más dispuesto para hacer penitencia, que sea más cauto para su custodia". Un pecado mortal se puede reparar en vida, con todos los medios, que, nos ofrece la Santa Iglesia Católica, más, no, en el más 'allá', en el mismo infierno eterno. Y, absurdo es, que 'se repare', a través de muchas existencias, por medio de karmas y darmas, interminables. Pensar así, es 'como' también desafiar la misericordia y justicia, eternas, de Dios Amor. Es añadir, otra falta, a la lista de pecados, por razonar así.
-PARTE XLIII-
¿Entonces por qué los cristianos, judíos o las personas coherentes, no creen en la reencarnación?
Cultura. Contradictoria, antivitalista, incluso "insultante": diez razones para rechazar la reencarnación. La creencia en que hemos tenido vidas anteriores (animales o seres pnsantes de otros mundos del cosmos, incluso) forma parte de las filosofías orientales y ha sido importada para Occidente por la Nueva Era y su peculiar "espiritualidad".
La creencia en la reencarnación, como la creencia en el karma, forma parte de las religiones orientales y ha llegado a Occidente como producto de consumo propio de la Nueva Era.
¿Tiene algún fundamento creer que hemos vivido otras vidas anteriores en otros cuerpos, siendo nosotros mismos? Peter Kreeft, católico converso del protestantismo, filósofo doctorado en la Universidad de Yale y profesor en el Boston College y en el King's College de Nueva York, incluyó el asunto en uno de sus últimos libros: Ask Peter Kreeft [(Pregúntale a Peter Kreeft)], que recoge cien cuestiones que le han planteado en sus muchos años y muchas conferencias como apologista de la fe.
Kreeft sintetizó los contenidos de sus respuestas del libro sobre la reencarnación en un artículo en Catholic Exchange donde explica por qué los católicos no creen en ella, y cuya argumentación estructuramos y sintetizamos a continuación, para concluir, con todo, lujo de detalles:
"1. Porque es contraria a la Resurrección, y "si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe" (1 Corintios 15, 14). Cristo resucitado convivió con los apóstoles y tenía un cuerpo físico que podía tocarse y que Él alimentaba.
2. Porque la Biblia la contradice expresamente: "El destino de los hombres es morir una sola vez; y después de la muerte, el juicio" (Hebreos 9, 27).
3. Porque la Iglesia siempre rechazó esa idea a pesar de que ya existía y era muy popular en el ambiente de cultura griega en el nació y se difundió el cristianismo. En la filosofía platónica, la vida después de la muerte consiste en liberarse del cuerpo. En el cristianismo, consiste en la resurrección del cuerpo.
4. Porque es un insulto al cuerpo. Sitúa toda nuestra humanidad en el alma o en el espíritu, y considera al cuerpo como un motel de carretera temporal, en el mejor de los casos, o como una prisión o una tumba, en el peor. Sin embargo, las Sagradas Escrituras nos dicen que Dios creó el cuerpo, y que la imagen de Dios es en cierto modo corporal además de espiritual. La primera vez que se menciona la imagen de Dios ("Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó", Gn 1, 27) se habla de hombre y mujer, palabras que tienen un significado físico y biológico, no solo referidas a la mentalidad masculina o femenina.
5. Porque es un insulto a la individualidad. Con la reencarnación, tu vida no es única. En tiempos fuiste alguien distinto. Tu único yo se convierte en algo relativo e intercambiable, como si fuese una máscara o un uniforme.
6. Porque repudia la moralidad. Los neoplatónicos y los gnósticos iban más lejos que Platón y afirmaban que el cuerpo es la causa del pecado y del mal. Una filosofía muy conveniente para los pecadores: “Mi cuerpo me obligó a hacerlo. La culpa es tuya, Dios, por hacerme cargar con él”.
7. Porque rompe la unidad de la persona. Descartes, quien en cuanto católico no compartía literalmente las herejías gnósticas, sí creía que el cuerpo era una sustancia separada del alma. Los cuerpos ocupan espacio pero no piensan; las almas piensan, pero no ocupan espacio. Así que no hay nada común que las una. Esencialmente somos almas, fantasmas acogidos por nuestros cuerpos como en una casa. Las consecuencias de esta "escisión cartesiana" en el olvido de la filosofía realista son incalculables.
8. Porque es contradictoria, como le demostró un cristiano a San Justino Mártir (100-165), que era platónico, llevándole a su conversión. El cristiano le preguntó a San Justino cómo explicaba la existencia de los cuerpos. Justino respondió que era un justo castigo de los dioses por los pecados cometidos en alguna vida corporal anterior. El cristiano le preguntó entonces si recordaba sus vidas, y la respuesta fue que no las recordaba. “Entonces, ¿cómo puedes ser castigado y, mediante el castigo, redimido de tus pecados anteriores, si no los recuerdas?”.
El futuro mártir no pudo contestar. El cristiano le interrogó sobre su esperanza en el más allá, y Justino contestó que esperaba liberarse del cuerpo en el Cielo, una vez que se hubiesen completado todos los castigos tras un número suficiente de reencarnaciones en la tierra. "En ese cielo puramente espiritual, ¿reina la perfección?", insistió su interlocutor. Sí, explicó el platónico, porque en él no hay cuerpos. "Pero si en el cielo no hay cuerpos, y por tanto no hay pecado, ¿por qué nos castigan los dioses?", argumentó el cristiano. Justino no tuvo qué decir, y no mucho después se convirtió, descubriendo que su nueva fe cristiana era también una filosofía más razonable que el platonismo. En efecto, en el esquema platónico de la reencarnación, el principio de los cuerpos (el castigo del pecado) y el final de los cuerpos (liberarse de ellos en el Cielo) se contradicen .
9. Porque es antivital, al quitarle a la vida todo su dramatismo. La reencarnación es como un examen sin consecuencias. Si puedes hacer infinitos exámenes hasta conseguir aprobar, le quitas todo dramatismo a la prueba. Si hay en la vida hay drama es porque solo tienes una oportunidad, y eso es lo que permite disfrutarla.
10. Porque casi siempre va de la mano con el panteísmo. Para explicar por qué, hace falta algo de filosofía. Es la materia la que individualiza cada forma esencial, la que hace múltiples a los miembros de una misma especie. Todos tenemos la misma forma esencial (a saber, la naturaleza humana), del mismo modo que todos los ejemplares de un cierto libro tienen la misma forma esencial. Si somos muchos en cantidad -como son muchos los ejemplares de un mismo libro- es por la materia, no por la forma. La forma es una; la materia es múltiple. Hay muchas copias materiales de una misma forma esencial. Por tanto, si somos uno en el espíritu pero muchos en la materia (premisa primera), y si esencialmente somos solo espíritu (premisa segunda para quienes creen en la reencarnación), la conclusión lógica es que somos esencialmente un único ser, no muchos seres. Todos somos olas del mar divino, todos somos parte de Dios. Y eso es panteísmo"., Cf. Religiones orientales - Nueva Era (New Age), 23 Julio de 2020 y Religión en Libertad, 18 de Septiembre de 2022 (Actualizado).
Así que pensemos, mejor, en como, salvamos, nuestras almas. Almas que volveran a reintegrarse en el Juicio Universal, a los cuerpos resucitados. Almas y Cuerpos, estarán ya transfigurados. Cuerpos y almas, ya juntos, por una eternidad infeliz, en el Infierno por siempre o cuerpos y almas, ya juntos, por una eternidad bienaventurada, en el Cielo. Cada persona decide. Tu decides. Todos decidimos.